Los fritos de calabacín pueden ser la salvación del picoteo de verano, pero solo si dejan de ser una simple rodaja rebozada.
A menudo el calabacín acaba en cremas y ensaladas, y olvidamos que fríe mejor que casi cualquier hortaliza. Su carne firme y acuosa aguanta un rebozado fino sin empaparse, y queda jugosa por dentro cuando el exterior se vuelve crujiente. Eso es justo lo que buscamos en este aperitivo.
La idea es tan simple que casi suena a trampa: dos rodajas de calabacín fritas abrazan una loncha de longaniza de Huesca y otra de queso Idiazábal. El conjunto pasa por huevo y harina, se fríe otra vez y se come caliente. En el bocado aparecen tres texturas que no compiten: crujiente, curado y fundente.
El secreto del éxito
- Doble fritura: el calabacín se fríe primero solo, y luego ya rebozado con el relleno. Así no suelta agua dentro del huevo y la harina.
- Relleno pequeño: la longaniza y el queso deben cortarse en rodajas más pequeñas que las del calabacín. Si asoman, se queman o se salen al freír.
- Comer caliente: el queso solo se estira y la longaniza solo despierta si no esperas. Pasados unos minutos, el bocado pierde la gracia.
Ingredientes
- 2 calabacines medianos, pelados
- 100 g de longaniza de Huesca (vale cualquier longaniza curada, fuet o salchichón)
- 80 g de queso Idiazábal ahumado (o cualquier queso de oveja que funda bien)
- 2 huevos
- Harina de trigo para rebozar
- Aceite de oliva suave para freír
- Sal y pimienta al gusto
Paso a paso
Pela los calabacines y córtalos en rodajas de unos 7 milímetros. No las hagas más finas, porque se romperían al montar los bocados; ni más gruesas, porque quedarían crudas por dentro. Fríelas por tandas en aceite bien caliente hasta que estén doradas. Escúrrelas sobre papel absorbente y salpimienta ligeramente.
Mientras se escurren, prepara dos boles: uno con huevo batido y otro con harina. Corta la longaniza y el queso en rodajas finas, siempre más pequeñas que las del calabacín. El orden importa menos que el tamaño, pero yo dejo el queso un poco más grueso que la longaniza para que al fundir no desaparezca.
Monta cada bocado con una rodaja de calabacín, una de longaniza, una de queso y otra de calabacín encima. Pasa cada montadito primero por harina, luego por huevo y otra vez por harina. Este doble empanado ligero protege el relleno y da una costra fina que aguanta el bocado sin robar protagonismo.
La doble fritura no es una manía: es lo que convierte un montadito de calabacín en un frito con costra y corazón fundente.
Calienta de nuevo el aceite y fríe los bocados por ambos lados hasta que estén dorados. No llenes la sartén: con tres o cuatro por tanda, el aceite mantiene mejor la temperatura. Sácalos, escúrrelos un instante y sírvelos calientes. El primer bocado cruje; el segundo, ya no se devuelve.
Si te sobra alguno, no los guardes más de un día en la nevera. Para recalentarlos, sartén seca a fuego medio o freidora de aire a 190 grados durante cuatro minutos. El microondas los ablanda y nadie quiere un frito triste.
Variaciones y maridaje
Para beber, un txakoli joven aguanta la grasa sin tapar el queso. Si prefieres cerveza, una lager muy fría funciona mejor que una IPA, que amargaría contra la longaniza. En versión sin gluten, cambia la harina de trigo por harina de garbanzo o maicena; la costra sale algo más rústica, pero cumple.
Con freidora de aire, los bocados aguantan bien si los pulverizas con aceite y los cocinas a 200 grados durante ocho minutos, dándoles la vuelta a mitad. Quedan menos dorados que en sartén, pero mucho más ligeros. Para una versión vegetariana, sustituye la longaniza por unas láminas de pimiento del piquillo bien escurridas y añade una anchoa si no te importa el pescado.
