Shock energético Ucrania-Rusia: Bessent avisa por los ataques a refinerías rusas

El secretario del Tesoro de EE.UU. vincula la caída de la producción rusa de refinados con una presión alcista global. Las refinerías rusas operan en mínimos de dos décadas y el estrecho de Ormuz sigue tensionado.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, ha vinculado los ataques ucranianos a refinerías rusas con un ‘shock energético’ global que sube los precios.
  • ¿Quién está detrás? Ucrania ha intensificado los ataques con drones de largo alcance contra infraestructura energética rusa; la guerra de Irán añade presión sobre el estrecho de Ormuz.
  • ¿Qué impacto tiene? La producción rusa de refinados cae a mínimos de más de 20 años y las exportaciones de derivados se reducen casi a la mitad, con efectos directos en el diésel y la gasolina en Europa y España.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha encendido una alerta que va más allá del campo de batalla. En una entrevista con Fox recogida por RT, Bessent aseguró que los ataques ucranianos contra infraestructura energética rusa están alimentando un shock energético global y presionando los precios al alza. El aviso llega en un momento en el que la economía europea y la española siguen expuestas a la volatilidad del crudo.

Ucrania ha intensificado este año los ataques con drones de largo alcance contra el sector energético ruso. El objetivo declarado por Kiev es reducir la capacidad financiera de Moscú para sostener su maquinaria militar. Según Bessent, Ucrania ha decidido volar activos energéticos rusos y productos refinados, lo que crea una presión alcista de precios a escala global.

El derrumbe de las refinerías rusas: datos de Kpler

Los datos de Kpler, firma de análisis energético, cuantifican el daño. La producción de las refinerías rusas cayó en julio hasta los 3,8 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en más de dos décadas. Las exportaciones de productos refinados se desplomaron hasta 1,2 millones de barriles diarios, frente a los 2,3 millones del año anterior.

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La mayoría de los ataques tiene como objetivo infraestructuras críticas, no necesariamente objetivos militares convencionales. Moscú acusa a Kiev de golpear infraestructura civil ante los reveses en el campo de batalla. En respuesta, Rusia ha lanzado bombardeos masivos con drones y misiles contra infraestructura vinculada al ejército ucraniano y contra instalaciones portuarias, estrangulando la principal ruta exportadora del Mar Negro.

La guerra de Irán, el factor que duplica la presión sobre el crudo

ataques a refinerías rusas

A la crisis de oferta rusa se suma la guerra de Irán. Antes de los ataques de febrero contra Irán, alrededor de una quinta parte del suministro mundial de energía cruzaba el estrecho de Ormuz. Las restricciones de Teherán al transporte comercial, combinadas con el bloqueo naval estadounidense, han perturbado los flujos y elevado los precios. Bessent amenazó el domingo con desatar una ‘violencia financiera’ contra Irán, incluyendo nuevas sanciones secundarias semanales contra Teherán y quienes negocien con él.

Para España y la UE, el escenario es delicado. La caída de los refinados rusos reduce la oferta global de diésel y gasolina justo cuando la demanda estacional repunta. Aunque España no importa crudo ruso desde la invasión de 2022, el precio marginal del mercado europeo y la cotización del gas natural licuado se ven arrastrados por la tensión en Ormuz y por la menor disponibilidad de producto ruso. La factura energética y la inflación subyacente vuelven a estar en el foco.

Cada barril que no se refina en Rusia presiona los precios en Europa y en la factura energética española.

Equilibrio de Poder

En Washington, la administración Trump utiliza el mensaje de Bessent para justificar tanto la presión sobre Moscú como sobre Teherán. La Casa Blanca quiere presentar la crisis energética como el coste de la inestabilidad provocada por Rusia e Irán, no como una consecuencia de su propia política de sanciones o del bloqueo naval. Es una lectura interesada, pero los datos de Kpler le dan munición.

En Bruselas, la Comisión Europea sigue sin articular una respuesta conjunta para el shock de refino. La dependencia de los diésel importados —muchos de ellos de origen ruso a través de terceros países— convierte cada caída de producción rusa en un repunte de precios en los surtidores de España, Francia o Alemania. Moncloa, mientras tanto, se enfrenta al dilema de volver a aplicar descuentos al combustible o dejar que la inflación de la energía se traslade al IPC.

A cinco y diez años vista, la apuesta de Kiev por destruir la infraestructura energética rusa tendrá consecuencias estructurales. Si Rusia pierde capacidad de refino de forma permanente, la oferta global de diésel y gasolina se ajustará al alza, incluso cuando se desbloquee Ormuz y se alcance un alto el fuego en Ucrania. Esa es la dimensión estratégica que los mercados están empezando a descontar.

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El precedente histórico más cercano es el shock petrolero de 1973, cuando un embargo de suministro reordenó las alianzas y disparó la inflación en Occidente. Ahora el disparador no es un embargo, sino la combinación de guerra en el Mar Negro y bloqueo en el Golfo. La próxima reunión de la OPEP+ y la evolución de las exportaciones rusas de refinados marcarán el rumbo. Seguimos de cerca los datos de Kpler y las decisiones de Bruselas.