El riesgo de infarto: la alerta del azúcar de abedul que comes en chicles, yogures y salsas

El estudio presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología asocia los niveles altos de xilitol con un 57 % más de infartos o ictus en seis años. El edulcorante E-967 se vende como azúcar de abedul, pero su perfil cardiovascular sigue bajo la lupa.

El chicle sin azúcar se ha colado en tu bolsillo con la promesa de no estropearte los dientes. Nadie mira la etiqueta. Hasta que aparecen las siglas E-967 y la palabra que da miedo: xilitol.

El xilitol se vende como azúcar de abedul en herbolarios, y eso le da un aura de inocuidad. El sonido natural es casi perfecto. La realidad es más matizada: la industria lo produce a gran escala mediante la hidrólisis ácida de fibras vegetales, y lo encontramos en chicles, yogures, mermeladas, salsas, postres lácteos y dulces para diabéticos.

Tras pasar los controles de la EFSA, la Comisión Europea permitió su uso bajo el código E-967. No es un cheque en blanco: la propia agencia advierte de posibles efectos laxantes, gases e hinchazón porque, como polialcohol, no se absorbe por completo en el intestino delgado. El malestar digestivo era la pega conocida. La cardiovascular llega ahora.

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Aquí está el matiz: el xilitol no es un edulcorante artificial al cien por cien, pero la producción industrial lo convierte en un ingrediente profundamente procesado. Y en la etiqueta no se distingue el imaginario del herbolario de la fórmula del laboratorio.

El congreso anual de la Sociedad Europea de Cardiología, celebrado a finales de agosto en Múnich, acaba de acoger el mayor estudio hasta la fecha sobre xilitol y salud cardiovascular. Los investigadores analizaron datos de 17.710 personas procedentes de dos cohortes observacionales: el Estudio Longitudinal Canadiense sobre el Envejecimiento y la investigación europea EPIC-Norfolk.

Compararon al 25 % de participantes con más xilitol en sangre frente al 25 % con niveles más bajos. El resultado no es una anécdota. Quienes tenían más concentración registraron un 57 % más de probabilidades de sufrir infarto de miocardio, ictus o muerte en un plazo de seis años. Al ampliar la ventana a treinta años, el exceso de riesgo se quedaba en un 18 %.

Lo inquietante no es solo el 57 % a seis años, sino que el riesgo suba con la dosis, sea cual sea tu edad o tu peso.

Hubo otro dato incómodo: la relación era dependiente de la dosis. Cuanto más xilitol circulaba por la sangre, mayor era la tasa de infartos. Y el patrón se mantuvo incluso en en quienes ya tenían obesidad, diabetes u otras condiciones que predisponen a consumir productos bajos en calorías. El riesgo subía en todos los casos.

El secreto del éxito

  • Dosis-dependencia: el estudio no se limita a comparar consumidores y no consumidores; muestra que más xilitol en sangre equivale a más infartos.
  • Riesgo transversal: el aumento cardiovascular apareció incluso en personas con obesidad o diabetes, no solo en colectivos sanos.
  • Sigue siendo observacional: correlación no implica causalidad, pero los propios investigadores piden más estudios ante el uso creciente del edulcorante.

Variaciones y maridaje

No hay que tirar todos los chicles al cubo. Sí conviene leer la etiqueta y saber que E-967 puede aparecer en productos que no imaginas: salsas industriales, yogures desnatados, mermeladas ‘sin azúcar’ y dulces para diabéticos.

En casa, una vía sencilla es reducir los ultraprocesados endulzados con polialcoholes y usar cantidades pequeñas de azúcar común o fruta madura cuando el origen del dulzor importe de verdad. No se trata de demonizar un edulcorante, sino de no acumularlo en cada comida por inercia.

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Y no olvides mirar los ingredientes, no el marketing: ‘sin azúcar’ no dice nada sobre el edulcorante empleado. Si compras un yogur desnatado o una salsa y aparece E-967 entre los primeros puestos, ya sabes que el xilitol forma parte del lote.

La cita de Marco Witkowski, del Hospital Universitario Charité de Berlín, resume bien el fondo: ‘las personas consumen edulcorantes artificiales porque creen que son más saludables que el azúcar, y los organismos reguladores generalmente los consideran seguros’. Luego añade que sus hallazgos muestran lo poco que sabemos sobre la seguridad cardiovascular del xilitol.

A efectos prácticos, conviene alternar: chicle con xilitol después de comer no va a arruinarte el corazón. El problema llega cuando aparece en el yogur, la salsa y el postre a diario. Moderación, etiqueta y variedad.

El chicle no avisa. La etiqueta sí.