Una falsa amenaza de bomba activó el pasado lunes un amplio despliegue policial en el aeropuerto de Gran Canaria, sin que se hallara ningún artefacto. El avión, un Vueling que cubría la ruta Barcelona-Las Palmas, aterrizó a las 19:15 y sus ocupantes no pudieron desembarcar hasta las 22:00, según los horarios difundidos por los medios que siguieron el operativo. No constan detenidos.
Cómo se activó el protocolo de seguridad en el aeródromo
El vuelo despegó del aeropuerto de El Prat a las 17:00 horas del lunes 26 de octubre con destino a Las Palmas de Gran Canaria. Al tomar tierra, el aparato fue conducido a una zona apartada del aeródromo, cerca de la playa de Ojos de Garza, para alejarlo de la terminal y del resto del tráfico aeroportuario mientras se comprobaba la alerta.
Efectivos de la Policía Nacional, y especialistas en desactivación de explosivos (los artificieros) revisaron el interior de la aeronave y los equipajes. Los pasajeros permanecieron a bordo mientras se practicaban las comprobaciones y observaron desde las ventanillas el movimiento de vehículos de emergencia y de las fuerzas de seguridad.
- Despegue de El Prat: 17:00 horas.
- Aterrizaje en Las Palmas: 19:15, hora local.
- Traslado a una zona apartada del aeródromo y revisión por artificieros.
- Desembarque del pasaje: 22:00 horas.
Algunos viajeros lamentaron la poca información recibida mientras el avión permanecía inmovilizado. Varias horas de espera en las que el pasaje tuvo que interpretar por sí mismo el despliegue de ambulancias y patrullas. No se ha informado de heridos.
La revisión de la aeronave por agentes y artificieros en una zona apartada del aeródromo concluyó sin que se localizara ningún artefacto explosivo.
Lo que contaron los pasajeros retenidos en el avión
«Estuvimos en el avión y no nos dijeron nada, luego nos sacaron y hasta ahora», relató uno de los ocupantes al medio local Canarias 7. «El piloto nos dijo que lo que pasaba era que el avión tenía un defecto», añadió otra pasajera en el mismo medio. Esa segunda versión procede del testimonio de una viajera y no ha sido confirmada por la aerolínea.
El protocolo de actuación ante alertas de este tipo establece limitar la información a terceros mientras no haya concluido la operativa de desembarque y revisión. La escasez de datos no fue, por tanto, un fallo aislado, sino una pauta prevista en los procedimientos de seguridad aeroportuaria. La prioridad es despejar la aeronave y su entorno antes de ofrecer explicaciones.
La alerta obligó a movilizar medios de emergencia y de seguridad en un aeródromo que opera con tráfico regular de pasajeros. El despliegue se mantuvo mientras duró la revisión, con el avión aislado del resto de la actividad del recinto.
En qué punto está la investigación del aviso
Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado investigan el incidente para esclarecer el origen del aviso e identificar a sus responsables, según la información disponible. No hay detenciones confirmadas ni ninguna persona señalada públicamente por los hechos. Cualquier atribución de autoría, mientras no exista una detención oficial, es una especulación.
Las falsas alarmas que activan operativos de emergencia y obligan a movilizar medios públicos pueden acarrear consecuencias penales, aunque en este caso no se ha concretado ninguna calificación jurídica. Tampoco consta que la compañía aérea haya abierto una investigación interna ni que haya presentado reclamación alguna.
La investigación sigue abierta. Las autoridades no han precisado por el momento el canal por el que llegó el aviso ni si el vuelo fue señalado antes del despegue o durante el trayecto. El pasaje desembarcó a las 22:00 y el aparato quedó liberado tras la revisión.

