Submarinos británicos fuera de servicio: los cinco Astute de la Royal Navy, inoperativos

La flota de ataque submarina británica está completamente atracada por problemas de mantenimiento. El Reino Unido se queda sin capacidad de disuasión bajo el agua en plena tensión con Rusia, lo que afecta al equilibrio de la OTAN en el Atlántico y compromete la protección de sus

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los cinco submarinos de ataque clase Astute de la Royal Navy están atracados en puerto por falta de mantenimiento y reparaciones. Una sexta unidad, aunque comisionada, aún no está lista.
  • ¿Quién está detrás? La crisis es interna británica, pero Rusia la observa como una ventana de oportunidad. Moscú niega planes de ataque pero la debilidad submarina del Reino Unido reduce la disuasión de la OTAN.
  • ¿Qué impacto tiene? La Royal Navy queda sin capacidad cazadora para proteger sus misiles nucleares Trident y sus portaaviones. Para España, este vacío altera el equilibrio naval en el Estrecho de Gibraltar y debilita las operaciones de la OTAN en el Magreb-Sahel.

El Reino Unido se ha quedado esta semana sin capacidad de ataque submarino: los cinco sumergibles nucleares de la clase Astute, los únicos cazadores de la Royal Navy, permanecen inmovilizados en puerto a la espera de mantenimiento. Según informaciones de The Telegraph y el Daily Mail, todos ellos están fuera de servicio, y una sexta unidad, aunque ya comisionada, todavía no está lista para desplegarse. La situación, calificada de ‘inaceptable’ y de ‘llamada de atención seria’ por antiguos mandos navales, deja a la potencia nuclear sin escolta submarina para sus portaaviones y sus misiles balísticos Trident.

Capacidades de la clase Astute y el vacío actual

Los Astute son la columna vertebral de la flota de ataque británica. Estos buques de propulsión nuclear, armados con torpedos Spearfish y misiles de crucero Tomahawk, están diseñados para rastrear y disuadir a los submarinos enemigos, así como para escoltar a los portaaviones de la clase Queen Elizabeth y a los submarinos de misiles balísticos Vanguard, que transportan las ojivas nucleares Trident. Sin ellos, la Royal Navy carece de medios para neutralizar amenazas bajo el agua. El comandante Ryan Ramsey, antiguo capitán de submarino nuclear, declaró a The Telegraph que esta es ‘una llamada de atención muy seria’ y que el Reino Unido aparece ahora ‘desdentado’ frente a una hipotética agresión rusa. El laborista Lord West, ex primer lord del Mar, fue aún más contundente: ‘Es inaceptable y muy preocupante; los submarinos de ataque son esenciales para proteger nuestra disuasión nuclear y para aterrorizar a los rusos’.

Los problemas no son nuevos. En 2023, medios británicos ya informaron de que todos los submarinos de ataque disponibles estaban confinados en puerto por retrasos en el mantenimiento, escasez de ingenieros navales y falta de capacidad en los diques secos. El Ministerio de Defensa británico no ha ofrecido una fecha para la vuelta al servicio de las unidades. La Royal Navy dispone de una sexta nave de la clase, el HMS Agamemnon, que fue entregada oficialmente en 2025 pero aún no ha completado su periodo de pruebas y adiestramiento, por lo que tampoco cuenta para las operaciones.

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El impacto sobre la disuasión nuclear y la estrategia de portaaviones

Este apagón operativo coincide con un momento de extrema tensión en Europa. El jefe del Estado Mayor de la Defensa británico, Sir Richard Knighton, afirmó la semana pasada a la BBC que el Reino Unido afronta su periodo más peligroso desde la Guerra Fría, con una Rusia que ‘sondea, desafía y pone a prueba nuestras defensas’. Moscú, sin embargo, insiste en que no tiene planes de atacar a la OTAN salvo que sea agredida primero. El presidente Vladimir Putin ha calificado esas advertencias de ‘delirios’ y ‘provocaciones’ destinadas a asustar a la población europea y justificar mayores presupuestos militares. Fuentes navales consultadas por esta redacción apuntan a que Reino Unido depende de sus submarinos para garantizar el segundo golpe nuclear: si los Vanguard son detectados sin escolta, su capacidad de supervivencia se reduce significativamente.

