EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La inflación interanual de la eurozona subió al 3,2% en mayo, impulsada por el alza del 10,9% de la energía, y se aleja del objetivo del 2% del BCE.
- ¿Quién está detrás? La escalada energética, agravada por la guerra en Oriente Medio, y la presión de los servicios (3,5%) empujan las cifras. Todos los países de la UE superan la meta.
- ¿Qué impacto tiene? El BCE se enfrenta ahora a una decisión de tipos el 11 de junio con creciente presión para subir 25 puntos básicos. España lidera la inflación entre las grandes economías, lo que complica la posición de Moncloa.
La inflación de la eurozona disparó todas las alarmas en mayo al alcanzar el 3,2% interanual, la tasa más alta desde el verano de 2023, según los datos publicados este martes por Eurostat. El repunte de la energía —que subió un 10,9% interanual, una décima más que en abril— explica en gran medida el salto desde el 2,4% registrado en abril. La escalada de los precios del crudo y el gas, alimentada por la crisis en Oriente Medio, ha vuelto a poner a prueba la credibilidad del Banco Central Europeo.
El dato complica el escenario para el Consejo de Gobierno del BCE, que se reunirá en Fráncfort el próximo 11 de junio. La inflación se aleja del objetivo del 2% y la evolución de los precios subyacentes —que excluyen energía y alimentos frescos— también repuntó al 2,5%, tres décimas más que en el mes anterior. Un indicio claro de que las presiones inflacionarias no se limitan al componente energético.
La inflación subyacente, en particular, preocupa a Fráncfort. Con los servicios subiendo un 3,5% —cinco décimas más que en abril—, el temor a efectos de segunda ronda, donde los salarios intentan compensar la pérdida de poder adquisitivo, se vuelve palpable. Los alimentos, el alcohol y el tabaco subieron un 2%, aunque moderaron su avance respecto al mes anterior.
Con la reunión del BCE a la vista, el mercado descuenta un incremento de 25 puntos básicos que elevaría el tipo de depósito del 2% al 2,25%. Pero la decisión no es sencilla. Subir tipos encarece la financiación de los Estados más endeudados —como España o Italia— en un momento en que la reactivación económica sigue siendo frágil. Los analistas de Oxford Economics e ING, Iain Simmons y Carsten Brzeski, coinciden en que el dato allana el camino para una subida.
El BCE llega a Fráncfort sin margen: o sube tipos y enfada a los gobiernos con alta deuda, o los mantiene y arriesga que la inflación se le escape de las manos.
España lidera la clasificación de las grandes potencias
Con un 3,6% interanual, España se sitúa como la economía con mayor inflación entre las grandes potencias de la eurozona, superando a Italia (3,3%), Francia (2,8%) y Alemania (2,7%). La brecha con la media europea agranda la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez, que ve cómo los precios de la energía y los servicios erosionan la capacidad adquisitiva de los hogares justo cuando el BCE podría apretar aún más el crédito.

Más allá de las grandes economías, las tasas más elevadas se registran en Bulgaria (6,3%), Lituania (5,1%) y Grecia (5%). En el desglose, los servicios repuntaron un 3,5% cinco décimas más que en abril, mientras que los alimentos el alcohol y el tabaco subieron un 2%, aunque moderaron su avance respecto al mes anterior.
El Eje del Poder Europeo
El pulso entre Fráncfort y los gobiernos del sur se recrudece. Mientras los halcones del norte —Países Bajos, Austria— exigen mano dura contra la inflación, España e Italia temen que una subida de tipos asfixie sus cuentas públicas y enfrente a la opinión pública justo antes del ciclo electoral de 2027. La historia no es nueva: en 2011 el BCE subió tipos dos veces justo antes de la crisis de deuda soberana, un error que ahora nadie quiere repetir.
Para España, el escenario es especialmente delicado. La inflación del 3,6% resta margen al Gobierno para justificar medidas de estímulo y obliga a Moncloa a defender en Bruselas una política fiscal aún expansiva. El eco de la regla de gasto, que ya ha obligado a Sánchez a diseñar un presupuesto más restrictivo, puede amplificarse si los tipos suben: los intereses de la deuda —ya en máximos— se dispararían, reduciendo el espacio para inversiones y políticas sociales.
La lectura estratégica va más allá: el BCE está atrapado entre dos fuegos. Por un lado, la inflación energética y de servicios le impide mantener los tipos quietos sin perder credibilidad. Por otro, la economía de la eurozona sigue frágil, con Alemania al borde de la recesión y una demanda interna lastrada. Un incremento de tipos hoy podría terminar estrangulando el crecimiento si la crisis energética se prolonga. Lagarde deberá hilar fino en la rueda de prensa del 11 de junio para no repetir los errores de Trichet en 2011.
Observamos un patrón: cada vez que los precios de la energía castigan al sur, el BCE se ve forzado a actuar y Bruselas pierde margen para la cohesión. La próxima cumbre del Consejo Europeo, a finales de mes, será la primera prueba de fuego para un eje franco-alemán que ve cómo la inflación divide a la unión monetaria.
