La manifestación de la Diada 2026 en Barcelona reunió a 45.000 personas, según la Guardia Urbana. La Assemblea Nacional Catalana convocará antes de un mes una cumbre de entidades civiles independentistas.
Las cifras del 11S: 45.000 oficiales frente a los 100.000 que reivindica la ANC
La diferencia no es menor. La Guardia Urbana cifró la asistencia en 45.000 personas, mientras que la ANC elevó la cifra a 100.000 asistentes al final de la marcha. La entidad presidida por Josep Vila reivindicó el acto como un punto de inflexión, pese a que el dato oficial confirma una asistencia inferior a la de las grandes movilizaciones del procés.
Vila situó la movilización en un contexto de ‘malestar creciente’ y enumeró deficiencias en infraestructuras, Rodalies, listas de espera sanitarias, precariedad laboral en la salud, vivienda y sistema educativo. Su diagnóstico sobre la lengua fue contundente: ‘El catalán retrocede a marchas forzadas’.
Con ese escenario, el presidente de la ANC calificó de ‘fracaso absoluto del marco autonómico hijo del régimen del 78’ y acusó al Estado de mantener a Catalunya en la ‘colonización y el expolio español’. Proclamó la independencia como ‘la única salida posible’ y lanzó el grito de ‘¡O independencia o decadencia!’.
La cumbre anunciada busca un ‘compromiso de país’ que permita iniciar un nuevo embate. La propuesta, explicó Vila, pasa por una acción colectiva y continuada desde la sociedad civil, sin tutela de los partidos.
El horizonte es otoño de 2027, cuando se cumplirán diez años del referéndum del 1-O. Vila fue explícito: ‘Que nadie lo tergiverse: el objetivo no es ninguna floritura escénica para dentro de un año’. El cierre del discurso fue igual de claro: ‘¡Demos el luto por despedido! ¡Es la hora de estar!’.
La ANC quiere quemar la etapa del luto y devolver al independentismo civil el control de un ciclo que ya no confía en los partidos.
Por qué la cumbre quiere desbordar a los partidos
El anuncio llega después de años de luchas internas y desmovilización en el espacio independentista. Vila reclamó dejar atrás ‘la etapa de las luchas internas, de los reproches y la desmovilización’ y convertir los errores del procés en ‘aprendizajes’.
La ANC apuesta por la transversalidad. Es necesario que desde el independentismo civil, el de la gente y las entidades cívicas, protagonicemos un punto de inflexión’, defendió. La cumbre servirá para ‘tejer las complicidades necesarias’.
La organización quiere activar núcleos territoriales que actúen como altavoces del proyecto. No se trata de preparar una movilización aislada, sino de reconstruir estructura, empoderar a la sociedad civil y responder a decisiones políticas o judiciales consideradas ‘desnacionalizadoras’.
La lectura política: una carrera contra la desmovilización y el calendario
El dato de la Guardia Urbana, no desmonta el mensaje, pero matiza la euforia. La cifra de 45.000 asistentes sitúa la convocatoria por debajo de los grandes momentos del procés y confirma que el independentismo conserva músculo, pero ya no marca la agenda autonómica con la misma fuerza.
El movimiento coloca al Govern de Salvador Illa ante una paradoja. La ANC carga contra el ‘régimen del 78’ y al mismo tiempo describe un deterioro de servicios que el actual ejecutivo autonómico prometió revertir. En la lectura de la entidad, el malestar social alimenta directamente el relato independentista.
El discurso de Vila incorporó también la presión fiscal que, según la ANC, no se traduce en un estado del bienestar a la altura. Lo planteó como una ecuación directa: mayor carga sin servicios a cambio y falta de autogobierno como causa estructural.
Observamos en esta redacción que la apuesta por la sociedad civil es también una forma de esquivar la competencia entre ERC y Junts. La ANC no pide permiso a los partidos, y convierte la cumbre en un intento de fijar el ritmo del independentismo fuera del Parlament.
El calendario es elocuente: un año, del 11S de 2026 al 11S de 2027, para articular el proyecto. La gran movilización del décimo aniversario del 1-O queda señalada como primer gran paso, no como meta final. Queda por ver si la cumbre logra la transversalidad que promete o si afloran las mismas tensiones que desgastaron el procés.