La ausencia de cazadores submarinos también compromete la proyección de los portaaviones. El HMS Prince of Wales, buque insignia de 3.500 millones de libras, ha sufrido otra avería y tuvo que refugiarse en Noruega la semana pasada. Sin escolta submarina, el grupo de combate del portaaviones es vulnerable a la llamada ‘amenaza submarina’ rusa en el Atlántico Norte y el mar del Norte, justo las zonas que Moscú patrulla con sus clase Yasen y los más antiguos Kilo mejorados.

El Reino Unido carece ahora de un cazador submarino operativo, un vacío que resuena desde Gibraltar hasta el Ártico.

Mientras, la Royal Navy mantiene el discurso oficial de que Rusia representa una amenaza real y concreta. El propio Knighton detalló que los buques rusos han incrementado su presencia cerca de cables submarinos de comunicación y de infraestructuras críticas en el mar del Norte. Pero la paradoja es evidente: se alerta de un peligro para el que no hay medios de respuesta inmediata.

Equilibrio de Poder

Desde la óptica del eje Washington-Moscú-Bruselas, la crisis de los Astute abre un boquete en la arquitectura defensiva de la OTAN. La Alianza cuenta con otras flotas de submarinos de ataque —los Virginia estadounidenses, los Suffren franceses, los Type 212 alemanes—, pero ninguno opera con la misma autonomía nuclear que los británicos en el Atlántico oriental y el acceso al Báltico. Washington observa con preocupación: el Reino Unido es su socio más fiable en el flanco norte, y una debilidad prolongada obligaría a la US Navy a redoblar patrullas con sus propios Virginia, algo difícil de sostener con el foco del Pentágono en el Indo-Pacífico.

Para Moscú, la situación es un regalo táctico. Sus submarinos convencionales y nucleares pueden operar con menos riesgo de ser interceptados por unidades británicas, lo que facilita el espionaje de las rutas de los Trident y la monitorización de los cables submarinos. Aunque el Kremlin niega cualquier intención hostil, el movimiento de sus sumergibles lleva años en aumento. Sin el contrapeso británico, el dominio ruso bajo la superficie gana enteros en el Atlántico Norte y el mar de Barents.

El impacto para España es directo y tiene varias capas. Primero, la frontera sur: la Royal Navy ha sido tradicionalmente un actor clave en la vigilancia del Estrecho de Gibraltar y en las operaciones de la OTAN contra tráficos ilícitos en el Magreb y el Sahel. Sin submarinos británicos, la responsabilidad de patrullar las rutas de entrada al Mediterráneo recae aún más sobre la Armada española y sus submarinos clase S-80, cuya disponibilidad aún es limitada. En segundo lugar, el vínculo con Gibraltar cobra una dimensión estratégica renovada: un Reino Unido sin capacidad submarina es un Reino Unido menos capaz de proyectar poder en el Mediterráneo occidental, lo que refuerza la posición de España como actor naval de primer orden en la Alianza. Por último, la industria de defensa española, integrada en programas europeos como el futuro sistema de combate aéreo FCAS o el consorcio de submarinos, puede beneficiarse si la OTAN decide impulsar una capacidad submarina europea más autónoma para cubrir este tipo de carencias.

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En una lectura a diez años, lo que revelan los Astute sin salir de puerto es la fragilidad industrial del Reino Unido post-Brexit. La falta de diques secos suficientes, la escasez de ingenieros navales cualificados y la dependencia de contratos de mantenimiento con empresas privadas han creado un cuello de botella que ni el aumento del gasto militar ha resuelto. De mantenerse, esta situación erosionará la credibilidad del Reino Unido como potencia nuclear y como pilar del flanco norte de la OTAN. La próxima cumbre de la Alianza en Bruselas, prevista para finales de 2026, pondrá a prueba si Londres puede ofrecer un calendario creíble para recuperar su flota submarina o si la Alianza tendrá que asumir que el Atlántico queda, durante un tiempo, sin uno de sus guardianes históricos.