La guerra EE. UU. Irán entra en su octavo mes: Murphy alerta de una escalada tras el briefing clasificado en el Senado

El senador demócrata califica de 'locura' el plan del Pentágono para una nueva ofensiva y advierte de que Bahréin y Al Udeid ya operan al límite. España importa casi todo su crudo por la ruta del Hormuz.

La guerra entre EE. UU. e Irán cumple ocho meses y el Senado ya conoce el plan de la próxima ofensiva. Chris Murphy lo llama ‘una locura’.

El senador demócrata por Connecticut compareció esta semana en un panel del Middle East Institute con el gesto de quien acaba de salir de una sala cerrada. Los legisladores habían recibido un briefing clasificado (una sesión informativa a puerta cerrada para miembros del Congreso) sobre las próximas operaciones militares, incluida la posibilidad de una ofensiva de corta duración. Su veredicto fue tajante: ‘Su plan es una locura’. Y añadió una advertencia: ‘Llevará a una escalada devastadora y a la probable destrucción de nuestro compromiso con el Estado de derecho’.

La guerra arrancó el 28 de febrero con una campaña de ataques conjuntos de Washington y Tel Aviv. Desde el colapso del alto el fuego temporal, el conflicto se libra a intensidad reducida: Teherán restringe el tráfico marítimo en el Estrecho de Hormuz y la Marina estadounidense mantiene un bloqueo naval, según el Congressional Research Service (el servicio de estudios del Congreso). Ocho meses de desgaste sin victoria declarada.

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Marco Rubio explicó la lógica el 2 de marzo, cuando la campaña apenas tenía días: ‘Sabíamos que habría una acción israelí. Sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas americanas. Si no les hubiéramos golpeado antes, habríamos sufrido más bajas. Esto tenía que pasar, pasara lo que pasara’.

El balance humano que maneja el Pentágono es de 23 militares americanos muertos —11 de ellos por acción hostil— y 865 heridos. En Irán, al menos 3.636 personas habían muerto hasta el 7 de abril, entre ellas 1.701 civiles y 1.221 militares, según Human Rights Activists News Agency. En Líbano, el Ministerio de Salud contabiliza 4.389 muertos y 12.424 heridos a 12 de octubre. La guerra se ha cobrado ya más de 8.000 vidas en tres países.

En Washington la pregunta ya no es cómo termina esta guerra, sino cuánto está dispuesto a pagar el contribuyente americano por el siguiente capítulo.

La factura directa ascendía a 47.100 millones de dólares a 16 de octubre: unos 29.000 millones para reponer munición, 11.900 en operaciones y 6.100 en equipos perdidos, según la evaluación del Pentágono difundida por Stars and Stripes. La cuenta excluye los daños en bases e infraestructuras. Stephen Semler, del Security Policy Reform Institute, calcula que el total real supera los 112.300 millones.

Del lado material, la retaliación iraní ha dañado o destruido cientos de edificios en instalaciones militares americanas de ocho países, entre ellos Bahréin, Catar, Kuwait y Arabia Saudí. La base naval de Bahréin quedó prácticamente inutilizable y Al Udeid opera a capacidad muy reducida, según el inspector general del Pentágono. Cuatro cazas F-15E, hasta 30 drones MQ-9 Reaper y 184 millones en daños a legaciones diplomáticas. La Marina encadena despliegues prorrogados año tras año, una factura que no aparece en los presupuestos y que National Review documentaba esta semana.

Las encuestas marcan el límite político. Pew Research Center situó el 8 de octubre la desaprobación de la gestión de la guerra en el 65%, frente a un 33% de aprobación, con un 73% preocupado por el precio de los combustibles y un 71% por las bajas. YouGov preguntó en septiembre por una ofensiva mayor: 46% en contra y 24% a favor. Entre los republicanos, el apoyo sube al 53%. La base quiere una victoria; el país quiere una salida.

escalada Irán

La Lógica de Washington

El Pentágono no improvisa. Los objetivos declarados de la campaña, recogidos por su inspector general, son eliminar la capacidad ofensiva de misiles de Irán, degradar su marina y evitar que Teherán obtenga el arma nuclear. Ninguno de los tres se ha cumplido del todo. El bloqueo naval cuesta dinero cada día que pasa y Hormuz sigue restringido: la ofensiva de castigo busca cambiar el cálculo iraní, no ocupar territorio. Es la lógica de la guerra limitada: golpear para negociar mejor.

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La política tiene su propia aritmética. La base republicana pide contundencia y el presidente lo sabe. Trump se comprometió a no reanudar los ataques antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, y funcionarios americanos ya han pedido a los aliados de la región que se preparen para una nueva ronda después de los midterms (las elecciones de medio mandato), según AP. Trump no ha tomado una decisión final.

Hay precedente para la pausa electoral. Lyndon Johnson anunció en marzo de 1968 un alto parcial de los bombardeos sobre Vietnam del Norte en plena campaña; la guerra duró cinco años más. Y Corea empezó en 1950 como una ‘acción policial’ de Truman que terminó en 1953 con un armisticio, sin victoria y con el presidente hundido en las encuestas. El patrón se repite. Nadie gana elecciones con una guerra que no termina.

Para España el primer canal de transmisión es la energía, y el segundo, la credibilidad de la disuasión americana en Europa. Catar media sin acuerdo y la ventana se abre el 4 de noviembre: a partir de ahí, la decisión queda dentro del Despacho Oval.

Lo que se juega España si el Estrecho de Hormuz no se reabre

Por el Estrecho de Hormuz pasa cerca de una quinta parte del crudo que se mueve por mar, en un canal de 33 kilómetros en en el que Irán tiene la última palabra. España importa la práctica totalidad del petróleo que consume. Un cierre prolongado se traduce en gasóleo más caro para el transporte, en fletes marítimos disparados y en una presión inflacionaria que llega antes a la cesta de la compra que a los tipos de interés.

A eso se suma el combustible de las aerolíneas. IAG, matriz de Iberia, cubre con queroseno buena parte de sus costes variables y cualquier repunte sostenido del barril se come margen en las rutas transatlánticas. Para los hogares españoles y las empresas, el efecto se mide en décimas de inflación que el Banco de España vigila y que condicionan hasta dónde puede bajar el precio del dinero en la eurozona.

La posición del Gobierno español, coordinada con Bruselas, pasa por pedir desescalada y protección del tráfico marítimo sin romper con Washington. Es la misma línea de Berlín y París: nadie quiere elegir entre el aliado y el precio del gasóleo. Repsol y el resto de las refinerías europeas ya trabajan con primas de riesgo en el crudo. Washington no pide permiso. Y el reloj corre.

Ficha del Caso

  • El caso: La guerra entre Estados Unidos e Irán entra en su octavo mes con la Marina en bloqueo naval sobre Hormuz y un plan de nueva ofensiva sobre la mesa, pendiente de la decisión de Trump tras las elecciones del 3 de noviembre.
  • Datos clave: 23 militares americanos muertos y 865 heridos; 47.100 millones de dólares de coste directo a 16 de octubre, con estimaciones privadas que superan los 112.300 millones; 65% de desaprobación ciudadana; 53% de los votantes republicanos respaldaría una ofensiva mayor.
  • Para España: el riesgo se concentra en la factura energética, el coste del transporte y del queroseno de IAG, y una inflación que retrasaría nuevas bajadas de tipos en la eurozona.