Si tienes reservada una noche en un hotel de cinco estrellas de San Sebastián este verano, prepárate para ver un cargo extra en tu factura. La ciudad donostiarra ha pasado a la historia al convertirse en la primera del País Vasco en activar el nuevo impuesto sobre estancias turísticas, aprobado por las tres Diputaciones Vascas a principios de 2026. La tasa puede llegar a los 7,50 euros por persona y noche en los establecimientos más lujosos, lo que coloca a Donostia en el mapa de las ciudades europeas que ya cobran por el derecho a dormir en ellas.
El debate lleva años sobre la mesa en el Ayuntamiento donostiarra, pero ahora es una realidad. El alcalde Eneko Goia lleva tiempo defendiendo que lo recaudado debe mejorar la ciudad y sus servicios, y el sector turístico, aunque no entusiasta, ha participado activamente en el diseño de la norma. El resultado es un impuesto que, según las estimaciones del propio consistorio, podría ingresar hasta 8,5 millones de euros anuales para reinvertir en la ciudad.
¿Cuánto pagarás en San Sebastián según dónde te alojes?
La horquilla del nuevo impuesto va de los 0,75 euros por noche en los alojamientos más básicos hasta los 5 euros fijados por la Diputación de Gipuzkoa como tarifa base máxima para establecimientos de lujo. Sin embargo, los municipios con más de 750 plazas turísticas —categoría en la que entra San Sebastián sin ninguna duda— pueden aplicar un recargo de hasta el 50% adicional, lo que lleva la cifra hasta el tope de 7,50 euros por persona y noche.
La normativa tiene también un techo de generosidad: el impuesto solo se aplica un máximo de cinco noches por estancia continuada, de manera que quien se quede más de una semana no sigue sumando cargos a partir del sexto día. Además, están exentos los menores de 18 años —el umbral más alto de toda España—, los viajeros por motivos de salud y las personas con discapacidad igual o superior al 65%.
San Sebastián y Donostia, una ciudad que ya notaba la presión del turismo
La razón de fondo de esta tasa no es solo recaudatoria. San Sebastián es una de las ciudades más solicitadas del norte de España, y Donostia, como se conoce en euskera, lleva años enfrentando la paradoja del éxito: más turistas, más ingresos para el sector, pero también más presión sobre los servicios públicos, el transporte y la convivencia en barrios como la Parte Vieja. El propio sector hotelero reconoció que, si el impuesto se diseñaba con consenso, podría resultar aceptable.
El acuerdo entre los tres territorios forales —Álava, Gipuzkoa y Bizkaia— para aprobar una normativa homogénea es un hito en sí mismo. Cada diputación ha trasladado competencias a los ayuntamientos para que sean ellos quienes decidan si aplican o no el impuesto, y en qué cuantía dentro de los márgenes establecidos. San Sebastián ha sido la primera en dar el paso; los municipios pequeños, con 25 plazas o menos, pueden incluso aplicar una bonificación del 100% y no cobrar nada.
El problema del turismo masivo, un debate que va mucho más allá del País Vasco
España recibió en 2024 alrededor de 94 millones de turistas extranjeros, una cifra que ha disparado el debate sobre la gestión del turismo en destinos especialmente saturados. Desde Barcelona hasta las Islas Baleares, pasando por San Sebastián, varias ciudades llevan años pidiendo herramientas para controlar los flujos de visitantes sin ahuyentarlos. Las tasas turísticas son, en este contexto, una de las palancas más discutidas: no frenan el turismo, pero sí contribuyen a financiar los costes que genera.
La ecotasa balear fue pionera en España y ha servido de referencia para el modelo vasco. Lo que diferencia al nuevo impuesto de Donostia es su carácter finalista y negociado: el dinero recaudado debe revertir en mejorar la ciudad, con propuestas concretas como ampliar la frecuencia del transporte público en horarios en los que trabajan los empleados del sector. No es un impuesto más; es, al menos sobre el papel, un pacto entre la ciudad y su industria turística.
Bilbao, siguiente en la lista; ¿y el resto del País Vasco?
Bilbao prevé activar su propia tasa antes de que acabe 2026
Bilbao ha dejado claro que no quiere quedarse atrás. La capital vizcaína prepara su propio modelo de tasa turística y la previsión es tenerlo operativo antes del cierre del año. Bilbao recibe millones de visitantes atraídos por el Guggenheim y una oferta gastronómica que compite directamente con la de San Sebastián, por lo que los números de recaudación potencial no se quedan muy por detrás de los donostiarras.
La plena vigencia en todo Euskadi, prevista para 2027
El consejero de Turismo del Gobierno Vasco, Javier Hurtado, ha señalado que durante 2026 algunos municipios irán activando el impuesto de forma progresiva, pero que la plena vigencia en todos los municipios de Euskadi llegará en 2027. Los ayuntamientos disponen de un plazo máximo de seis meses desde la entrada en vigor de la Norma Foral para adaptar sus ordenanzas fiscales, lo que explica el despliegue escalonado a lo largo del año.
Lo que debes saber si vas a dormir en San Sebastián este verano
- La tasa se paga por persona y noche, y la cobra el establecimiento en el momento del alojamiento.
- El máximo son 5 noches por estancia: a partir de la sexta, no se cobra.
- Los menores de 18 años están exentos, así como quienes viajan por motivos de salud o tienen discapacidad reconocida ≥65%.
- En hoteles de lujo de San Sebastián, el importe puede alcanzar los 7,50 euros por persona y noche.
San Sebastián, un modelo a seguir o un precedente que incomoda
La puesta en marcha de esta tasa en Donostia no es solo una noticia local; es el primer capítulo de un proceso que va a transformar la relación entre el turismo y las ciudades vascas. Si la recaudación se destina efectivamente a mejorar servicios y calidad de vida —transporte, limpieza, zonas verdes—, San Sebastián puede convertirse en un modelo de gestión turística responsable que otros municipios del norte de España observen con atención.
El reto está en la transparencia y en la rendición de cuentas. Las ciudades que han logrado que sus vecinos acepten la convivencia con el turismo masivo son las que han sabido demostrar que ese dinero vuelve al barrio. Donostia, con su capacidad histórica para tejer consensos difíciles, tiene las condiciones para lograrlo. El verano de 2026 ya está escribiendo ese capítulo.


