EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Dos aviadores estadounidenses han muerto en incidentes clasificados como ‘no hostiles’, lo que eleva a 23 los militares de EEUU fallecidos desde el inicio de la guerra con Irán, el 28 de febrero.
- ¿Quién está detrás? El Pentágono, a través de su base de datos oficial de bajas (DCAS). La Fuerza Aérea no ha identificado a los fallecidos y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, afronta críticas demócratas por la clasificación administrativa.
- ¿Qué impacto tiene? El trasvase de la Operación Epic Fury a la categoría ‘operaciones en el exterior’ diluye el coste humano de la campaña y complica el relato de la Casa Blanca ante la opinión pública y el Congreso.
El registro oficial de bajas del Pentágono (DCAS) eleva a 23 los militares de EEUU muertos en Irán desde el 28 de febrero. La última actualización incorpora a dos aviadores fallecidos la semana pasada en incidentes clasificados como ‘no hostiles’, es decir, ajenos al combate directo.
Dos aviadores sin nombre y una investigación que nadie explica
Uno era un militar en activo de la Fuerza Aérea. El otro pertenecía a la Guardia Nacional Aérea. Ambos eran hombres blancos, suboficiales de empleo medio y alto —grados E5 a E9—, uno entre los 31 y los 35 años y el otro por encima de los 35. Uno murió en el área de responsabilidad del Mando Central (CENTCOM), la franja que va del noreste de África al sur de Asia y que engloba el teatro iraní. El segundo falleció en Estados Unidos.
La norma del Departamento de Defensa obliga a difundir la identidad 24 horas después de notificar a las familias. La Fuerza Aérea no lo ha hecho. Un portavoz declinó explicar el motivo del silencio, no confirmó si el servicio ha contactado ya con los allegados y rechazó precisar desde dónde operaba el segundo aviador ni cómo fue repatriado el cuerpo. El detalle no es menor.
DCAS clasifica una de las muertes como enfermedad o lesión; la otra figura como ‘pendiente’, bajo investigación. La ficha no aclara qué departamento la instruye. Tampoco es un caso único: un capitán del Ejército que sufrió una incidencia médica a bordo de un vuelo militar rumbo a Arabia Saudí a finales de septiembre sigue en el mismo limbo administrativo.
El epígrafe que convierte una guerra en ‘operaciones en el exterior’
Ninguna de las dos muertes aparece bajo la Operación Epic Fury. El Pentágono las inscribe en la categoría ‘Overseas Operations’, con fecha de inicio el 7 de julio, porque considera concluida la operación original: un oficial de Defensa situó su cierre el 5 de mayo. Ese epígrafe acumula ya ocho militares, cuatro hostiles y cuatro no hostiles. Sumados a los 15 de Epic Fury, el total alcanza los 23 fallecidos. Los heridos en acción son 866, de ellos 417 y 449 en cada categoría, según el desglose público del Departamento de Defensa.
Cambiar de casilla no devuelve a nadie, pero reinicia el contador con el que se explica una guerra.
Varios congresistas demócratas han acusado al secretario de Defensa, Pete Hegseth, de esconder el coste humano de la campaña mediante ese trasvase de epígrafes. La crítica tiene recorrido político, aunque conviene no confundir categorías: en cualquier despliegue, los accidentes y las enfermedades se cobran más vidas que el fuego enemigo.
Un cambio de casilla. Nada más. Y, al mismo tiempo, todo.
Equilibrio de Poder
Ya ocurrió en Irak. El 1 de septiembre de 2010, Washington enterró la Operación Libertad Iraquí y estrenó la Operación Nuevo Amanecer con las mismas tropas sobre el terreno y un contador de bajas nuevo. La reclasificación de la campaña iraní responde a la misma lógica: separar el coste de la operación activa para que el desgaste no se lea como derrota en los informes trimestrales. Defensa sostiene que Epic Fury terminó, y con ella su contabilidad. En España, la gestión de las bajas de Afganistán entre 2002 y 2014 obligó al Ministerio de Defensa a construir un registro propio y transparente, precisamente porque el goteo de fallecimientos fuera de combate desgasta más que cualquier ofensiva.
En el eje Washington-Moscú-Bruselas, el movimiento tiene dos lecturas. Moscú y Pekín rentabilizarán cada ficha de DCAS como prueba de que la presión máxima sobre Teherán se cobra un precio que la Casa Blanca prefiere no detallar en prime time; Rusia, socio militar y energético de la República Islámica, tiene interés directo en que la campaña se perciba como un pozo sin fondo. Bruselas, mientras, mira el estrecho de Ormuz con la calculadora: cualquier cierre parcial dispara el crudo, el flete y el gas licuado en un continente que aún no ha reconstruido sus reservas estratégicas.
Para España el impacto no es abstracto. Rota concentra cuatro destructores AEGIS, el mayor despliegue antimisiles permanente de Estados Unidos en Europa, y Morón alberga una fuerza de reacción de proyección rápida. El tráfico aéreo militar hacia CENTCOM pasa por bases europeas, de modo que Madrid forma parte del engranaje logístico aunque no tenga tropas en el teatro iraní.
A eso se suma la factura energética: un repunte del crudo por tensión en Ormuz se traslada al transporte y a la inflación de los hogares, y golpea de lleno a Marruecos, Túnez y Egipto, con el Sahel al fondo. En esta redacción entendemos que la reclasificación es una decisión de comunicación política, no un tecnicismo burocrático; también que no toda muerte ‘no hostil’ esconde un encubrimiento, y esa incertidumbre debe reconocerse sin adornos.
El riesgo inmediato es doble: que los expedientes ‘pendientes’ se eternicen hasta que nadie pregunte y que el trasvase de categorías se consolide como práctica ordinaria en futuras campañas. La ventana crítica está en el calendario legislativo. La Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) debe cerrarse en las próximas semanas en el Congreso, y será ahí donde se mida si el Pentágono aclara el 5 de mayo, la fecha exacta del cierre de Epic Fury, o si el asunto muere en un anexo. Seguimos de cerca la próxima actualización de DCAS.

