Collboni y Mamdani sellan una alianza por los comercios asequibles en Barcelona

Barcelona y Nueva York activarán sendos planes piloto de comercio asequible durante 2027, el catalán en el barrio de La Marina. Collboni presenta la medida como un dique contra el encarecimiento de la cesta de la compra.

Collboni y Mamdani han acordado este sábado explorar una red de comercios asequibles en Barcelona. La reunión, celebrada en Nueva York en el marco de la cumbre U20 de alcaldes, ha servido para cruzar dos agendas municipales que comparten la misma urgencia: la vivienda y el coste de la vida.

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y su homólogo neoyorquino, Zohran Mamdani, compartieron experiencias sobre política de vivienda y expusieron sus planes para abaratar la compra diaria. El Ajuntament resumió el encuentro en una nota de prensa oficial.

Un piloto en La Marina y otro en Nueva York

La iniciativa que Barcelona lleva a la cumbre es una red de comercio asequible con un primer ensayo en el barrio de La Marina. La fórmula: reservar los bajos comerciales de las promociones públicas y protegidas a operadores que garanticen bienes básicos para todo el mundo.

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La letra del plan piloto es deliberadamente concreta. Precios contenidos en productos de primera necesidad, licitación con criterios sociales y una entidad del tercer sector encargada de la formación de quienes atienden el mostrador. El objetivo declarado es que el comercio de barrio funcione como servicio básico y no solo como negocio.

Conviene precisar el alcance. La red no fija precios por decreto: selecciona operadores y les exige un catálogo de productos básicos a precios contenidos en bajos de titularidad pública. Es intervención indirecta, no control de precios, y por eso el consistorio insiste en la etiqueta de plan piloto.

No es casual la elección del barrio. La nueva Marina, en el distrito de Sants-Montjuïc, afronta la construcción de 12.000 viviendas nuevas, la mitad protegidas y en edificios públicos. El ayuntamiento quiere decidir qué tipo de comercio ocupa las plantas bajas antes de que lo decida el mercado por su cuenta.

El calendario también juega. Barcelona prevé abrir el piloto en el segundo semestre de 2027, si los trámites lo permiten. En Nueva York, el programa equivalente arrancará en el primer trimestre del mismo año, según el propio Collboni, que anticipó una ‘evolución muy paralela’ entre las dos ciudades.

Ordenar la vivienda y ordenar el comercio son la misma política vista desde dos puertas: quién vive en la ciudad y a qué precio lo hace.

La vivienda, el hilo que une Barcelona y Nueva York

Sin embargo, el grueso del encuentro lo ocupó la vivienda. Collboni explicó que la supresión de los pisos de uso turístico que Barcelona aplicará en 2028 devolverá al mercado residencial alrededor de 10.000 viviendas, disponibles para compra o alquiler.

‘La prioridad de un alcalde debe ser que en la ciudad los pisos sean para vivir’, defendió, antes de admitir que retirar los apartamentos turísticos ‘cambiará el panorama comercial de algunos barrios’. Menos visitantes y más vecinos fijos: el comercio de proximidad gana, sostiene el consistorio, una clientela estable.

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Barcelona no llega sola a ese debate. La ciudad coordina Mayors for Housing, la alianza europea de regidores que empujó el derecho a la vivienda en la agenda comunitaria, y en noviembre acogerá el primer congreso de vivienda social en el marco del Smart City Congress.

Lo que se juega Collboni con las municipales de 2027 de fondo

Hay un detalle que ordena toda la operación. El piloto comercial no verá la luz hasta el segundo semestre de 2027, es decir, después de las elecciones municipales de mayo de 2027. Collboni convierte así una medida de gobierno en argumento de campaña, con margen para prometerla sin exponerse a su resultado antes de las urnas.

El regidor socialista llegó a la alcaldía en 2023 con los votos de ERC y del PP, una aritmética que le obliga a negociar cada presupuesto. La red de comercios asequibles encaja en su perfil de gestor y le permite marcar distancia frente a Junts y a los Comuns en un terreno, el coste de la vida, que ninguna formación puede ignorar.

Existe un precedente cercano: la supresión de los pisos turísticos. Anunciada con gran despliegue, con horizonte 2028, sigue generando dudas sobre cómo se compensará a los propietarios, y cuánto tardará el mercado en notar el efecto. Con el comercio asequible ocurre algo parecido: la teoría es impecable, la letra pequeña está por escribir.

Y hay un límite estructural. En La Marina, el ayuntamiento reparte cartas porque los bajos son públicos o protegidos. En el resto de Barcelona, donde el comercio es privado, la palanca es mucho más corta: planes urbanísticos, licencias y poco más. Escalar el modelo exigirá instrumentos que hoy no existen.

Queda, eso sí, el rédito diplomático. La cumbre U20 y el congreso de noviembre permiten a Collboni presentarse como referencia global en vivienda y consumo asequible, un relato útil en clave interna. La próxima parada es el Smart City Congress, donde Barcelona quiere reunir a las ciudades que ya trabajan en la misma dirección. La pelota, de momento, está en el tejado de La Marina.