Londres y Bruselas llegan a la cumbre UE-Reino Unido del 20 de noviembre con la defensa como eje

Kallas pide a Londres priorizar la integración en los marcos de defensa existentes y aparcar el debate sobre el reingreso. Streeting advierte de que la cláusula 'Made in Europe' no debe derivar en un proteccionismo que perjudique a las dos partes.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Alta Representante, Kaja Kallas, ha pedido a Londres que se integre en los marcos de defensa que ya existen en la UE y aparque el debate sobre el reingreso, a 18 días de la cumbre del 20 de noviembre.
  • ¿Quién está detrás? Comisión Europea y Consejo por el lado comunitario (Kallas y el comisario de Defensa, Andrius Kubilius); el secretario de Defensa británico, Wes Streeting, por el británico, con escala posterior en Berlín para verse con Boris Pistorius.
  • ¿Qué impacto tiene? El Reino Unido sigue fuera del programa SAFE y de la iniciativa ‘Made in Europe’. España necesita que esa puerta no se cierre del todo: su industria y su comercio están expuestos en los dos lados.

La cumbre UE-Reino Unido del 20 de noviembre se juega en la defensa y no en el reingreso. Kaja Kallas, Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha pedido este lunes a Londres que se integre en los marcos militares que ya funcionan en Bruselas antes de abrir conversaciones sobre un regreso al club. El orden no es casual: primero lo práctico, después lo político.

El encargado de recoger el guante fue Wes Streeting, secretario de Defensa británico, que se ha reunido en Bruselas con Kallas y con el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius. Después ha puesto rumbo a Berlín para verse con el ministro alemán Boris Pistorius. Bruselas primero, Berlín después: la secuencia dibuja la geometría que Londres quiere reconstruir tras años de frialdad.

Kallas no escondió el diagnóstico. ‘Hay mucha gente traumatizada en Bruselas por el Brexit‘, dijo antes del encuentro, para añadir que las negociaciones ‘serán difíciles’ y que todavía no se está en ese punto. Traducido del lenguaje diplomático: en la capital comunitaria nadie tiene prisa por repetir el desgaste de 2017-2020.

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La propia jefa de la diplomacia europea situó el marco: la relación debe avanzar ‘paso a paso’, priorizando ámbitos concretos antes de considerar pasos más ambiciosos. Es la doctrina del acercamiento por capas que la Comisión Europea aplica desde 2021, con el Acuerdo de Comercio y Cooperación como suelo y no como techo.

Una cumbre con una sola carpeta que interesa de verdad a las dos capitales

Sobre la mesa del 20 de noviembre hay tres asuntos: la continuidad de la agresión rusa, los ataques híbridos —sabotajes, ciberataques, injerencia electoral— y el reparto de la carga militar hacia Ucrania, donde Europa asume cada vez más peso mientras Washington mira hacia otro lado. A eso se suma el futuro de la base industrial de defensa europea, el punto donde ambas delegaciones creen que pueden firmar algo tangible.

Bruselas no negocia el reingreso británico: negocia la letra pequeña de una defensa europea que no puede construirse sin Londres ni contra Londres.

Streeting lo dijo sin rodeos: el continente necesita ampliar ‘de forma significativa’ su capacidad industrial. No es una frase de cortesía. La munición, los sistemas antiaéreos y los drones son hoy el cuello de botella de cualquier promesa europea a Kiev, y Londres tiene parte de la cadena de suministro que Bruselas no cubre sola.

El primer ministro británico, Andy Burnham, ha prometido reconstruir la relación con la UE en comercio, educación, energía y defensa, y no ha descartado abrir negociaciones sobre un regreso como miembro de pleno derecho. Streeting elogió esa ‘valiente’ decisión de reabrir el debate y reconoció el coste económico: ‘Salir de la UE golpeó nuestra economía‘, admitió. Acto seguido, avisó contra la tentación de adelantar acontecimientos.

