Donald Trump ha abierto este viernes la puerta a que China fabrique coches en Estados Unidos si emplean a trabajadores estadounidenses. La declaración, hecha en una entrevista con Fox News, llega una semana antes de la visita del presidente chino Xi Jinping a Washington con una delegación de directivos.
En la entrevista, Trump ha detallado su posición: ‘Si China quisiera venir y abrir una planta para construir sus coches aquí, me parecería bien’. Y ha añadido: ‘Japón lo hace, pero contratan a nuestra gente. Lo importante es que contraten a nuestra gente. Que usen a nuestra gente’.
El argumento de Trump se apoya en un dato de fondo: en las últimas cuatro décadas, los fabricantes japoneses han invertido más de 70.000 millones de dólares en plantas de producción en Estados Unidos. Según la Asociación de Fabricantes de Automóviles de Japón, hoy operan 26 plantas de fabricación, 41 centros de I+D y 65 instalaciones de distribución repartidas por 27 estados.
Trump ha rechazado de plano que los fabricantes chinos produzcan en México para vender después en el mercado estadounidense. Quiere las fábricas dentro de Estados Unidos. Preguntado por BYD, el gigante chino del coche eléctrico, ha sido tajante: ‘Soy yo quien les ha impedido entrar. No permitimos que los coches chinos entren en Estados Unidos, y nunca lo he permitido’.
El presidente ha recordado que Estados Unidos mantiene un arancel del 150% sobre los coches chinos y ha atribuido a la administración de Joe Biden el mantenimiento de sus políticas restrictivas. ‘Probablemente lo único bueno que hizo Biden fue mantener mis políticas sobre los coches chinos, o habríamos quedado desbordados’, ha dicho. ‘Nuestras empresas de automóviles habrían quebrado todas’.
Washington no pide permiso.
El proteccionismo de Trump no es una puerta cerrada: es una invitación a fabricar dentro de Estados Unidos.
El precedente japonés y la batalla por el coche conectado
El sector estadounidense de la automoción, según la Casa Blanca, está presionando al Congreso para que prohíba de forma permanente la venta, la importación y la fabricación de vehículos chinos conectados. La Alianza para la Innovación Automotriz advierte de que los fabricantes chinos usan subsidios públicos para expandirse y que esos vehículos podrían recopilar y transmitir datos sensibles de los consumidores.
Ese temor no es nuevo. Los coches conectados combinan sensores, cámaras y software capaces de enviar información en tiempo real. La administración Trump ya restringió por seguridad nacional la entrada de componentes tecnológicos chinos, y la actual mantiene esa línea con una lectura de seguridad nacional.
Qué cambia para España y para la automoción europea

Para la automoción española, la apertura condicionada de Trump introduce una variable inesperada. España exporta a Estados Unidos más de 3.000 millones de euros anuales en vehículos y componentes, con proveedores como Gestamp o CIE Automotive que ya cuentan con plantas en territorio estadounidense. Si los fabricantes chinos desembarcan en suelo americano, necesitarán proveedores locales; los grupos españoles con capacidad industrial podrían optar a esos contratos, siempre que compitan con la cadena de suministro china.
En Bruselas, la reacción sigue pendiente de la cumbre de la próxima semana. La Unión Europea mantiene su arancel medio sobre los coches chinos muy por debajo del estadounidense, y una eventual planta de BYD en Estados Unidos podría alterar los flujos de inversión chinos que hoy miran a Europa.
La Lógica de Washington
La lectura estratégica es otra: Trump no está renunciando a la guerra comercial con China; está redefiniendo sus términos. Al permitir plantas chinas en suelo estadounidense, la Casa Blanca persigue tres objetivos: empleo local, transferencia tecnológica y control sobre la cadena de valor. No es un giro, es la misma lógica que llevó a Ronald Reagan a aceptar las cuotas de importación de coches japoneses en los años ochenta a cambio de que Toyota, Honda y Nissan construyeran fábricas en el medio oeste.
Para España, el impacto no vendrá tanto de los aranceles como de la reorganización industrial. Los fabricantes chinos que entren en Estados Unidos con socios locales podrían convertirse en competidores directos de los modelos europeos que hoy se venden en el mercado americano. La visita de Xi Jinping la próxima semana marcará si esta apertura se convierte en un marco negociador estable o en un nuevo episodio de tensión.
La incógnita es real: Washington no ha concretado requisitos de inversión mínima, ni umbrales de contenido local, ni plazos. Todo queda abierto a la mesa de negociación.
Ficha del Caso
- El caso: Trump acepta plantas chinas de automóviles en EE. UU. si emplean trabajadores locales, una semana antes de la cumbre con Xi Jinping.
- Datos clave: Arancel del 150% a coches chinos; inversión japonesa en EE. UU. de 70.000 millones de dólares; 26 plantas japonesas activas; visita de Xi a Washington con directivos.
- Para España: Oportunidad para proveedores españoles con plantas en EE. UU., competencia para los exportadores europeos y redefinición de la batalla industrial con China.

