EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Comité Judicial del Senado ha programado audiencias de nominación en semanas consecutivas para intentar confirmar a los 22 jueces federales que Donald Trump tiene pendientes antes de que los demócratas asuman la mayoría.
- ¿Quién está detrás? El presidente del comité, Chuck Grassley, y una mayoría republicana que pierde la cámara el 3 de enero con una proyección de al menos 54 escaños demócratas.
- ¿Qué impacto tiene? Los tribunales federales resuelven litigios regulatorios y mercantiles que afectan a filiales americanas de empresas españolas; un Senado demócrata ralentiza las confirmaciones durante los dos últimos años del mandato.
Donald Trump tiene ocho semanas para confirmar a sus jueces federales antes de que los demócratas controlen el Senado el 3 de enero. A partir de ahí, el árbitro cambia de manos.
Ocho semanas, 22 nominados y un comité que rompe su propio ritmo
El Comité Judicial del Senado, que sigue en manos republicanas hasta el 3 de enero, ha metido en el calendario audiencias de nominación en semanas consecutivas a partir de la próxima. Su presidente, Chuck Grassley, ha decidido romper la cadencia habitual —una tanda cada dos semanas— y pasar a velocidad de crucero. La razón es aritmética: cada semana que corre es una semana menos para sentar a un juez antes de que el árbitro cambie.
Los números explican la prisa. En lo que va de segundo mandato, Trump ha logrado confirmar a 56 de sus nominados judiciales y mantiene 22 pendientes, según el recuento que maneja el comité. Hay 22 nombres en el limbo y un reloj de ocho semanas. El profesor Carl Tobias, de la Universidad de Richmond, lo resume así: ‘parece que van a ir con bastante agresividad’, porque ‘no creo que haya mucha legislación por hacer’ en las semanas que quedan.
234 jueces, el récord de Biden y la sombra del Supremo

El listón que se juega el presidente no es menor. En su primer mandato confirmó a 234 jueces federales, incluidos tres del Tribunal Supremo, una marca que solo Joe Biden superó al cerrar su mandato con 235 jueces federales y un magistrado del Supremo. La diferencia ahora es estructural: tanto Trump como Biden tuvieron a su partido al mando de la cámara alta los cuatro años completos. Trump no tendrá esa ventaja ni dos años.
Con una mayoría demócrata proyectada de al menos 54 escaños, el Senado deja de ser una cámara de trámite y se convierte en una aduana. Los nominados de apelación, los que de verdad fijan doctrina, son los primeros que se caen. La única vía que queda es el intercambio: soltar candidatos moderados en los estados azules a cambio de que el Partido Demócrata no bloquee el paquete entero. ‘El presidente va a tener que hacer mucho trueque’, resume John Malcolm, del instituto Meese III de Advancing American Freedom. ‘Tú dejas pasar a este y yo te nombro a aquel que te gusta’.
Y luego está el Supremo. Durante todo el año se ha especulado con una retirada de Samuel Alito, que el mes pasado dijo sentirse ‘desconcertado’ por los rumores y comparó la situación con ‘ver a los buitres dar vueltas’. Si anunciara su salida en las próximas semanas, los republicanos tendrían ese margen para repetir lo que hicieron con Amy Coney Barrett en 2020: de nominación a confirmación en 30 días. Clarence Thomas, nombrado por George H. W. Bush en 1991, ha dejado claro que quiere ser el juez más longevo de la historia —lo será en mayo de 2028, si no hay sorpresas— y no piensa moverse.
El legado judicial es el único que un presidente firma una vez y sigue interpretando la ley mucho después de que él haya dejado el cargo.
La Lógica de Washington
La lógica de la Casa Blanca se entiende rápido si uno se sienta en el despacho correcto. Un presidente que pierde el Congreso pierde la capacidad de legislar, pero conserva intacta la de nombrar. Y los jueces federales son el único legado que no se deroga con una votación ni caduca con un cambio de mayorías. La coalición que sostiene esta prioridad es la misma desde Reagan: el movimiento legal conservador, la Federalist Society como cantera de candidatos y el electorado evangélico, para quien el tribunal pesa tanto como la papeleta.
Hay además una lectura de eficiencia pura. Confirmar jueces no cuesta presupuesto, no requiere apropiaciones y solo necesita una cosa: tiempo de sesión. Por eso el calendario es la variable crítica y por eso Grassley duplica audiencias en lugar de esperar. Lo que observamos es que Washington aplica el manual de 2016 pero al revés: entonces fue un Senado republicano el que bloqueó durante once meses al candidato de Barack Obama para el puesto de Antonin Scalia, alegando que un año electoral no era momento de confirmar. Aquella jugada dejó un precedente que el Partido Demócrata puede devolver con intereses: si hay vacante en el Supremo entre 2027 y 2028, dejarla abierta hasta después de las elecciones es una opción perfectamente disponible.
Para España, el asunto entra por una puerta poco visible y muy concreta. Las filiales americanas de grupos españoles —Iberdrola en renovables, Santander en banca de consumo, Ferrovial en concesiones, Telefónica en servicios digitales— litigan, negocian y recurren decisiones regulatorias ante tribunales federales de distrito y de circuito. La composición de esos tribunales influye en cómo se leen las leyes de competencia, de sanciones y de comercio que les afectan. Un Senado demócrata no mueve a los jueces ya sentados, pero enfría la cobertura de vacantes: menos confirmaciones, más plazas libres y, en la práctica, expedientes que se alargan. Para una compañía con un litigio abierto, un año de retraso es dinero.
El calendario que viene es ajustado y verificable. La próxima semana arrancan las audiencias del comité; el 3 de enero se sienta el 120º Congreso, y el Partido Demócrata toma el martillo del comité y la mayoría del pleno. Entre esas dos fechas se decide si Trump cierra su segundo mandato con una veintena de jueces más o con la mitad. La incógnita real no es el número: es si Alito, Thomas o cualquier otro magistrado del Supremo mueven ficha en un plazo de ocho semanas. Si no lo hacen, el cuarto nombramiento en el Supremo con el que se especulaba al inicio del mandato se quedará en el cajón, casi con toda probabilidad, hasta 2029.
Ficha del Caso
- El caso: El Senado republicano acelera la confirmación de jueces federales en el periodo de sesiones de salida, antes de perder la cámara el 3 de enero frente a una mayoría demócrata de al menos 54 escaños.
- Datos clave: 56 nominados confirmados en el segundo mandato, 22 pendientes, 234 jueces en el primer mandato y tres del Supremo; la cámara cambia de manos en ocho semanas.
- Para España: la composición y la velocidad de renovación de los tribunales federales condicionan los litigios regulatorios y comerciales de las filiales americanas de Iberdrola, Santander, Ferrovial o Telefónica.
