Trump sondea el despido de Pete Hegseth como secretario de Defensa tras el descalabro electoral

La cadena CBS sitúa al presidente llamando a varios asesores el miércoles, mientras la portavoz Anna Kelly sostiene que Hegseth mantiene «plena confianza». Con mayorías demócratas en ambas cámaras, un relevo en el Pentágono llegaría con el impeachment ya sobre la mesa.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Varios reportes sitúan al presidente consultando a sus asesores sobre el futuro del secretario de Defensa, Pete Hegseth, tras la derrota republicana del martes. La Casa Blanca lo niega.
  • ¿Quién está detrás? El círculo presidencial y dos nombres militares señalados en los despachos internos: el almirante Brad Cooper, del Mando Central, y el general Dan Caine, del Estado Mayor Conjunto.
  • ¿Qué impacto tiene? Un cambio en el Pentágono toca de lleno a España: bases de Rota y Morón, compras de defensa y calendario de gasto ante la OTAN.

Donald Trump ha sondeado en privado el despido de Pete Hegseth como secretario de Defensa mientras la Casa Blanca niega públicamente cualquier cambio.

La cadena CBS aseguró el miércoles que el presidente de Estados Unidos ha mantenido llamadas con varios asesores en las que el nombre del titular del Departamento de Defensa ha salido a la mesa. Las fuentes son varias y ninguna firma: el reporte describe conversaciones, no una decisión tomada.

El mismo miércoles llegó la versión oficial, y en dos formatos. La portavoz Anna Kelly aseguró que el presidente «tiene plena confianza en el secretario Hegseth». Poco después, el propio Donald Trump respondió a los periodistas que no está considerando ningún relevo: «Creo que está haciendo un trabajo muy bueno».

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Otras fuentes citadas en ese mismo reporte sostienen que el presidente no tiene tomada la decisión. Parte de los despachos internos apuntan a dos nombres militares como destinatarios de la culpa: el almirante Brad Cooper, jefe del Mando Central —el mando que cubre Oriente Próximo y Asia Central—, y el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, el órgano que coordina a las Fuerzas Armadas. Ambos tuvieron peso en la orientación de la guerra con Irán.

A eso se suma el Capitolio. Antes de las elecciones de medio mandato —las midterms, las legislativas que se celebran a mitad del mandato presidencial—, el Partido Demócrata ya había intentado abrir un proceso de destitución contra Hegseth: el impeachment, el mecanismo por el que la Cámara de Representantes acusa formalmente a un alto cargo y el Senado decide después. Con mayorías demócratas en las dos cámaras, esa vía deja de ser retórica de campaña.

En Washington, la confianza pública en un secretario se mide en horas cuando el recuento electoral empieza a doler.

Del martes electoral a Rota y Morón: por qué el Pentágono importa en Madrid

Trump Hegseth

La noche del martes dejó un mapa nuevo. Los recuentos provisionales atribuyen al Partido Demócrata más de 35 escaños arrebatados en la Cámara de Representantes y una mayoría clara en el Senado. Las cifras se consolidan distrito a distrito y todavía admiten ajustes.

Y el diagnóstico interno es incómodo. Tanto Donald Trump como el vicepresidente JD Vance admitieron, por separado, que la guerra con Irán les costó las elecciones. Una concesión que en el ecosistema político americano no es frecuente.

Aquí nadie dimite por gusto.

El sondeo a pie de urna difundido por la cadena CNN ordena las piezas: el 87% de los votantes se declaró muy preocupado (59%) o algo preocupado (28%) por el precio de la gasolina, y un 74% sostuvo que la guerra de Irán fue factor crucial (34%) o importante (40%) de su voto. El surtidor pesó más que los mítines.

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La pregunta que aterriza en Madrid es otra: quién firma en el despacho del secretario de Defensa y qué implica para las dos bases que España cede a Estados Unidos. Rota y Morón no son un detalle logístico: sostienen el desplazamiento americano hacia África y el Mediterráneo, y su día a día depende de decisiones que se toman a 6.000 kilómetros.

Hay más. El Ministerio de Defensa mantiene abierta la modernización de la flota de combate y la sustitución de los F-18, con Indra, Navantia, y Airbus en la ecuación industrial. Sobre la mesa está también el compromiso de elevar el gasto en defensa hasta el 2% del PIB, la vara que la OTAN mide cada año y que España ha ido cumpliendo con calendario propio.

A eso se suma el precio del crudo. España importa prácticamente todo el petróleo y el gas que consume, y una guerra en el Golfo se traduce en factura energética, IPC e hipotecas. El conflicto que tumbó a los republicanos se paga también en los recibos españoles.

Y el gas se paga en Madrid.

La Lógica de Washington

Washington no cambia de secretario de Defensa por una noche electoral. Cambia de secretario cuando la institución necesita una cara nueva para una política que se ha vuelto cara. El precedente más limpio es de 2006: George W. Bush aceptó la dimisión de Donald Rumsfeld el 8 de noviembre, un día después de perder las legislativas, y presentó a Robert Gates como el hombre que iba a cambiar el rumbo en Irak. La decisión no nació de una revelación moral; nació de una cuenta electoral.

Antes hubo otro caso de manual. Lyndon Johnson trasladó a Robert McNamara del Pentágono a la presidencia del Banco Mundial en 1967, cuando Vietnam dejó de venderse en casa. La regla no escrita es que Defensa es el único departamento donde una guerra impopular puede encontrar una cara nueva sin que el presidente tenga que admitir un error propio.

En el caso de Hegseth hay una capa adicional que explica la contradicción entre las llamadas y el «tiene plena confianza». El secretario es el puente entre el Despacho Oval y una parte de la base que lo ve como el hombre que llegó al Pentágono a revisar programas de diversidad y códigos de conducta militar. Despedirlo tiene coste interno; mantenerlo tiene coste en el Capitolio, donde los demócratas controlan ahora la agenda de investigación.

Para España, la lectura útil no es el nombre del secretario sino el calendario. Un Pentágono en transición llega con menos margen para cerrar expedientes industriales, y con más ruido en en la negociación de las próximas compras. Si Hegseth se queda, la presión sobre el gasto y el reparto de cargas seguirá igual de firme; si sale, el sucesor necesitará una confirmación en el Senado que, con mayoría demócrata, puede dilatarse meses.

El calendario manda.

La ventana clave es enero. Si los demócratas formalizan el proceso de destitución, Hegseth tendrá que sentarse ante una cámara hostil con o sin respaldo del Despacho Oval. Y si el presidente decide cortar por lo sano en diciembre, el Pentágono entrará en el nuevo ciclo legislativo con un secretario interino. Lo que observamos es que Washington no discute si Hegseth es leal, sino cuánto cuesta defenderlo.

Ficha del Caso

  • El caso: un reporte sitúa a Trump consultando a asesores sobre el despido del secretario de Defensa tras la derrota republicana del martes, mientras la Casa Blanca sostiene que mantiene su confianza.
  • Datos clave: más de 35 escaños perdidos en la Cámara y mayoría demócrata en el Senado según recuentos provisionales; 87% de votantes preocupados por la gasolina; 74% citó la guerra de Irán como factor de voto.
  • Para España: cualquier cambio en el Pentágono afecta a las bases de Rota y Morón, al calendario de compras de defensa (Indra, Navantia, Airbus) y al compromiso del 2% del PIB ante la OTAN.
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