MBDA quiere volar su interceptor hipersónico europeo en 2029 y puja con Hydef por 100 millones

El demostrador del Hydis debe volar antes de que acabe 2029 y la Comisión Europea elegirá este mes si financia su segunda fase o la del Hydef español. Alemania abandona el consorcio como país socio y el proyecto se abre a 17 Estados.

El interceptor hipersónico europeo de MBDA, el Hydis, quiere volar como demostrador completo de sistema antes de que termine 2029. Para llegar hasta ahí necesita ganar una puja de 100 millones de euros frente al Hydef, el programa coordinado por Sistemas de Misiles de España. La decisión se conocerá a finales de este mes de noviembre.

Siete metros, cuatro etapas y un problema de física que nadie ha resuelto

El concepto elegido es un misil de cuatro etapas que MBDA define como ‘interceptor hipersónico estratosférico multi-etapa’. Doble misión. Por un lado, cazar amenazas hipersónicas que llegan en horizontal a media altitud. Por otro, abatir misiles balísticos que caen en picado y deben ser interceptados en las capas altas de la atmósfera. Lionel Mazenq, vicepresidente de incubadoras de programa de la compañía, presentó el diseño en el salón Euronaval, la cita de defensa naval que se celebra en París.

La dificultad no está en el motor. Está en la predicción. Entre los 30 y los 45 kilómetros de altitud, un vehículo planeador hipersónico maniobra, y un giro leve desplaza el punto de intercepción decenas o cientos de kilómetros. La velocidad de encuentro puede alcanzar los 5 kilómetros por segundo. La solución que propone MBDA pasa por modelos de inteligencia artificial que calculan la trayectoria en tiempo real desde que se detecta el blanco y la recalculan mientras el interceptor asciende. Sin eso, según Mazenq, la presión sobre el diseño resulta ‘sencillamente imposible’ de soportar.

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El resultado es un misil de unos siete metros, un 30% más alto que el Aster B1 NT, con hit-to-kill —impacto directo, sin carga explosiva—, control de vuelo heredado del Aster y motores de propergol sólido de la italiana Avio. Compatible con celdas verticales Mark 41 y con la futura versión del Sylver de Naval Group. Máximo dos interceptores por amenaza. Y un objetivo de coste ambicioso: menos de un tercio del precio unitario de un SM-3. Para situar la cifra, un SM-3 Block 1B ronda los 9,7 a 12,5 millones por intercepción y un Block IIA sube a 27,9 millones, según los datos de la Alianza para la Defensa Antimisil.

La frase que mejor resume el programa la dejó Mazenq en la presentación: ‘Es un poco gordo, pero es un Fórmula 1. Es hipersónico, verdaderamente hipersónico, no solo Mach 5’.

El pulso con el Hydef: 100 millones y una sola plaza

El Fondo Europeo de Defensa ha financiado a ambos proyectos en su primera fase. El programa de trabajo de 2026, sin embargo, reserva dinero para uno solo. Ahí está el nudo: dos arquitecturas distintas, dos cadenas industriales distintas y una única línea presupuestaria. Bruselas decide a finales de mes. El Hydef lo coordina Sistemas de Misiles de España; el Hydis, MBDA. Y en juego no hay solo 100 millones. Hay quién diseña el escudo antimisil del continente durante las próximas dos décadas.

Europa no perderá esta carrera por velocidad pura, sino por coste: el día en que interceptar salga más caro que atacar, la defensa habrá fracasado.

El Hydis llega a esa puja con números. La fase actual, de tres años y hasta mayo de 2027, mueve 80 millones europeos más 57 millones aportados por Francia, Italia, Alemania y Países Bajos. La segunda fase dará el salto: 17 países implicados, 11 Estados miembros que ponen 133 millones además del dinero comunitario, y un consorcio que pasa de 19 empresas a 36 socios industriales y de investigación más 14 subcontratistas. Entran Safran con los sensores de guiado terminal, y Thales, Saab y Leonardo en comunicaciones y enlaces de datos.

