La DIA documenta el acoso satelital ruso: Cosmos 2612 siguió al ICEYE finlandés que da imágenes a Ucrania

El informe del Pentágono reconstruye siete años de aproximaciones rusas, del disparo orbital de 2020 a las maniobras de menos de un kilómetro de este mes. España depende de constelaciones comerciales y de Galileo para servicios críticos.

El acoso satelital ruso queda documentado en el informe de la DIA: el Cosmos 2612 siguió durante dos semanas al ICEYE-X36 finlandés.

Qué ha detectado la DIA: dos semanas de seguimiento al ICEYE-X36

La Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, el servicio de inteligencia militar del Pentágono) publicó el lunes 26 de octubre un informe que describe algo más que un susto orbital. Documenta un patrón sostenido de acercamientos rusos a satélites occidentales, con el Cosmos 2612 empleando más de dos semanas en aproximarse al ICEYE-X36, un radar que opera la filial estadounidense de la finlandesa ICEYE y que entrega imágenes al ejército ucraniano.

Desde el Departamento de Estado no se habla de accidente. Thomas DiNanno, subsecretario para Control de Armas y Seguridad Internacional, describió la maniobra en declaraciones difundidas antes de la publicación del informe: ‘El satélite militar ruso COSMOS 2612 ha mostrado un comportamiento amenazante al maniobrar de forma deliberada peligrosamente cerca de un satélite comercial, conductas compatibles con operaciones de armas en órbita. En el vocabulario de Washington, ‘compatible con un arma’ es la forma técnica de decir que se ha visto un ensayo.

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El informe reconstruye una década de maniobras. En 2019, Rusia lanzó el Cosmos 2542 y liberó después el Cosmos 2543, que se pegó a un satélite de seguridad nacional estadounidense y se aproximó a él varias veces hasta crear condiciones de operación potencialmente peligrosas. En 2020, ese mismo aparato se separó y disparó un proyectil en órbita durante una prueba de arma antisatélite. En 2022 llegó el Cosmos 2558, también dentro del radio de un satélite del Gobierno de Estados Unidos.

La secuencia se acelera. En mayo de 2024, el Cosmos 2576 se colocó en en la misma órbita que otro satélite estadounidense y maniobró hacia él. En febrero de 2025, los Cosmos 2581, 2582 y 2583 ejecutaron aproximaciones de menos de un kilómetro, según la ficha de la Fuerza Espacial, que advierte de que ‘operaciones de este tipo podrían usarse para amenazar o recabar información sobre satélites de EE. UU.’. En mayo de 2025, el Cosmos 2588 se acercó a 60 millas, unos 96 kilómetros. En mayo de 2026, los Cosmos 2610 a 2613 repitieron el patrón con maniobras de alto consumo de combustible junto a otro radar comercial usado por Ucrania.

Un kilómetro en órbita no es una anécdota: es la distancia a la que se puede fotografiar, interferir o golpear. Rusia ya lo ha demostrado.

De Cosmos 2542 al arma nuclear orbital: un patrón que se repite desde 2019

Hay un escalón por encima. Según la DIA, Rusia desarrolla un satélite diseñado para portar un arma nuclear, capaz de amenazar a todos los aparatos en órbita y a los servicios que prestan en tierra. El informe subraya que no hay indicios de que China planee probar un arma antisatélite nuclear, aunque Pekín ha triplicado su flota de satélites de inteligencia y reconocimiento desde 2018 hasta más de 510 aparatos y ha pasado de 22 lanzamientos en 2016 a 93 en 2025.

En septiembre, el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, confirmó públicamente que Estados Unidos dispone de armas de ‘control orbital’, y el general Douglas A. Schiess, jefe de Operaciones Espaciales, aseguró que sus guardianes ‘operan armas en órbita capaces de defender a la Fuerza Conjunta frente a ataques desde el espacio’. Washington no discute la militarización del espacio. La ejerce.

La Lógica de Washington

El problema que intenta resolver el Pentágono no es este satélite concreto, sino la ambigüedad. Un acercamiento a 900 metros no es un ataque y, sin embargo, produce el mismo efecto que un disparo de advertencia: obliga al otro a maniobrar, le gasta combustible y le recuerda que está siendo observado. La doctrina americana responde a ese gris con la atribución pública como forma de disuasión. De ahí el informe, la cita del Departamento de Estado y el detalle de cada maniobra. El precedente es antiguo: Eisenhower fijó en 1955 el principio de ‘libertad del espacio’ que cuajó en el Tratado del Espacio Exterior de 1967, Reagan lo llevó al extremo en 1983 con la Iniciativa de Defensa Estratégica, y la Fuerza Espacial nació en 2019 con apoyo de ambos partidos.

Para España, el tablero se mueve en dos planos. El primero es la dependencia: buena parte de la imagen de inteligencia que usan los aliados procede de constelaciones comerciales y de satélites estadounidenses. El segundo es la exposición. Galileo y Copernicus son infraestructura crítica europea, y España participa en el consorcio de vigilancia y seguimiento espacial de la UE con radares de Indra y software de GMV.

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Hispasat opera una flota geoestacionaria que transporta comunicaciones gubernamentales y de seguridad, y PLD Space aspira a colocar cargas europeas en órbita con su cohete MIURA. La apuesta española ha sido industrial y multilateral: coherente con su peso presupuestario y con su tradición de defensa compartida en la OTAN y en Bruselas.

Francia creó su mando espacial en 2019 y Alemania opera desde Uedem su centro de vigilancia; la diferencia con España no es de ambición, sino de escala. La próxima ventana clave es presupuestaria: la negociación del marco financiero plurianual de la UE, que definirá el dinero para el programa espacial europeo a partir de 2028. Y queda la incógnita jurídica. Ningún tratado prohíbe aparcar un satélite a 500 metros de otro. Si ese satélite es comercial pero sirve a un ejército en guerra, ¿qué artículo de qué tratado se activa?

Ficha del Caso

  • El caso: La DIA documenta que el Cosmos 2612 siguió más de dos semanas al ICEYE-X36, un radar comercial que sirve imágenes a Ucrania, dentro de un patrón de acercamientos rusos detectado desde 2019.
  • Datos clave: Aproximaciones de menos de un kilómetro en febrero de 2025 (Cosmos 2581-2583) y a 96 kilómetros en mayo de 2025 (Cosmos 2588); prueba de proyectil antisatélite en 2020; Rusia desarrolla además un satélite con arma nuclear.
  • Para España: Galileo, Copernicus y las comunicaciones gubernamentales de Hispasat dependen de un entorno orbital que ya es dominio disputado, con Indra y GMV en la vigilancia espacial europea.