3Las tres señales que avisan antes de tener que levantar el suelo: crujidos, juntas abiertas y lamas alabeadas
El crujido es el primero de los tres avisos, y la hora a la que aparece dice bastante. Si el suelo chasquea sin que nadie lo pise —al arrancar la calefacción por la mañana, o de madrugada— no hay carga que lo provoque: hay una variación de longitud buscando dónde desahogarse. Es lo habitual en los primeros fríos, cuando el aire interior se seca y la madera, higroscópica, cede humedad y encoge. Con la vivienda entre el 40% y el 60% de humedad relativa y una superficie que no pase de 27 °C, ese movimiento se queda casi siempre en anécdota; por debajo de esos registros, el parqué se mueve más de lo que admiten sus uniones. Distinto es el chasquido que suena solo al pisar y siempre en el mismo punto: ahí hablan el clic mal encajado, la lama suelta o la junta perimetral cegada contra el rodapié. Los instaladores repiten la misma cifra: entre 8 y 10 mm libres en todo el contorno. Sin ese aire, el suelo empuja contra el muro, no encuentra salida y acaba crujiendo en mitad de la estancia, lejos de la causa.
Las juntas abiertas y las lamas alabeadas son la fase siguiente, y conviene no confundirlas entre sí. Una rendija fina y repetida que se abre en noviembre y se cierra en mayo entra dentro de lo tolerado: la norma admite aberturas y combados de hasta el 1% del ancho de la tabla, es decir, unos 1,5 mm en una lama de 15 cm. El patrón preocupante es otro: juntas anchas, numerosas y concentradas, o bordes que se levantan y se ven a luz rasante. Ese abarquillado suele apuntar hacia abajo y no hacia el aire seco —soporte con humedad residual en torno al 2% en solera de cemento y al 0,5% en anhidrita, una filtración que avanza o una zona que se hincha junto a un electrodoméstico—. Y ahí está la razón de que este elemento merezca estar en la lista: ni el crujido ni el combado se resuelven desde arriba. Rellenar juntas y lijar sin localizar el origen solo compra tiempo, porque el problema sigue debajo. Levantar unas lamas para medir el soporte es lo que separa una reparación puntual de una tarima nueva colocada sobre un fallo intacto.