El SAFE que Londres no quiso pagar y el proteccionismo que Streeting teme

defensa compartida

El antecedente más incómodo es el programa SAFE (Security Action for Europe), el instrumento de préstamos de 150.000 millones de euros con el que la UE financia compras y desarrollo militar conjunto. Londres decidió quedarse fuera el año pasado tras no cerrar con Bruselas una cuota de entrada estimada entre 4.000 y 6.000 millones de euros, que el Gobierno británico consideró un mal uso del dinero público.

Streeting sostiene que el Reino Unido sigue comprometido con explorar una cooperación más estrecha en defensa pese a esa ausencia. El problema es de geometría institucional: sin mercado único no hay acceso a los fondos, y sin fondos la industria británica compite en desventaja con la europea por los mismos contratos.

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De ahí su advertencia contra la campaña industrial ‘Made in Europe’, que prioriza a fabricantes europeos en sectores estratégicos, defensa incluida. ‘Tenemos que tener cuidado de que no derive en un proteccionismo contraproducente’, señaló. La cláusula europea protege a los fabricantes con planta en España, empezando por la cadena de Airbus, pero también puede volverse en contra de los intereses españoles si Londres responde con aranceles o con obstáculos a la contratación pública.

El Eje del Poder Europeo

El pulso real no es Londres-Bruselas, sino Berlín-París. Alemania necesita la industria británica para densificar el escudo antimisiles europeo y para sostener el flujo de material hacia Ucrania; por eso Pistorius recibe a Streeting el mismo día. Francia recela: cada euro del SAFE que acaba en un astillero o en una fábrica de misiles británica es un euro que no consolida su propia base industrial, y París sigue leyendo la autonomía estratégica como una reserva de soberanía. Los frugales —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia, y Finlandia— añaden la pregunta incómoda: por qué financiar empleo británico cuando Londres no paga cuota de entrada. Los bálticos y Visegrado, con Kallas estonia y Kubilius lituano en la ecuación, tienen otra prioridad: Ucrania. Y en el este nadie quiere que el debate del reingreso contamine la ayuda militar.

Para España hay dos lecturas y conviene no confundirlas. La industrial: la cláusula europea del SAFE y de los programas comunes protege a los consorcios con planta en territorio español, y Madrid no tiene interés en que Bruselas abra esa cláusula a terceros países sin contrapartida. La comercial: el Reino Unido es el primer mercado emisor de turistas hacia España y uno de los destinos principales de la exportación española, de modo que un pulso proteccionista acabaría costando más en Madrid, Valencia o Málaga que en Berlín. Según fuentes diplomáticas consultadas por este medio, la posición española es favorable a un marco de defensa abierto a Londres, pero con condiciones y sin gestos que precipiten el debate del reingreso.

La lectura a cinco o diez años es otra. La UE ha construido su respuesta a cada crisis con marcos ad hoc que después acabaron reescribiendo las reglas: el MEDE y el pacto fiscal tras 2012, el Next Generation tras la pandemia. La defensa va por el mismo camino, y el SAFE será la plantilla sobre la que se negocie cualquier asociación militar con Londres en la próxima década. Si esa plantilla se cierra en falso, la cumbre del 20 de noviembre servirá para poco más que para fotografías. Si se abre con contrapartidas —acceso a contratos, alineamiento en sanciones, cooperación industrial—, Bruselas habrá encontrado la fórmula que no supo inventar en 2020.

El riesgo inmediato es de calendario. Burnham quiere hechos, Kallas quiere pasos pequeños, y el reingreso no está en la mesa de nadie con poder para convocarlo: reabrir la adhesión británica mientras se negocian capítulos con Ucrania, Moldavia y los Balcanes Occidentales sería una temeridad procedimental que nadie asume en el Berlaymont. La prueba de fuego llega el 20 de noviembre; la siguiente, en el Consejo Europeo de diciembre, donde se medirá si el dinero de defensa compra capacidad real o solo declaraciones.