EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un dron no identificado entró en espacio aéreo de Letonia desde Rusia y fue derribado por un caza Rafale francés en misión de policía aérea de la OTAN.
- ¿Quién está detrás? Las autoridades letonas señalan que el dron fue afectado por guerra electrónica rusa, aunque su origen exacto no está confirmado. La orden de derribo partió del mando de la OTAN.
- ¿Qué impacto tiene? El incidente eleva la tensión en el flanco oriental y evidencia el riesgo de que la guerra en Ucrania se desborde hacia territorio aliado. Refuerza la necesidad de sistemas antidrón en toda la Alianza.
Un caza Rafale de la Fuerza Aérea francesa, desplegado en el marco de la misión de Policía Aérea del Báltico de la OTAN, derribó esta mañana un dron no identificado que había ingresado en el espacio aéreo de Letonia desde Rusia. El incidente, confirmado por el Ministerio de Defensa letón y por un portavoz del ejército francés, eleva la tensión en el flanco oriental de la Alianza y pone de manifiesto el riesgo de que la guerra electrónica empleada por Moscú en Ucrania afecte directamente a territorio aliado.
Los detalles del derribo: 30 km dentro de Letonia
El aparato fue detectado en la mañana del lunes tras cruzar la frontera ruso-letona. Según el ejército letón, el dron penetró en espacio aéreo de la OTAN «como resultado de una interferencia de guerra electrónica rusa». El derribo se produjo a las 07:05 GMT en las inmediaciones de la localidad de Berzgale, a unos 30 kilómetros de la frontera. El caza Rafale, perteneciente a la misión de Policía Aérea del Báltico, recibió la orden de fuego directamente del mando de la OTAN, según precisó el ministro de Defensa letón, Raivis Melnis, en una comparecencia ante los medios.
El primer ministro letón, Andris Kulbergs, celebró en su cuenta de X la «rápida toma de decisiones y la actuación profesional» de las fuerzas aliadas. No se registraron heridos ni daños materiales, aunque las autoridades habían alertado previamente a la población de las regiones orientales para que buscaran refugio. A lo largo de la tarde, numerosos vehículos militares rastreaban los campos de la zona en busca de restos del dron.
La preocupación crece en el flanco oriental y Bruselas reacciona

El derribo de hoy se suma a una cadena de intrusiones que han puesto en alerta a las repúblicas bálticas y a Moldavia. Este mismo lunes, fragmentos de un dron ucraniano aparecieron en un campo moldavo, un suceso que Chisinau ha atribuido directamente a la guerra de Rusia contra Ucrania. El ministro de Exteriores estonio, Margus Tsahkna, afirmó que ambos incidentes «confirman que la agresión continuada de Rusia contra Ucrania constituye una amenaza más allá de las fronteras ucranianas».
En Letonia, el ejército había advertido ya en mayo de que estaba reforzando sus defensas antidrón. El pasado mes, un caza F-16 rumano –también integrante de la misión de Policía Aérea del Báltico– derribó un presunto dron ucraniano sobre Estonia. Ucrania ha intensificado sus ataques con drones de largo alcance contra territorio ruso, varios de los cuales han terminado desviándose hacia Finlandia, Lituania y otros vecinos. Kiev achaca esas trayectorias erráticas a la guerra electrónica rusa.
El derribo de hoy es la constatación de que la guerra electrónica rusa está desbordando los cielos de la OTAN, y los cazas aliados ya no solo patrullan, sino que disparan.
Un portavoz de la OTAN declaró: «Esto demuestra una vez más la determinación y la capacidad de la OTAN para disuadir y defender». La Fuerza Aérea francesa confirmó que sus cazas habían derribado un dron no identificado. La misión de Policía Aérea del Báltico patrulla los cielos de Letonia, Lituania y Estonia desde su adhesión a la OTAN en 2004 y actualmente cuenta también con F-16 rumanos y portugueses.
Equilibrio de Poder
El incidente de Berzgale llega en un momento de creciente asertividad rusa en el espacio aéreo y marítimo del Báltico. Para la administración Trump, que sigue condicionando su compromiso con la defensa europea al aumento del gasto militar, un derribo como este es una prueba más de que la disuasión aliada funciona. Sin embargo, la atribución del dron a la guerra electrónica rusa introduce una capa de ambigüedad: Moscú no reivindica la acción pero utiliza sus capacidades de EW para desestabilizar. Bruselas, por su parte, ha acelerado el desarrollo de su Escudo Antidrón Europeo, aunque la implementación de soluciones concretas sigue siendo lenta.
Para España, el temblor se nota en el Cuartel General de la OTAN en Bruselas, no en el Báltico. Nuestro país no tiene cazas desplegados en la misión del Báltico, pero sí participa activamente en la defensa aérea del flanco sur y en la vigilancia del Mediterráneo. La escalada de incidentes con drones en el este obliga a revisar los protocolos de respuesta rápida en toda la Alianza, incluidos los que se aplican en el Estrecho y el Sahel. Además, la creciente demanda de misiles y sistemas antidrón presionará los presupuestos de defensa nacionales, justo cuando Moncloa ha empezado a ceder ante la exigencia de Washington de alcanzar un gasto militar del 5% del PIB.
A corto plazo, el riesgo inmediato es que un próximo dron no sea derribado y cause bajas civiles en suelo aliado. La OTAN ha establecido reglas de empeño más flexibles desde la anexión de Crimea en 2014, pero el primer impacto sobre infraestructura crítica en un Estado miembro activaría el Artículo 5. El patrón de los últimos doce meses –drones ucranianos desviados, interferencias rusas en el Báltico y la creciente actividad en el Ártico– sugiere que la zona gris se está tiñendo de gris oscuro. La Alianza tendrá que decidir si responde únicamente derribando aparatos o si activa contramedidas electrónicas ofensivas contra las estaciones rusas de perturbación. La cumbre de la OTAN prevista para julio en Vilna será el escenario en el que estas decisiones adquieran cuerpo.
