La Casa de Saboya celebró en Turín el tercer capítulo general de sus órdenes dinásticas. La princesa Marina ocupó la primera fila junto a su hijo, Emanuele Filiberto, en una de sus contadas apariciones públicas desde la muerte de su esposo, el príncipe Víctor Manuel, en 2024.
En el primer banco de la iglesia de San Filippo Neri, la mayor de Turín, la princesa lucía el manto negro de los órdenes y unas grandes gafas oscuras. A su lado ondeaba una bandera con los colores de la casa. Detrás, una representación nutrida de damas y caballeros con mantos rojos y azules, según el orden al que pertenece cada uno, seguía la misa con una solemnidad poco frecuente.
No era un acto menor. Después de dos ediciones celebradas en Roma, esta tercera en Turín devuelve a la dinastía a la ciudad que fue su capital y la instala de nuevo en el imaginario italiano. El capítulo general de los órdenes dinásticos Saboya no legisla nada, pero comunica mucho.
Dos jornadas de alto protocolo en Turín
La jornada anterior tuvo un tono aún más institucional. Los nuevos miembros de los órdenes se reunieron en el auditorio Giovanni Agnelli, dentro del complejo industrial del Lingotto, la primera fábrica de Fiat en Turín, donde Emanuele Filiberto entregó a cada uno su diploma y dirigió unas palabras de bienvenida antes de inmortalizar el momento con una fotografía de grupo.
Por la noche, el palacio real de Venaria Reale recuperó la presencia de la familia para una cena de gala con fines benéficos. Bajo las bóvedas de un salón color marfil y suelo ajedrezado se sentaron invitados llegados de media Europa.
Entre ellos, la princesa Victoria Romanovna, esposa del gran duque Jorge de Rusia; la princesa Helena de Yugoslavia y su esposo, Stanislas Fougeron; el príncipe Leka de Albania; el duque Georg Borwin de Mecklemburgo-Strelitz y su hijo, el duque Michael; el príncipe Guglielmo Giovanelli Marconi; la princesa Maria Pia Ruspoli; el príncipe Stéphane Belosselsky-Belozersky, y Johannes Theo Niederhauser, gran canciller de los órdenes dinásticos de la Casa Real de Saboya.
En las dinastías sin trono, la liturgia y el manto pesan más que cualquier comunicado: son la prueba visible de que una casa sigue existiendo.
Faltó una persona. La princesa Vittoria de Saboya, hija de Emanuele Filiberto, no pudo asistir porque estaba retenida por la promoción de su película Toi + Moi – Seuls contre tous, que se ha situado en lo más alto de Amazon Prime Video. La ausencia respondía, según el relato de la propia familia, a una buena causa.
El manto negro de Marina de Saboya y el mensaje del protocolo
La presencia de Marina de Saboya tiene una lectura propia. Reside desde 2024 en el chalet familiar de Gstaad, en Suiza, y apenas se deja ver en público. Su aparición en Turín, con el manto negro de los órdenes y en el primer banco, funciona como un aval silencioso a la labor de su hijo al frente de la casa.
Las órdenes dinásticas son la arquitectura simbólica de una dinastía que ya no reina y que, desde mediados del siglo XX, ha construido su presencia pública sobre la cultura, la beneficencia y la memoria. El capítulo general reúne a miembros llegados de varios países europeos. La cifra importa poco. Lo que importa es el marco.

Qué significa esta liturgia para las casas reales europeas
El protocolo se ha convertido en la principal herramienta de visibilidad de las monarquías sin trono. No hay competencias, no hay presupuesto público, no hay actos de Estado. Queda la liturgia. Y en ese terreno la Casa de Saboya juega con ventaja: conserva un ceremonial propio, unas órdenes con siglos de historia y una red internacional de familias que se reconocen entre sí.
La escena de Turín, con Marina y Emanuele Filiberto en primera fila y una nave llena de mantos rojos y azules, es también una respuesta a quienes sitúan a estas casas en la irrelevancia. El riesgo, sin embargo, es el de siempre: convertir el acto en una ceremonia para iniciados, cerrada sobre sí misma y sin eco fuera del círculo. La continuidad se demuestra en el capítulo, no en el comunicado.
Queda por ver qué papel juega la siguiente generación. La ausencia de Vittoria en Turín responde a un compromiso profesional, pero deja abierto el interrogante sobre cómo se articulará el relevo en una casa que ya no reina. La Casa de Saboya no ha confirmado todavía la fecha ni la sede del próximo capítulo general; la tradición apunta a Italia, con Roma y Turín como escenarios naturales.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: el tercer capítulo general de los órdenes dinásticos Saboya, celebrado en Turín tras dos ediciones en Roma, reafirma la continuidad institucional de una casa que dejó de reinar en 1946.
- El detalle de protocolo: la princesa Marina ocupó el primer banco con el manto negro de los órdenes; damas y caballeros vistieron rojo o azul según su orden, una jerarquía visible que ordena la nave.
- Próximos pasos: la Casa de Saboya no ha confirmado aún la fecha ni la sede del siguiente capítulo general.

