Las empresas de Málaga pagaron 702,68 millones de euros en Impuesto de Sociedades entre enero y septiembre, un 14% más que en el mismo periodo del año anterior.
El dato procede del último informe de recaudación tributaria publicado por el Ministerio de Hacienda y consolida una tendencia que viene de lejos. Málaga es la primera provincia andaluza en número de sociedades mercantiles al menos desde 2022. En Sevilla, segunda en la tabla regional, las compañías abonaron 530,24 millones, con un avance interanual mucho más discreto: 8,8%.
De las 61.200 empresas a la cuarta posición nacional
La estadística del IECA —el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía— sobre compañías registradas en la Seguridad Social deja una foto nítida. A cierre de septiembre había prácticamente 61.200 empresas en Málaga, frente a las 57.719 de Sevilla. La diferencia no es anecdótica: el organismo estadístico autonómico confirma que el impuesto que grava los beneficios empresariales mide la capacidad real de un territorio para generar riqueza, y ahí la provincia costasoleña lleva años sacando ventaja.
La escalada fiscal tiene truco contable, y conviene explicarlo con calma. Los ingresos brutos por Sociedades crecieron solo un 1,5%, hasta 788 millones. Lo que disparó el resultado fue el desplome de las devoluciones, que bajaron casi a la mitad, hasta los 160 millones. Con ese cóctel, el tributo se convierte en el que más crece del ejercicio, por encima del IRPF (13,8%) y del IVA (3,5%).
Fuera de Andalucía la cifra también pesa. Málaga es la cuarta provincia de España por recaudación de Sociedades, solo por detrás de Madrid (7.117 millones), Barcelona (2.616) y Valencia (1.104), y por delante de Baleares (690), Alicante (558) y Sevilla (530). En el conjunto del país el impuesto recaudó 18.876 millones, casi un 26% más.
Málaga ha dejado de ser la provincia del sol y el ladrillo para convertirse en la cuarta de España en recaudación empresarial.
La suma de todos los tributos estatales dibuja la misma jerarquía. Entre enero y septiembre, la aportación de Málaga a las arcas públicas alcanzó los 4.821,28 millones, un 10% más, en línea con el crecimiento estatal por encima de los 248.300 millones. Esa cifra sitúa a la provincia en séptima posición nacional, por detrás de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Baleares y A Coruña.
IRPF, IVA y renta de no residentes: el otro mapa fiscal de la provincia
El impuesto que más aporta en Málaga sigue siendo el IRPF: 2.205 millones, un 13,8% más. El grueso son retenciones del trabajo, cerca de 1.500 millones en términos brutos. Detrás del aumento están la fortaleza del empleo y el mantenimiento del alza de salarios y pensiones, según el análisis de los técnicos de Hacienda.
Hay un tributo que cuenta una historia muy malagueña. El Impuesto sobre la Renta de No Residentes aportó 227,3 millones, un 13,3% más, y se ha triplicado desde 2019. El motivo son las rentas inmobiliarias que extranjeros —particulares y empresas— obtienen en la provincia, con Marbella y Estepona como epicentros del fenómeno.

El IVA, en cambio, crece menos que en el resto del país: 1.538 millones, un 3,5% más, frente al 8,1% nacional. Los ingresos brutos subieron un 6,8%, hasta superar los 2.000 millones, pero las devoluciones se dispararon un 17,6%, hasta 522 millones. Traducido a la calle: hay pymes que compran más a proveedores de lo que venden y Hacienda les devuelve la diferencia.
Los impuestos menores completan el cuadro. Especiales aportó cerca de 28 millones, con un crecimiento cercano al 40%, y Tráfico Exterior ingresó 12,75 millones, un 12% menos. Con este ritmo, la provincia cerrará el año con recaudación récord por sexto ejercicio consecutivo.
La Lectura Andaluza
Andalucía tiene 109 escaños en el Parlamento y ocho provincias con realidades productivas muy distintas, pero solo una ejerce de locomotora fiscal. Málaga supera a Sevilla en 172 millones de euros por Sociedades y mantiene el liderazgo empresarial desde 2022. Detrás hay un modelo que mezcla turismo, tecnología, construcción residencial y servicios a extranjeros, y que ha resistido mejor que otros la desaceleración del consumo.
La Junta de Andalucía, el gobierno autonómico que gestiona empleo, industria y las políticas de apoyo a la pyme, viene subrayando en sus comparecencias la necesidad de ampliar la base empresarial más allá de la costa. El reto sigue estando en provincias como Jaén o Almería, donde la densidad de sociedades mercantiles es menor y el empleo depende en mayor medida del ciclo agrario y de la contratación ligada a la campaña.
Para el lector de a pie, el dato tiene una traducción inmediata. Un tejido con 61.200 empresas significa empleo más estable, salarios en ascenso y una Administración con más recursos para hospitales, colegios y carreteras. También significa presión sobre la vivienda: en Torremolinos y Fuengirola el precio del alquiler se ha convertido en el principal quebradero de cabeza de quien vive y trabaja en la zona, y la renta de no residentes que crece a doble dígito tiene mucho que ver con esa tensión.
El calendario manda. El informe anual de Hacienda, que se publicará a comienzos de 2027, confirmará si Málaga cierra 2026 con récord y encadena su sexto ejercicio consecutivo al alza. Antes, el debate presupuestario andaluz y la próxima campaña de captación de inversión extranjera pondrán a prueba un modelo que hoy funciona. Lo que ya nadie discute es que la economía andaluza se explica, cada vez más, desde el litoral y desde sus empresas.