Hay un detalle que conviene no pasar por alto: Alemania deja de ser país socio en la segunda fase. Berlín, que había aportado fondos en la primera, se baja del barco justo cuando el proyecto se amplía. Mazenq no lo desarrolló en la presentación. Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos, Suecia y Polonia arrastrarán el grueso de las contribuciones. La mayoría de los países socios aporta además fondos propios. Y el consorcio, dijo el ejecutivo, trabaja ya en ‘opciones de respaldo’ por si la Comisión escoge el Hydef. ‘Pensamos que vamos a ganar’, añadió.

El calendario es el otro dato incómodo. La segunda fase correrá de mediados de 2027 a mediados de 2029 e incluirá vuelos de prueba a escala real. Al cierre, el programa aspira a un nivel de madurez tecnológica de 3 a 6 en todas las funciones y a un demostrador completo de sistema ‘a finales de la década’. La producción arrancaría en la primera mitad de los años treinta. Traducido al lenguaje del contribuyente: capacidad operativa real, como muy pronto, a mediados de la próxima década.

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El diseño debe funcionar integrado con las capacidades espaciales europeas de alerta temprana JEWEL y Odin’s Eye, pero también con un solo radar de largo alcance. Ese requisito de robustez encarece la ingeniería y explica por qué MBDA insiste en que no basta con mirar a Moscú. ‘Estar obsesionados solo por Rusia no es la solución’, dijo Mazenq, que sitúa a China por delante en armamento hipersónico y al DF-17 como el vehículo planeador más avanzado en servicio. El único equivalente occidental es el Glide Phase Interceptor estadounidense, adjudicado a Northrop Grumman, con una diferencia de fondo: el GPI cubre solo el planeador; los balísticos de alcance intermedio quedan en manos del SM-3.

Equilibrio de Poder

La lectura desde Washington es la de siempre. Estados Unidos desarrolla su interceptor con su calendario y su industria, y contempla con frialdad que Bruselas levante una línea de defensa antimisil paralela. La doctrina estadounidense de los últimos años prioriza el Indo-Pacífico, y en Europa lo saben. Moscú mantiene en servicio el Avangard y el Kinzhal, y no necesita ganar la carrera tecnológica: le basta con que Europa llegue tarde. Bruselas, mientras tanto, aplica la lógica del mercado único a un problema de seguridad nacional y elige un solo proyecto para no duplicar esfuerzos. Coherente sobre el papel. Discutible contra reloj.

Para España el pulso tiene nombre y apellidos. Si el Hydef se lleva los 100 millones, el país coordina un segmento crítico de la defensa europea durante una década y consolida a su industria en la primera división del sector. Si pierde, vuelve a la fila de los socios menores con una silla en el consorcio ajeno. A eso se suma la arquitectura naval: las fragatas F-110, con celdas verticales Mark 41, son el cliente natural de un interceptor pensado para lanzamiento vertical. Y el escudo antimisil del Estrecho y del flanco sur continúa dependiendo, hoy, de los destructores AEGIS desplegados en Rota.

La lectura a cinco o diez años invita a la cautela. Europa ya intentó algo parecido con el MEADS, el sistema de defensa aérea que Alemania, Italia y Estados Unidos cancelaron en 2011 tras años de sobrecostes y que dejó un hueco que aún no se ha cerrado. La mayoría de los programas europeos de defensa nace con la misma hipoteca: ambición industrial antes que urgencia operativa. Repetir esa fragmentación ahora, con vehículos planeadores ya en servicio en China y con Rusia empleando hipersónicos contra Ucrania, tiene otro precio. La contradicción es difícil de explicar en público: Berlín reclama autonomía estratégica europea mientras se baja del proyecto que más se le parece.

El próximo hito es la decisión de la Comisión, a finales de este mes. Después llegarán los vuelos de la segunda fase, el demostrador de 2029 y una producción que no verá la luz antes de 2033. Para entonces, la pregunta que importará no será qué interceptor es más rápido, sino cuántos se pueden pagar por unidad y cuántos caben en un presupuesto de defensa ya tensionado por el 2% del PIB. En defensa antimisil no hay medalla de plata.