La brecha de desaprobación de Sánchez alcanza ya los 42 puntos en el tracking de SocioMétrica para El Español que se ha hecho público este lunes.
El 68,3% de los españoles rechaza la gestión del presidente del Gobierno frente a un 26,7% que la aprueba. Solo Irene Montero sale peor parada, con un 73,1% de rechazo y un 16,5% de aprobación. La diferencia entre aprobación y desaprobación del líder socialista se ha consolidado como el dato más incómodo para La Moncloa en el arranque del curso político.
Del 68,3% de rechazo al 48,1% que ya ve a Feijóo en La Moncloa
En la valoración de cero a diez, Alberto Núñez Feijóo es el dirigente mejor colocado con un 3,4, por delante de Santiago Abascal (3,3) y de Pedro Sánchez (2,9). Todos suspenden, eso sí. Pero el líder del PP es también el que mejor nota saca entre los suyos: un 7 frente al 5,7 que le ponen los votantes socialistas a Sánchez, el registro más bajo entre su propia gente de todos los dirigentes medidos.
El dato que mueve el tablero es el de la expectativa de Gobierno. Un 48,1% de los encuestados cree que Feijóo será el próximo presidente tras las elecciones generales; solo un 27,6% confía en que Sánchez repita en La Moncloa. La distancia supera los 20 puntos. Y cuando la pregunta se limita al duelo entre los dos grandes partidos, la ventaja se estira: 43,7% para el popular frente a 33,2% para el socialista.
Conviene mirar el otro lado del tracking. Si la pregunta es a quién prefiere como presidente, Feijóo se queda en un 23,8% y Sánchez aguanta con un 22,8%. Un 31,7% no quiere a ninguno de los dirigentes que se le ponen por delante. Ahí está el margen real de maniobra: la expectativa de cambio va muy por delante del voto ya decidido, y el trasvase desde Vox —Abascal es la tercera opción con un 14,2%— sigue siendo la llave de cualquier mayoría.
Esa distancia entre lo que el electorado espera y lo que todavía no concede es el terreno donde se librará el próximo ciclo. Nadie está para celebraciones en Génova. El dato manda, pero no cierra nada.
El tracking no dice que el PP haya ganado nada: dice que el castigo al presidente va por delante de la alternativa, y no es lo mismo.
Por qué Génova evita cantar victoria con 42 puntos de brecha

En el PP nadie discute la foto. Fuentes de la cúpula popular consultadas por esta redacción subrayan que el tracking confirma el argumentario que el partido despliega desde hace meses: desgaste del Ejecutivo, fatiga con el anuncio permanente y una alternativa que ya se mide en clave de Gobierno y no de oposición. La consigna interna es explícita. No se trata de ganar la encuesta, sino de que la encuesta no sustituya al trabajo territorial.
El primer refuerzo que extrae Génova es de gestión. El Grupo Parlamentario Popular lleva su propia contabilidad de iniciativas en el registro de iniciativas del Congreso, y la dirección nacional insiste en presentar cada PNL (Proposición No de Ley, el instrumento con el que la Cámara fija posición sin valor normativo directo) como una propuesta de Estado y no como un gesto de escaparate. La segunda lectura tiene que ver con la valoración interna: que Sánchez sea el peor puntuado entre sus propios votantes es, a ojos populares, la prueba de que el problema no es de comunicación, sino de credibilidad.
La aritmética pone el freno. Un 31,7% que no elige a ninguno de los líderes propuestos y un Abascal que retiene a uno de cada siete encuestados dibujan un escenario en el que el PP necesita, además de expectativa, votos prestados. Y participación. Otra cosa es el voto.
Aquí conviene un precedente. En 2011 el PP llegó al Gobierno con una ventaja que las encuestas anticipaban desde dos años antes; en 2023 ganó las generales y no gobernó. La lección que se repite en las reuniones de los lunes en Génova es idéntica: la expectativa de cambio es condición necesaria y nunca suficiente. De ahí que la dirección nacional haya convertido el discurso económico y fiscal en el eje de sus últimas intervenciones parlamentarias, con las comunidades autónomas como escaparate de gestión.
El Eje del Poder Popular
El pulso interno no está en la encuesta, sino en cómo se traduce. Los once presidentes autonómicos del PP gobiernan territorios que suman alrededor del 60% del PIB y usan sus presupuestos como argumentario vivo: bajadas de impuestos, simplificación administrativa, y planes de vivienda que Génova presenta después en Madrid como modelo nacional. Isabel Díaz Ayuso, Juanma Moreno y Alfonso Rueda tienen este otoño la misma tarea: que la expectativa que mide SocioMétrica se convierta en gestión reconocible.
Ahí late una brecha que el partido gestiona con discreción: los barones no compiten por el relato nacional, compiten por sus resultados en casa. Y cada uno sabe que el tracking no vota en Galicia ni en Andalucía: se recompone provincia a provincia. Génova lo admite en privado. La encuesta da aire al discurso de la alternativa, pero no resuelve el mapa de alianzas.
El riesgo a medio plazo tiene dos nombres. El primero, Vox: si Abascal consolida su suelo, cualquier mayoría exigirá una negociación que el electorado moderado mira con recelo. El segundo, la tentación de gobernar en el titular y de convertir cada medición en un plebiscito anticipado. La dirección nacional ya ha trasladado la orden de no hacerlo. Habrá Comité de Dirección, sí, y habrá foto de unidad. Pero el mensaje que sale de la sede de la calle Génova 13 es más sobrio que eufórico: la brecha de desaprobación es una oportunidad, no un resultado.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: El desgaste de Sánchez ya se traduce en expectativa de cambio; el PP se ofrece como alternativa de gestión, no solo de oposición.
- Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del Partido Popular).
- Próximo hito: Comité de Dirección en Génova 13 y próxima sesión de control al Gobierno en el Congreso.

