El equipo de Trump sondea reabrir el gas ruso hacia Europa por los gasoductos ucranianos

Witkoff y Kushner plantearon en septiembre un intermediario estadounidense para revender gas ruso en Europa y esquivar las sanciones. La UE tiene fijado el veto al GNL ruso para el 1 de enero de 2027.

El equipo de Donald Trump sondeó en septiembre reabrir el gas ruso hacia Europa a través de los gasoductos ucranianos. La operación la pilotaron Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca, y Jared Kushner, yerno del presidente, en sendos viajes a Rusia y Ucrania.

Lo publicó el Wall Street Journal el domingo, con funcionarios estadounidenses, europeos y ucranianos como fuentes. El mecanismo es tan simple como delicado: un intermediario estadounidense compraría el gas y lo revendería al continente, esquivando el paquete de sanciones europeo y dejando margen a inversores americanos. Un cargo de la Administración dijo al Daily Caller News Foundation que hay interés europeo y que el precio caería de golpe.

El gas no volvería solo. Cualquier acuerdo económico iría atado a un pacto más amplio para cerrar la guerra. La vuelta de Rusia al mercado europeo es la zanahoria, no el objetivo: Moscú dejaría de bombardear la red eléctrica ucraniana, Kiev cobraría peajes de tránsito y las ganancias rusas quedarían en depósito (escrow) para que el Kremlin no las convierta en munición. Ese es el truco.

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Un plan con tres agujeros: sanciones, legalidad y calendario

El primer agujero es cronológico. Ucrania había pausado sus ataques a refinerías rusas por presión de Trump y Washington aparcó la idea. Kiev reanudó después los golpes contra objetivos energéticos. Con las refinerías ardiendo, el paquete pierde sentido. El calendario manda.

El segundo es ruso. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, fue explícito el lunes: ‘la situación sobre el terreno dice con toda claridad que ese tipo de planes son imposibles de implementar ahora mismo’. La Comisión Europea, la embajada ucraniana, el exportador Venture Global y, el grupo sectorial Center for LNG no respondieron a las peticiones de comentario.

El tercero es de coherencia interna. Richard Goldberg, asesor sénior de la Foundation for Defense of Democracies, lo ve como ‘un paso atrás’: la Administración lleva meses ‘centrada como un láser’ en colocar gas natural licuado por Europa y en el corredor vertical griego. Ellen Wald, del Atlantic Council, sospecha que el plan ‘no llegará muy lejos’: el gas estadounidense ya cubre el 30% del consumo europeo.

Washington quiere vender su propio gas y, al mismo tiempo, necesita el gas ruso como moneda de cambio para cerrar la guerra. Ese es el nudo.

Max Pyziur, de la Energy Policy Research Foundation, fue más duro: ‘mal concebido, de legalidad dudosa y desesperado en su ejecución’. Jason Isaac, del American Energy Institute, defendió lo contrario: si reabrir el gas ruso cierra la guerra, ‘merece una consideración seria’, siempre que el pacto proteja los intereses estadounidenses.

Bruselas ya fijó el calendario del veto y España mira el Mibgas

Europa no está en fase de debate. El Consejo de la UE cerró en enero el calendario escalonado: el GNL ruso queda vetado el 1 de enero de 2027 y el gas por gasoducto, en otoño de ese mismo año. El gas ruso era aún el 13% de las importaciones del bloque en 2025, más de 15.000 millones de euros al año.

Para España el asunto es de precios, no de tuberías. No recibe gas ruso por gasoducto y cubre casi todo su consumo por mar, con la mayor capacidad de regasificación de Europa en manos de Enagás. La referencia que paga la industria española es el Mibgas, pegado al holandés TTF: si el gas ruso abarata el TTF, la factura baja sin que España firme nada.

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El reverso tiene nombres propios. Una caída sostenida del precio deja infraestructura ociosa y castiga a las grandes comercializadoras, con Naturgy y Repsol a la cabeza, que han construido su estrategia de de gas sobre contratos de GNL americano. El Gobierno español no se ha pronunciado.

La Lógica de Washington

La pregunta que importa en Washington no es si el gas ruso es deseable, sino qué se puede ofrecer a Moscú que no sea dinero sin contrapartida. Con las sanciones sobre la banca y el petróleo apretando, el único incentivo grande que queda sobre la mesa es el mercado energético europeo. La coalición que sostiene la maniobra es el ala pragmática del Partido Republicano, que prefiere una zanahoria comercial verificable a una promesa de reconstrucción. Washington no pide permiso.

El precedente tiene cuarenta y cuatro años. En 1982, Ronald Reagan intentó bloquear con sanciones el gasoducto siberiano que abastecía a Europa Occidental, chocó con Alemania, Francia e Italia y retiró las medidas ese mismo año. La lección se repite: quien controla el gasoducto que entra en Europa controla algo más que el precio del gas. La factura de la luz pesa más que cualquier doctrina.

La contradicción no se resuelve con retórica. La Casa Blanca presume de ‘dominancia energética’ y del acuerdo comercial de julio de 2025, por el que la UE se comprometió a comprar 750.000 millones de dólares de energía estadounidense hasta 2028. Reabrir el gasoducto ucraniano compite con ese objetivo. Queda la duda jurídica: cómo se enruta gas ruso por un intermediario americano sin incumplir las sanciones europeas ni las estadounidenses.

La próxima ventana no está en el Capitolio sino en el calendario. El veto al GNL ruso entra en vigor el 1 de enero de 2027 y ninguna comercializadora europea firmará volumen nuevo antes de saber si Bruselas mueve esa fecha. Si Moscú acepta un alto el fuego antes, el debate se abre de golpe. Si no, el sondeo quedará como lo que fue: una prueba de globo. Todo depende de Moscú.

Ficha del Caso

  • El caso: Los enviados de Trump plantearon en septiembre reabrir el gas ruso hacia Europa por Ucrania con un intermediario estadounidense, dentro de un acuerdo global para cerrar la guerra.
  • Datos clave: Rusia aportaba el 13% de las importaciones de gas de la UE en 2025 (más de 15.000 millones de euros); Bruselas veta el GNL ruso el 1 de enero de 2027 y el gas por gasoducto en otoño de 2027; el gas de EE. UU. cubre ya el 30% del consumo europeo.
  • Para España: sin gasoducto ruso, la clave es el precio: un TTF más bajo abarataría el Mibgas, pero dejaría ociosa capacidad de regasificación y tensionaría los contratos de GNL americano de Naturgy o Repsol.
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