Negociaciones MFF 2028: el Parlamento Europeo responde al Consejo el 16 de junio en una rueda de prensa

Los ponentes del Parlamento, Mureşan y Tavares, valoran el borrador del Consejo que definirá el presupuesto 2028-2034. España vigila con atención el futuro de los fondos de cohesión y Next Generation.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Parlamento Europeo reaccionará este martes 16 de junio al borrador de posición del Consejo sobre el Marco Financiero Plurianual (MFF) 2028-2034, en una rueda de prensa con sus ponentes.
  • ¿Quién está detrás? Los corresponsables parlamentarios Siegfried Mureşan (PPE, Rumanía) y Carla Tavares (S&D, Portugal) valorarán el texto que los ministros de Asuntos Generales discuten esa misma mañana.
  • ¿Qué impacto tiene? El MFF define el presupuesto de la UE para siete años, incluidos los fondos de cohesión y Next Generation que recibe España. Cualquier ajuste puede condicionar las transferencias al país.

El Parlamento Europeo responderá este martes 16 de junio al Consejo en una rueda de prensa clave para el futuro presupuestario de la UE. Los dos ponentes encargados de la negociación del Marco Financiero Plurianual (MFF) para el período 2028-2034 comparecerán ante los periodistas a las 15.30 en la sala Daphne Caruana Galizia de la Eurocámara en Estrasburgo, con retransmisión por webstreaming.

La comparecencia se produce apenas cinco días después de que la presidencia chipriota del Consejo presentara el 11 de junio la llamada negotiating box —el borrador de posición negociadora de los Estados miembros— y mientras los ministros de Asuntos Generales la debaten en paralelo esa misma jornada. Según la nota oficial del Parlamento Europeo, la rueda de prensa permitirá a los corresponsables explicar su reacción a ese texto, que marca la primera aproximación concreta del Consejo a la propuesta de la Comisión.

Qué hay sobre la mesa: un presupuesto para siete años

El MFF 2028-2034 fijará el techo de gasto comunitario para todo el septenio, con una dotación que ronda los 1,2 billones de euros en su última versión. De él dependen partidas como la política agrícola común, los fondos de cohesión —que históricamente han sido la principal fuente de inversión en infraestructuras en España— y el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (Next Generation), aún en ejecución.

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La discusión es especialmente tensa porque el Consejo, dominado por los llamados países frugales (Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia), presiona para contener el gasto y concentrar los recursos en defensa y competitividad, en detrimento de la cohesión tradicional. El Parlamento, por su parte, defiende un presupuesto más ambicioso que proteja la convergencia regional y el pilar social, alineándose con los intereses del sur.

El papel de España: un país que mira a Bruselas con la calculadora

España es uno de los grandes beneficiarios de la cohesión y del plan de recuperación. En el actual MFF (2021-2027) percibe alrededor de 34.000 millones de euros en fondos de cohesión y es el segundo receptor absoluto de Next Generation, con 140.000 millones comprometidos. Cualquier recorte en la propuesta del Consejo podría traducirse en menos dinero para regiones como Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha.

El Gobierno español, a través de la Representación Permanente ante la UE, sigue muy de cerca la negociación. Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com indican que Madrid se alinea con la posición del Parlamento: quiere blindar la cohesión y vincular cualquier nuevo programa de recuperación a la ejecución satisfactoria del actual. El temor es que el Consejo plantee un MFF esquelético, centrado en defensa y control migratorio, y que la Eurocámara acepte un acuerdo de mínimos a cambio de otras cesiones.

presupuesto UE

La batalla presupuestaria no se libra en cifras, sino en la definición de qué Europa queremos para la próxima década.

El Eje del Poder Europeo

El pulso entre el Consejo y el Parlamento por el MFF es, en realidad, un choque entre las dos almas de la Unión. Por un lado, el eje de los contribuyentes netos del norte —liderado por Berlín y La Haya— quiere un presupuesto más reducido, con más condicionalidad y menos solidaridad automática. Por otro, los países del sur y del este, con España e Italia a la cabeza, exigen mantener una política de cohesión robusta que compense las brechas territoriales.

En este tablero, la rueda de prensa del martes puede ser un termómetro de hasta dónde está dispuesto a llegar el Parlamento, que tiene poder de veto. Los ponentes Mureşan y Tavares representan a los dos grandes grupos (PPE y S&D), y su tono crítico o conciliador anticipará si la Eurocámara está dispuesta a bloquear el texto o si se abrirá un trílogo (la negociación a tres bandas entre Comisión, Consejo y Parlamento) con cesiones mutuas.

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Para España, el riesgo es doble: si el Parlamento acepta un presupuesto a la baja, los fondos de cohesión menguarán; si lo rechaza en bloque, podría retrasarse la adopción del MFF y generar incertidumbre sobre la continuidad de Next Generation. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha insinuado en varias comparecencias que el nuevo presupuesto debe incorporar un mecanismo de condicionalidad más estricto —la herramienta que permite congelar fondos a Estados miembros que vulneran el Estado de derecho—, algo que inquieta tanto a Varsovia como a Budapest, pero que también podría usarse contra otros países si se endurece.

El precedente más cercano es la negociación del actual MFF 2021-2027, que se cerró en 2020 tras un pulso de meses entre el Consejo y el Parlamento, con los frugales exigiendo recortes y el sur pidiendo más inversión. Entonces, la aparición del Fondo de Recuperación Next Generation desbloqueó el acuerdo, pero dejó al presupuesto ordinario más ajustado. Ahora, sin una emergencia pandémica que justifique un nuevo fondo de recuperación, el riesgo de un presupuesto minimalista es mayor.

La jornada del martes ofrecerá una primera fotografía de las posiciones. La siguiente ventana crítica será el Consejo Europeo de finales de junio, donde los jefes de Estado y de Gobierno podrían intentar un primer acuerdo político. Si el Parlamento sale ese día con un rechazo frontal, el calendario se tensará y España deberá afinar su estrategia diplomática para defender sus intereses.