Ourense acumula 22 litros por metro cuadrado desde el 1 de septiembre, el arranque de otoño más seco en 35 años, según Aemet.
22 litros frente a una mediana de 117,5: la serie de Ourense se rompe
Los 22 litros que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) contabiliza a las 10:00 de este lunes quedan por debajo de cualquiera de los 33 otoños con datos completos desde 1991. Solo 2007 se acercó, con 22,8 litros por metro cuadrado. En 2017 el pluviómetro marcaba 28,6. La diferencia con el récord anterior es de ocho décimas.
La referencia para medir la anomalía, sin embargo, no es el récord. Es la mediana climática de la estación ourensana hasta el 25 de octubre: 117,5 litros. Este otoño no alcanza ni la quinta parte de la lluvia habitual.
El dato llega después de un septiembre que la propia Aemet calificó de seco en Galicia, con el 52 % de la precipitación habitual, y que igualó, la marca del septiembre más cálido del registro. La tendencia no empezó en octubre. Viene de antes.
El análisis que el portal calentamientoglobal.es elabora a partir de las series oficiales incorpora las observaciones horarias de las últimas jornadas, todavía pendientes de la validación final en los balances diarios de la agencia. La estación central de Ourense no dispone del registro completo de 2022, aunque las estaciones limítrofes de O Carballiño y Ribadavia sí computaron entonces cuantías muy superiores. El cálculo, por tanto, es conservador.
Ourense no vive un récord por unas décimas: vive un otoño que no llega ni a la quinta parte de su lluvia normal.
Un monte seco camino de noviembre: el riesgo que vigila la Xunta
El déficit de lluvia tiene una traducción inmediata en el monte. Con la maleza seca y sin frentes atlánticos que la humedezcan, el riesgo de ignición crece en toda la provincia. La Pladiga, el plan con el que la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela) organiza la prevención y la extinción, mantiene medios de la Consellería do Medio Rural operativos más allá de la temporada clásica de verano. Los índices de peligro se consultan a diario en MeteoGalicia.
El escenario que preocupa es conocido. Municipios del interior, monte comunal, parcelas abandonadas y mucha continuidad de combustible. A eso se suma un calendario que se ha estirado: los grandes incendios de octubre y noviembre han dejado de ser rareza en Galicia, y la ventana de riesgo se solapa ya con el otoño meteorológico.
En el Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral gallega, con 75 deputados), la política forestal es terreno de confrontación recurrente. El PPdeG defiende su modelo de medios de extinción y de gestión del monte comunal. La oposición mira la misma estadística y extrae otra conclusión.
El BNG, primera fuerza de la oposición, reclama más inversión en prevención y ordenación del territorio. El PSdeG pone el foco en el abandono del rural y en la falta de selvicultura preventiva. Ninguno discute el dato de partida: el monte está seco.

El Laboratorio Gallego
Galicia es la comunidad donde el monte pesa más en el paisaje y en el debate público, y también donde el PPdeG gobierna con mayoría absoluta desde 2009. Esa combinación convierte cada episodio de sequía en un test político. El Ejecutivo de Alfonso Rueda afronta el final de año con un modelo de prevención que reivindica como referencia y con una oposición que lo interpela por los terrenos de siempre: biomasa, eucalipto y limpieza de fajas.
La lectura nacional es doble. Por un lado, el PP ha hecho de la gestión autonómica gallega su escaparate de eficacia y la ha contrapuesto al modelo del Gobierno central en materia de medio rural. Por otro, el cambio de calendario de los incendios empuja el asunto hacia la política climática, donde la Xunta reclama competencias y fondos. Feijóo llega a cada debate sobre el modelo gallego con la ventaja del escaparate y el lastre de la estadística.
Hay un tercer plano, el transfronterizo. La Euroregión Galicia-Norte de Portugal (la entidad de cooperación que integra la comunidad con la región portuguesa) trabaja con protocolos de medios compartidos, y el fuego no entiende de Miño. Un otoño seco en Ourense suele ser también un otoño seco en Trás-os-Montes.
La incógnita es la de siempre en Galicia: si el diagnóstico se convierte en presupuesto o se queda en balance meteorológico. Las próximas semanas decidirán el alcance del déficit. Si las borrascas atlánticas no llegan antes de diciembre, el balance hídrico entrará en el invierno con retraso y la campaña de prevención arrancará con menos margen del habitual. Y el calendario parlamentario no ayuda: la tramitación presupuestaria de la Xunta se concentra en esas mismas semanas. Aquí se ensaya lo que luego escala.
Ficha del Caso
- El caso: La estación de Aemet en Ourense cierra el arranque de otoño más seco desde 1991, con 22 litros por metro cuadrado, y el monte gallego encara noviembre con combustible fino seco.
- Datos importantes: 22 litros acumulados frente a una mediana de 117,5 hasta el 25 de octubre. El récord anterior era de 22,8 litros en 2007; en 2017 se registraron 28,6. Septiembre cerró en Galicia con el 52 % de la precipitación habitual y la marca del mes más cálido del registro.
- Resumen: Un déficit hídrico de récord estrecha la ventana de riesgo de incendios en la provincia y sitúa la política forestal gallega en el centro del debate autonómico y de la agenda nacional del PP.

