1La nueva prueba digital de la ITV: qué se conecta al coche y qué se comprueba
El elemento que centra la nueva prueba digital de la ITV es el puerto OBD, el conector de diagnóstico a bordo que llevan los coches modernos y que suele situarse en la parte inferior del salpicadero. Hasta ahí llega el inspector con un lector que se enchufa directamente al vehículo y se comunica con la centralita electrónica. No hay desmontaje ni intervención mecánica: el equipo lee la información que el propio coche tiene registrada. La prueba no es nueva del todo, ya que se incorporó al procedimiento de inspección en 2018 al amparo del Real Decreto 920/2017, se suspendió en 2020 por la pandemia y volvió a activarse después. Afecta a los turismos y furgonetas homologados Euro 5 y Euro 6 —matriculados desde enero de 2011— y a los vehículos pesados Euro VI, que arrancan en 2014.
¿Qué mira exactamente esa conexión? El objetivo original era el sistema de control de emisiones, pero la lectura se ha ido ampliando. El equipo comprueba si la centralita tiene registrados códigos de error, si el testigo MIL —la luz amarilla de avería de motor— está activo aunque no se vea iluminado en el salpicadero, y si el sistema anticontaminación ha sufrido manipulaciones o desconexiones, como las que afectan a la EGR o al filtro de partículas. También puede revisar el kilometraje o fallos en ABS, control de estabilidad, airbags, pretensores y alumbrado. La gran novedad es el salto a los sistemas ADAS: cámaras y radares sin recalibrar tras un cambio de parabrisas, sensores desconectados o avisos permanentes en el cuadro pueden traducirse en un suspenso. La propuesta europea va más allá y prevé una inspección conectada con acceso remoto a datos de sensores, alertas, emisiones y asistentes, con verificación funcional de sistemas como el frenado o el mantenimiento de carril.
