Adiós al agua embotellada: el truco de una ingeniera química para garantizar agua del grifo de calidad

La ingeniera Laura Ferràndez, que ha trabajado en la potabilizadora de Figueres, asegura que el agua del grifo pasa controles más estrictos que la embotellada. Descubre cómo aplicar su criterio en casa para obtener un agua perfecta y un ahorro que notarás en el bolsillo.

Cargar con garrafas de seis litros, el plástico acumulándose en casa y esa mosca detrás de la oreja de si realmente estamos gastando el dinero a lo tonto. Esa escena se repite en miles de cocinas españolas cada semana. Muchos recurrimos al agua embotellada por desconfianza hacia la del grifo, pero ¿y si te dijera que el agua que sale de tu fregadero es uno de los productos con más controles de calidad de todo lo que consumimos?

La ingeniera química Laura Ferràndez lo tiene claro tras años trabajando en una planta de potabilización. ‘Siempre bebo agua del grifo, pasa más controles de calidad de lo que pensamos’, explicaba a El Periódico. Y no es una opinión precipitada: ella ha participado en procesos de desinfección y optimización del agua en la potabilizadora de Figueres, donde incluso ha aplicado inteligencia artificial para ajustar el uso del ozono y reducir subproductos.

El secreto del éxito

  • Controles que no ves: El agua del grifo en España, según la normativa de agua potable, se examina con frecuencia diaria en parámetros químicos y microbiológicos. Límites estrictos para trihalometanos, cloro residual y metales pesados te protegen en cada sorbo.
  • El reposo inteligente: Si el sabor del cloro te incomoda, llena una jarra de vidrio y déjala en la nevera al menos 30 minutos. El frío enmascara sabores y el cloro se volatiliza, consiguiendo una frescura que nada tiene que envidiar a la embotellada.
  • El filtro como aliado: En zonas con aguas muy duras o sabor terroso, un filtro de carbón activo (de los que se acoplan al grifo o en jarra) elimina olores y afina el perfil. No es imprescindible, pero marca la diferencia para paladares sensibles.

Lo que necesitas

  • Una jarra de vidrio de 1-2 litros
  • Un grifo de agua corriente
  • Filtro de carbón activo (opcional)
  • Nevera
  • Un plato o tapa improvisada

Paso a paso

Abre el grifo y deja correr el agua durante 10 segundos para eliminar el agua estancada en las tuberías de tu vivienda. Luego, llena la jarra de vidrio. Si has optado por el filtro, hazla pasar por él.

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Tapa la jarra con un plato o papel film – no hace falta sellado hermético – e introdúcela en la nevera. El reposo mínimo es de 30 minutos, aunque si puedes dejarla de un día para otro, el perfil se redondea aún más.

Saca la jarra, sirve en vaso y notarás un agua sin aristas, fresca y lista para beber o cocinar. A partir de aquí, cada vez que llenes la jarra repites el proceso sin pensar.

Cosas que pasan en 2026.

Variaciones y maridaje

Si quieres darle un giro, añade rodajas de limón, pepino o unas hojas de menta durante el reposo. Obtendrás un agua aromatizada natural que gana al refresco más caro.

En la mesa, el agua del grifo bien fría marida de cine con platos contundentes como un cocido o una barbacoa. Con pescados y ensaladas delicadas, sácala 10 minutos antes para atenuar el frío y no enmascarar sabores.

Y los números hablan: una familia que consuma dos litros diarios de agua embotellada puede gastar más de 300 euros al año. Con el grifo y una jarra reutilizable, el coste se reduce a menos de 5 euros. Y además reduces plástico.

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Cocina con ella: las legumbres, las pastas y las verduras hervidas mejoran su sabor si usas agua de grifo de calidad; el truco está en no salarla hasta que rompa el hervor, para preservar la textura.