La COP17 de biodiversidad aprueba la ‘Ruta de Ereván’ sin cerrar la brecha de financiación del marco Kunming-Montreal

El GEF arranca su noveno ciclo con 3.900 millones de dólares para 2026-2030, frente a los 200.000 millones anuales que exige el marco. Ciudades como Berlín y provincias como Quebec entran por primera vez como donantes directos del fondo de biodiversidad.

La COP17 de biodiversidad cierra en Ereván con la Ruta de Ereván y nuevos compromisos del GEF, pero la financiación biodiversidad sigue muy lejos del objetivo fijado por el marco Kunming-Montreal.

De 3.900 a 200.000 millones: la cuenta que la Ruta de Ereván no cierra

La cumbre arrancó con un diagnóstico incómodo. La primera revisión global del avance hacia el marco Kunming-Montreal, presentada antes de la cita, dejó claro que el compromiso de movilizar 200.000 millones de dólares anuales para 2030 —el objetivo del Target 19— sigue muy lejos de cumplirse. La Ruta de Ereván ordena el camino y fija la hoja de ruta política, pero no pone la cifra.

El dato concreto que sí llegó es el del Global Environment Facility (GEF). Su nuevo consejero delegado, Diego Mesa, confirmó que el noveno ciclo de reposición, que cubre 2026-2030, arrancó con 3.900 millones de dólares, aportados en la Asamblea del organismo celebrada en junio en Samarcanda (Uzbekistán).

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Para dimensionar la distancia basta una resta: 3.900 millones comprometidos frente a 200.000 millones anuales. La propia secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Astrid Schomaker, puso el resto de la cifra sobre la mesa. Los cálculos apuntan a unos 19.000 millones movilizados en 2024, cerca del hito de 20.000 millones fijado para 2025. El matiz es que se partía de niveles muy bajos y que los presupuestos de ayuda están bajo presión.

La Secretaría del CDB reclama tres tareas concretas: llevar las estrategias nacionales de biodiversidad a los presupuestos públicos, reformar los incentivos perversos y estirar cada euro de financiación pública y de desarrollo. Tres decisiones domésticas que ningún acuerdo de cumbre resuelve por sí solo.

Un marco que exige 200.000 millones al año no se sostiene con 3.900 millones para cuatro ejercicios: la brecha no es un detalle técnico, es la política.

Mesa defiende el efecto catalítico del organismo: cada dólar comprometido a través del GEF moviliza varios más de otras fuentes, con un multiplicador medio que ronda el 8 tomando como base el ciclo anterior, y la financiación combinada eleva esa ratio muy por encima. Es un argumento razonable y, a la vez, la constatación de que el dinero público directo no alcanza.

Ampliar la base de donantes es una buena noticia; confundirla con cerrar la brecha, no.

Berlín, Quebec y el giro municipal: quién pone el dinero de verdad

El movimiento más interesante no viene de las capitales. Desde la adopción del marco, ciudades y provincias empezaron a aportar directamente a los mecanismos de financiación de biodiversidad. El precedente lo puso Quebec, la provincia canadiense que acogió la COP15 en 2022, con una donación independiente de 1,4 millones de dólares al Fondo Marco Mundial para la Biodiversidad (GBFF).

En Ereván la tendencia se consolidó. El 26 de octubre, Día de la Financiación, la ciudad de Berlín comprometió 50.000 euros (unos 56.000 dólares) y Quebec anunció una segunda aportación de 1,5 millones de dólares canadienses. En el agregado, gobiernos nacionales y subnacionales sumaron más de 60 millones de dólares al GBFF: Alemania aportó 50 millones de euros, Islandia 160 millones de coronas y Mónaco 1,5 millones de euros, según fuentes del GEF.

El organismo también ha movido ficha en el calendario. Por primera vez mantiene abierta la ventana de compromisos después de cerrar el ciclo, de modo que las aportaciones puedan llegar a lo largo del año, y prevé una sesión adicional en la COP31 de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebra el mes que viene. El GEF ha sumado nueve nuevos contribuyentes a su familia de fondos y una aportación de 5 millones al Fondo Fiduciario.

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📊 Impacto ecológico en cifras

  • Brecha anual: 200.000 millones de dólares al año para 2030, según el Target 19 del marco Kunming-Montreal.
  • Comprometido en el GEF-9: 3.900 millones de dólares para el ciclo 2026-2030.
  • Aportaciones en la COP17: más de 60 millones al GBFF y 5 millones al Fondo Fiduciario del GEF.
  • Equivalencia: unos 19.000 millones movilizados en 2024 frente al hito de 20.000 millones fijado para 2025.

La letra pequeña: 500.000 millones en subsidios que siguen intactos

El otro gran capítulo es el gasto que daña la biodiversidad. El Target 18 obliga a reducir al menos 500.000 millones de dólares anuales en incentivos nocivos y a reorientar los flujos públicos y privados. Ahí nació ‘Friends of Target 18’, la coalición liderada por Colombia y Finlandia con el respaldo del CDB, el IISD, la OCDE y la iniciativa BIOFIN del PNUD.

De momento solo cinco países se han sumado. La co-presidenta del grupo y asesora ministerial finlandesa, Marina Von Weissenberg, resumió el enfoque: no hace falta gastar más para cerrar la brecha, sino gastar mejor. El ministro de Medio Ambiente de Armenia y presidente de la COP17, Hambardzum Matevosyan, situó el valor de la cita en cómo se usan los recursos naturales y hacia dónde se dirigen los flujos financieros.

El problema de fondo es de incentivos y de tiempo. Reformar subsidios agrarios, pesqueros o energéticos que destruyen ecosistemas exige decisiones presupuestarias que ningún gobierno adopta en una semana de cumbre. Y el calendario no ayuda: la brecha se mide contra 2030.

Qué mira el inversor: de la etiqueta verde al dato de naturaleza

Hay un precedente que conviene tener a mano. El compromiso de 100.000 millones anuales de financiación climática asumido en Copenhague en 2009 tardó trece años en alcanzarse. Si la financiación biodiversidad repite ese calendario, el marco Kunming-Montreal llegará a 2030 con el mismo retraso estructural. La diferencia es que aquí no hay atajo tecnológico: un ecosistema degradado no se repotencia.

El segundo frente es la trazabilidad del dinero. La CSRD europea y la Taxonomía Verde ya obligan a las grandes empresas a justificar qué parte de su actividad es sostenible, y la biodiversidad empieza a colarse en esos informes con indicadores propios. Los bonos verdes de biodiversidad, con destino atado a proyectos concretos, son hoy el instrumento con más recorrido y también el más expuesto al maquillaje: si la emisión no detalla hectáreas restauradas o métricas verificables, la etiqueta no se sostiene.

Y el efecto llega a los lineales del supermercado. Una cadena de alimentación que exige a sus proveedores métodos sin deforestación arrastra a toda su cadena de suministro. El consumidor que busca opciones ecológicas acaba pagando, o premiando, esa trazabilidad. La transición de la biodiversidad no se decide solo en Ereván.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: 3.900 millones del GEF-9 y más de 60 millones al GBFF sostienen proyectos de conservación durante el ciclo 2026-2030.
  • Modelo que cambia: Ciudades y provincias entran como donantes directos de financiación para biodiversidad, un papel reservado hasta ahora a los Estados.
  • Para las próximas generaciones: Cerrar la brecha de 200.000 millones anuales antes de 2030 evita que el marco Kunming-Montreal herede el retraso climático.
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