Más del 50% de probabilidad: el acuerdo EE.UU.-Irán se fragua en Ginebra con Vance

Las negociaciones mediadas por Pakistán contemplan el fin de la guerra, la reapertura del estrecho de Ormuz y el inicio de conversaciones nucleares. La firma podría materializarse mañana mismo con la presencia del vicepresidente J.D. Vance en Ginebra.

Las probabilidades de que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo marco han superado por primera vez el 50 %, según el profesor Seyed Mohammad Marandi, asesor de alto nivel del equipo negociador iraní. Así lo ha declarado en una entrevista con la televisión estatal rusa RT, en la que no obstante subrayó la persistente desconfianza de Teherán hacia Washington.

El Memorando de Entendimiento de Islamabad

El llamado “Islamabad Memorandum of Understanding” (Islamabad MoU) es el nombre de trabajo del marco que ha emergido de las conversaciones mediadas por Pakistán en abril. Según ha trascendido, el documento contempla el cese de las hostilidades, la reapertura del estrecho de Ormuz y el inicio, en una fase posterior, de negociaciones detalladas sobre el programa nuclear iraní.

El viernes, el ministro de Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, aseguró a través de X que “el Memorando de Entendimiento de Islamabad nunca ha estado más cerca”. La nota, inusualmente optimista, instaba a los medios a no especular sobre su contenido, al tiempo que confirmaba que el marco aguarda su finalización.

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Trump y el aval del líder supremo

Desde Washington, el presidente Donald Trump afirmó el jueves que Teherán ha aprobado el acuerdo marco y que la firma podría producirse este mismo fin de semana, probablemente en Europa. En su intervención, Trump señaló que el líder supremo iraní —a quien identificó erróneamente como Mojtaba Khamenei, en realidad hijo del actual líder supremo, Alí Khamenei— ha dado su visto bueno a los términos.

El presidente estadounidense también reveló que había cancelado una serie de ataques planeados sobre Irán después de dos días consecutivos de bombardeos, la escalada más grave desde la tregua anunciada en abril. Esta confesión, inusual en un mandatario en funciones, sugiere que la vía diplomática ha ganado peso frente a la militar en el círculo de la Casa Blanca.

estrecho de Ormuz reapertura

Por primera vez en décadas, un acuerdo entre Washington y Teherán no depende de la mediación europea, sino de Pakistán.

Equilibrio de Poder

El posible pacto entre Estados Unidos e Irán introduce una variable de alto voltaje en el tablero de Oriente Próximo. Si se materializa, la reapertura del estrecho de Ormuz rebajaría la presión sobre los mercados energéticos globales, un alivio particularmente relevante para España: casi el 15 % del crudo que importa nuestro país transita por ese paso, según datos del operador del sistema. El descenso de la prima de riesgo geopolítico podría traducirse en una caída del precio del petróleo en los próximos meses, un estímulo para la economía europea en un contexto de reactivación moderada.

Desde la perspectiva de la OTAN, la normalización de relaciones con Irán retiraría a Moscú uno de sus principales aliados en la región, debilitando la estrategia rusa de desestabilización a través de actores proxy. Sin embargo, el acuerdo se fragua sin la participación de Bruselas, que observa con incomodidad cómo Pakistán —con estrechos vínculos con China— se erige como mediador. La Unión Europea, que lideró el JCPOA en 2015, queda relegada a un segundo plano en un eventual nuevo marco.

A largo plazo, la cuestión nuclear sigue siendo el nudo gordiano. El Islamabad MoU no aborda directamente el programa atómico, sino que lo difiere a negociaciones posteriores. Eso deja un margen de incertidumbre que podría reactivar las tensiones si Irán interpreta el acuerdo como una licencia para avanzar en su enriquecimiento sin que Washington despliegue una represalia inmediata. La historia del JCPOA, que Trump abandonó en 2018, recuerda que los pactos con Teherán son endebles cuando cambian los inquilinos de la Casa Blanca.

Marandi, a pesar de su optimismo, no apuesta por el éxito: “No pondría dinero en ello”, ha dicho, porque la desconfianza en Washington sigue siendo muy profunda. La firma está prevista para este domingo en Ginebra, con la presencia del vicepresidente estadounidense J.D. Vance. Para España el desenlace importa: una nueva estabilidad en el golfo Pérsico fortalece la seguridad energética y otorga margen fiscal al Gobierno. Pero el verdadero test no será la foto de la firma, sino la capacidad de ambas partes para sostener un proceso que, como se ha visto, puede descarrilar en cualquier momento.

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