La Asamblea de Madrid aprueba este jueves 11 de junio la reforma del Reglamento que introduce la huella legislativa, una medida de transparencia parlamentaria consensuada por todos los grupos. Mientras, la sesión de control a la presidenta Isabel Díaz Ayuso se convierte en un eco de la reciente visita del Papa León XIV, con preguntas sobre migración, vivienda y sanidad.
Según ha adelantado La Razón, la reforma se aprueba por lectura única y obligará a los Servicios Jurídicos a elaborar un informe de trazabilidad normativa en el plazo máximo de un mes tras la aprobación definitiva de cada ley. El documento reconstruirá todo el recorrido parlamentario: desde la iniciativa original y sus memorias, las comparecencias, las enmiendas en Ponencia y Comisión —con el sentido del voto— y el resultado de la votación en Pleno.
Cómo funcionará la huella legislativa en la tramitación de las leyes madrileñas
La huella legislativa es un instrumento técnico que detalla, paso a paso, quién impulsa una norma, qué informes la acompañan, quiénes comparecen y cómo se vota cada enmienda. En la práctica, permitirá a los ciudadanos y a los medios reconstruir la historia completa de una ley, algo que hasta ahora estaba disperso en diarios de sesiones y documentos internos.
El acuerdo unánime es inusual en la Asamblea de Madrid, dominada por una mayoría del PP y una oposición fragmentada. Sin embargo, todos los grupos han coincidido en que la transparencia parlamentaria es una demanda social que no admite colores políticos. La reforma ha sido consensuada —con doble espacio— y también incluye la posibilidad de que las enmiendas transaccionales queden registradas con un identificador único, facilitando su rastreo.
Los informes estarán disponibles en la web de la Asamblea, aunque el Reglamento no fija un formato estándar. Esto deja margen para que la información sea más o menos completa, según fuentes parlamentarias consultadas.
La transparencia parlamentaria no es cosmética. Si los madrileños no pueden seguir el rastro de quién y cómo se modifica una ley, la Asamblea habla pero no rinde cuentas.
El Papa resuena en la sesión de control: preguntas sobre migración, vivienda y sanidad
La visita del Papa León XIV a Madrid la semana pasada sigue marcando el debate político. El PSOE preguntará a Ayuso por su interpretación del mensaje migratorio del Pontífice, que pidió acogida y regularización, mientras la presidenta autonómica defiende la ‘integración’ frente a los ‘efectos llamada’ que atribuye al Gobierno central. Un cruce de reproches que se repite.
En la sesión de control, Más Madrid interpelará directamente sobre el impacto de la visita apostólica y cuestionará la coherencia de la presidenta, que trató de frenar en los tribunales la regularización extraordinaria de migrantes. Ayuso, por su parte, subrayó, el ‘hondo sentir católico’ de los madrileños y calificó a la región como una sociedad ‘alegre y generosa’.
A eso se suman las preguntas sobre clima escolar (PSOE), las previsiones demográficas de la próxima década (Vox) y la situación económica regional (PP). También los consejeros deberán responder por la atención a víctimas del terrorismo, las ayudas a comercios por obras, el copago farmacéutico estatal y el coste de las olas de calor.
Más allá del gesto: ¿realmente cambiará la transparencia en la Asamblea?
En esta redacción hemos comprobado que la huella legislativa es una figura relativamente nueva en el parlamentarismo español. El Congreso la implantó hace años y varias comunidades autónomas la han adoptado con resultados dispares. Cataluña, por ejemplo, la incorporó en 2017, pero los informes suelen ser poco detallados. Madrid llega ahora con un modelo que, sobre el papel, es ambicioso.
A pesar del consenso, el riesgo está en la ejecución: el plazo de un mes para cada informe puede colapsar si se acumulan leyes, y la falta de un formato único puede hacer que la información sea dispar. Además, la huella no incluye la fase prelegislativa —el momento en que se negocian los borradores fuera de la Cámara—, que es precisamente donde se suelen introducir los cambios más opacos. La sociedad civil madrileña y los medios tendrán que vigilar que los informes no se conviertan en un trámite burocrático sin verdadera sustancia. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
Con todo, el paso es significativo. Madrid da un golpe de timón hacia la rendición de cuentas en un momento de polarización creciente. La próxima prueba de fuego será el primer informe de huella que se publique, previsiblemente antes de fin de año, cuando se apruebe alguna de las leyes en trámite como la de Economía Circular o la reforma de la Ley del Suelo.
