Reshoring en Estados Unidos: el Pentágono admite su dependencia de China en cadenas críticas

El 'reshoring' estadounidense ya no se limita al debate electoral: el Pentágono lo convierte en doctrina de seguridad nacional. La prioridad son los chips, los minerales críticos y las baterías, con impacto directo en las cadenas europeas y españolas.

Washington ha verbalizado esta semana el cambio que define la política industrial de Donald Trump: el reshoring en Estados Unidos, el regreso al país de las cadenas de suministro críticas que durante décadas se desplazaron al extranjero. La admisión no llega de un analista, sino del Pentágono, que reconoce su dependencia de un adversario para baterías, imanes, minerales críticos y medicamentos.

El subsecretario de Guerra, Emil Michael, jefe de tecnología del Departamento de Guerra, lo planteó de forma directa durante un evento de Breitbart News en Washington: ‘¿Cómo hemos llegado a un punto en el que este país, el mayor motor económico de la historia mundial, dependa para sus necesidades críticas de un adversario y no de un aliado?’.

Su explicación tiene menos de coyuntura que de doctrina. El modelo se levantó sobre la hipótesis de que la era de los conflictos entre grandes potencias había terminado. ‘Externalizamos estas capacidades. Devastamos a muchas comunidades de este país’, dijo. La deslocalización no fue un simple acuerdo comercial: fue una decisión estratégica que trasladó vulnerabilidad al territorio.

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La confesión del Pentágono que explica el giro

El departamento ya no discute el diagnóstico. Trabaja en relocalizar los eslabones críticos de la cadena de suministro para ‘ser autosuficientes’, según Michael. Las prioridades son tres: chips, minerales y baterías. Las fábricas de semiconductores crecen en Arizona y Ohio, las plantas de misiles necesitan maquinistas y trabajadores metalúrgicos, y los centros de datos exigen electricidad, turbinas de gas y estructuras propias. El impulso a los minerales críticos no es menor: requiere minas, capacidad de refino, transporte y talleres que conviertan la materia prima en piezas.

El cuello de botella, sin embargo, está en la mano de obra. Michael reconoce que faltan cientos de miles de electricistas y trabajadores metalúrgicos. Son empleos que pagan más de 100.000 dólares anuales y, en algunos tramos, más de 200.000 dólares. Algo que, según él, contradice la lectura dominante sobre la inteligencia artificial.

‘Si acaso, la inteligencia artificial aumentará la necesidad de empleos de cuello azul’, afirmó. Es un giro que no se veía en los últimos 25 años. También apuntó contra la oposición a los centros de datos: ‘Me resulta interesante que exista este movimiento contrario, cuando van a generar oportunidades laborales increíbles para trabajadores industriales’. El discurso de Washington ya no habla de sustituir al trabajador: habla de reindustrializar a partir de él.

La relocalización industrial estadounidense no es un simple giro político: es una apuesta de seguridad nacional que reordena las cadenas globales.

Del anuncio a los contratos: minerales, fármacos y vehículos

La administración sostiene que desde enero de 2025 ha firmado o aprobado 160 acuerdos de minerales por un valor cercano a los 40.000 millones de dólares. El último llegó el 7 de agosto, cuando Donald Trump anunció más de 2.000 millones de dólares en en una mesa redonda minera en la Casa Blanca. La parte del Departamento de Guerra incluyó 1.400 millones para Sila Nanotechnologies y 150 millones para Niron Magnetics.

Michael visitó la planta de Oshkosh Defense en Wisconsin, la misma que recorrió el secretario de Defensa Pete Hegseth dentro de la gira ‘Arsenal de la Libertad’. Oshkosh ha fabricado más de 25.000 vehículos tácticos conjuntos desde 2015. El dato importa porque une el discurso con la cadena de suministro militar real. No es un programa piloto: es producción en serie.

La Lógica de Washington

La lógica de la Casa Blanca y del Pentágono tiene raíces viejas. Responde a la misma doctrina que llevó a invocar la Ley de Producción de Defensa durante la Guerra Fría y, más tarde, a proteger la capacidad siderúrgica por criterios de seguridad nacional. La novedad es el adversario: ya no es solo una potencia lejana, es la dependencia de China en baterías, fármacos y minerales. Washington no busca repatriarlo todo: busca recuperar los eslabones sin los cuales su economía y su defensa quedan expuestas.

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Para España y la UE, el efecto tiene dos caras. Las empresas españolas de ingeniería, construcción y energía como ACS, Acciona o Iberdrola pueden encontrar contratos en la expansión de plantas, redes eléctricas y centros de datos en suelo americano. La otra cara es la competencia por minerales críticos y la posible fragmentación de las cadenas farmacéuticas e industriales.

En España, el sector farmacéutico y los fabricantes de componentes de automoción son los más expuestos a la reorganización. No porque Washington les imponga aranceles, sino porque la relocalización americana altera la disponibilidad de materias primas y componentes intermedios. La relocalización americana no se queda en las fronteras de Estados Unidos: reordena los precios y las prioridades de las cadenas globales.

La ventana clave será el ritmo de ejecución de los 160 acuerdos de minerales y de las nuevas plantas de chips. Si la administración convierte los acuerdos en empleo y producción reales antes de las próximas elecciones legislativas, la política industrial quedará blindada. Si no, los republicanos tendrán un discurso sin fábricas. Esa es, en 2026, la auténtica prueba del ‘reshoring’ en Estados Unidos.

Ficha del Caso

  • El caso: El subsecretario de Guerra Emil Michael describe la relocalización de cadenas críticas como respuesta a la dependencia de un adversario. El Pentágono asume el liderazgo industrial.
  • Datos clave: 160 acuerdos de minerales por 40.000 millones de dólares desde enero de 2025; 1.400 millones para Sila Nanotechnologies; 150 millones para Niron Magnetics; déficit de cientos de miles de electricistas.
  • Para España: Oportunidades para ingenierías y energéticas españolas, pero mayor competencia por minerales críticos y posible fragmentación de las cadenas farmacéutica e industrial europeas.