3Legumbres en olla rápida sin remojo: garbanzos para cualquier noche
El garbanzo seco es de esos alimentos que no se atreven a cocinar quienes no planifican: la idea del remojo de doce horas echa para atrás a cualquiera que llega del trabajo agotado. La olla rápida elimina ese primer obstáculo. Sin remojo, un kilo de garbanzos queda tierno en 35-40 minutos desde que sube la válvula, apenas veinte minutos más que si se hubieran hidratado la noche anterior, y con la diferencia de que la intervención real se reduce a cinco minutos: se echan lavados con agua, laurel y una cebolla entera, se cierra la olla y se olvida. El coste, además, invita a dejar de depender de los botes: un kilo de garbanzos pedrosillano ronda los dos euros en las cadenas habituales (1,94 € el de Hacendado, 1,90 € el de DIA) y, con la ración estándar de 75-100 gramos en seco, salen unas diez raciones que aportan unos 19 gramos de proteína por cada 100 gramos ya cocinados.
Para las cenas de septiembre, cuando se decide sobre la marcha y sin margen, este método convierte la legumbre en un comodín. Tres trucos separan el éxito del desastre: no salar al principio porque la sal endurece la piel, dejar que la presión baje sola para que el grano no se reviente y, si se va justo de tiempo, añadir una cucharadita de bicarbonato al agua, que ablanda la piel y recorta unos cinco minutos de cocción. Con una sola tanda se pueden cocer el doble de raciones, congelar la mitad por porciones y reservar parte del caldo: esa base resuelve un plato de cuchara, una crema triturada con verduras, una ensalada templada o un hummus de última hora sin volver a encender la olla entre semana. Y aunque el remojo también atenúa los gases, cambiar el agua de cocción a mitad del proceso y retomar las legumbres de forma gradual logra un efecto parecido.

