Vox y el PP han fijado Cataluña como territorio prioritario para romper la maldición de 2023: ocho diputados frente a 40.
La comunidad reparte 48 escaños y en las últimas elecciones generales dejó apenas 8 actas en manos de la derecha, frente a las 40 que engordaron la mayoría que sostiene al Gobierno. Por eso Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo han convertido Cataluña en el eje del arranque del curso político. En la dirección de Vox hay una advertencia compartida sobre el adversario: nadie debe dar por muerto a Pedro Sánchez.
El plan de Vox en Cataluña y su argumentario
Abascal recorrió el pasado jueves y viernes Barcelona, Tarragona y Lérida acompañado por Ignacio Garriga, secretario general de la formación y líder de Vox en Cataluña. La dirección confirma que volverá más veces en los próximos meses, con actos en las cuatro provincias y una campaña barrio a barrio, muy pegada a la calle. Los asuntos que marcarán el discurso son la seguridad, la okupación y la inmigración.
La hoja de ruta busca convertir el llamado ‘cinturón rojo’ del área metropolitana de Barcelona en ‘cinturón verde’. A eso se suma un factor electoral concreto: Alianza Catalana no concurrirá a las generales y buena parte de su electorado, preocupado por la seguridad y la inmigración, tiene en Vox su destino natural.
Desde la dirección del partido insisten en huir del triunfalismo. ‘No podemos dar por muerto a Pedro Sánchez’, trasladan a este medio, con el recuerdo de 2023 en la mano: un exceso de confianza del electorado y unas vacaciones de verano que pasaron factura. En la formación dan por hecho que el PSOE repetirá la estrategia de engordar las encuestas y agitar el miedo.
La dirección de Vox rechaza la euforia: con 48 escaños en juego, Cataluña decide si el PP y Vox llegan a La Moncloa con margen.
Qué posibilidades reales hay de romper el techo de 2023
El PP sumó 6 diputados por Cataluña en 2023. El curso político se abrió en Barcelona, junto al presidente del PPC, Alejandro Fernández, y continuó con una visita a Badalona que reunió a 6.000 personas. Las encuestas sitúan ahora a los populares en una horquilla de 5 a 6 actas, aunque en la formación son optimistas y prevén mejorar uno o dos escaños. En Vox, con 2 diputados, la última encuesta de la Generalitat le coloca en disposición de triplicar representantes, hasta 6 o 7.
Si se cumplen los pronósticos más favorables, la derecha alcanzaría el techo de 12 diputados que el PP logró en Cataluña en la época de Josep Piqué, cuando no tenía competidores a su derecha. La cifra no es un detalle: sin una mejora sustancial en esta región, la carrera hacia La Moncloa se complica por mucho que las encuestas nacionales hablen de 200 diputados. Cataluña reparte 48 escaños, uno de los volúmenes más altos del Congreso de los Diputados.
La estrategia que explica el giro catalán de la derecha
Ninguno de los dos partidos contempla concurrir junto al otro en provincias clave, de modo que la única vía de mejora es la movilización. Hace tres años, la derecha se quedó a unos miles de votos de sumar dos escaños por Lérida y Gerona; esas dos actas habrían restado representación a Sumar y Junts y roto la mayoría de izquierdas.
El antecedente inmediato es incómodo: en 2017, Ciudadanos ganó las elecciones autonómicas catalanas y, desde entonces, el espacio de la derecha no ha dejado de fragmentarse. En el resto del mapa el margen ya es estrecho: Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana registran mayorías aplastantes de la derecha, y en las provincias pequeñas el reparto de escaños es casi inamovible. Cataluña es, por eso, la plaza donde queda recorrido real.
Cataluña ya ha permitido al PSOE convertir en victoria por la mínima dos derrotas que parecían seguras: ocurrió en el segundo mandato de José Luis Rodríguez Zapatero y volvió a suceder el 23-J.
De ahí que Abascal haya comprometido actos en todas las provincias y que ambos líderes tengan previsto volver a Cataluña en los próximos meses. La lectura en Vox es que el 23-J se perdió por confianza y por calendario, no por techo electoral. Con 48 escaños en juego y el recuerdo de los ocho de 2023, el pulso catalán se convierte en el primer examen serio para la relación entre ambos partidos.
