EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Francia ha iniciado negociaciones exclusivas con el consorcio francés MBDA-Safran para desarrollar un lanzacohetes múltiple soberano, descartando el HIMARS estadounidense y el Chunmoo surcoreano.
- ¿Quién está detrás? El Ministerio de las Fuerzas Armadas, con Catherine Vautrin al frente, y el consorcio MBDA-Safran, que ya prueba el cohete Thundart con 150 km de alcance.
- ¿Qué impacto tiene? Refuerza la autonomía de la defensa europea en una capacidad crítica, presiona a otros países a buscar alternativas a sistemas estadounidenses y afecta directamente a la futura adquisición española de artillería de cohetes.
Francia ha dado este lunes un paso decisivo en la construcción de una defensa europea más autónoma. La ministra de las Fuerzas Armadas, Catherine Vautrin, anunció en la feria Eurosatory, cerca de París, el inicio de negociaciones exclusivas con la empresa de misiles MBDA y el fabricante aeronáutico Safran para suministrar un lanzacohetes múltiple de diseño y producción nacional.
La decisión supone un varapalo para Lockheed Martin, que competía con su sistema HIMARS, y para el Chunmoo surcoreano de Hanwha Aerospace. También descarta la oferta conjunta de Thales y ArianeGroup, en una apuesta clara por la soberanía tecnológica.
Por qué el Ejército francés necesita esta capacidad con urgencia
El Estado Mayor galo arrastra una carencia estratégica en artillería de cohetes desde hace años. Sus lanzadores unitarios LRU —derivados del M270 estadounidense— están al borde de la obsolescencia y en número insuficiente. El general Philippe de Montenon, comandante de las fuerzas terrestres francesas, lo resumió con crudeza en Eurosatory: “Los necesitamos, por supuesto, lo antes posible”.
El deep strike —golpe profundo— se ha convertido en una de las prioridades del Ejército de Tierra, que aspira a tener una división lista para la guerra de alta intensidad en 2027 y un cuerpo de ejército completo en 2030. El objetivo es disponer de una capacidad inicial de artillería de cohetes de largo alcance en 2030, y los plazos aprietan.
La ministra Vautrin había declarado en abril que se evaluarían tanto las ofertas nacionales como las soluciones “de estantería” —los sistemas ya probados de Estados Unidos o Corea del Sur—. La decisón final, sin embargo, descansa en la combinación de plazos de entrega, prestaciones, coste y soberanía, según explicó la propia ministra.
Francia ha elegido lo más complejo —un desarrollo nacional— para dotarse de una capacidad que ningún país europeo produce a gran escala. El calendario será exigente, pero el cálculo estratégico es claro: la dependencia en armamento crítico se paga en vulnerabilidad geopolítica.
El consorcio MBDA-Safran y su cohete Thundart
El binomio industrial elegido aporta credibilidad técnica y plazos factibles. MBDA y Safran ya han probado con éxito su munición Thundart en abril en el campo de tiro de Île du Levant, logrando un alcance de 150 kilómetros con precisión métrica, gracias a un kit de guiado derivado del sistema AASM Hammer.
El cohete es compatible con el sistema de control de fuego Atlas de Thales y se prevé que pueda evolucionar hasta los 300 km, e incluso ser lanzado desde plataformas aéreas o navales. El lanzador expuesto en el stand de Safran en Eurosatory, montado sobre un camión Scania, muestra un concepto ágil y transportable por carretera, pensado para la movilidad en escenarios de alta intensidad.
Según el comunicado conjunto de las empresas en abril, la primera unidad del sistema completo podría entregarse en 2029, un año antes del hito crítico de 2030 que exige el Ejército. Esto da un margen estrecho pero suficiente si las negociaciones exclusivas avanzan sin contratiempos.

Equilibrio de Poder
La apuesta francesa trasciende lo industrial. Al descartar el HIMARS y el Chunmoo, París envía una señal inequívoca a Washington y a la OTAN: la autonomía estratégica europea no es un eslogan. En un momento en que la administración Trump presiona para que los aliados aumenten el gasto militar —y compren material estadounidense—, Francia opta por construir, no por comprar.
Esta decisión refuerza el eje de defensa europea que impulsan Emmanuel Macron y la Comisión Von der Leyen, y que ya cuenta con proyectos como el futuro caza FCAS o el carro de combate MGCS. Para Rusia, la noticia confirma que Europa se arma con tecnología propia en una capacidad —la artillería de cohetes de largo alcance— que Moscú ha demostrado usar masivamente en Ucrania. Y para España, la lectura es doble. Madrid también tiene un déficit en artillería de cohetes —el Ejército de Tierra opera solo los obsoletos Teruel— y necesita un relevo. El desarrollo liderado por MBDA, compañía con fuerte arraigo en España (participada por la española Indra en un 10,5% y con centros de producción en Toledo y Madrid), abre la puerta a que España se sume al programa o adquiera sistemas derivados, con retorno industrial y tecnológico.
A medio plazo, la industria europea de defensa gana un escalón crítico que hasta ahora no existía. Si el Thundart y sus versiones de mayor alcance se convierten en un estándar, se reducirá la dependencia del paraguas estadounidense en una capacidad disuasoria fundamental. El precedente es la crisis del F-35: varios países apostaron por el caza europeo Eurofighter o el Rafale para no atarse a la logística y los vetos de Washington. Ahora, la artillería de cohetes puede seguir el mismo camino.
Las dudas, sin embargo, no son menores. El calendario es muy justo y el riesgo de retrasos es alto en programas de desarrollo conjuntos. Además, la elección de un consorcio exclusivamente francés podría alejar a socios como Italia o Alemania, que también buscan renovar sus capacidades. La cumbre de otoño del Consejo Europeo, prevista para septiembre de 2026, será el primer termómetro real de hasta dónde están dispuestos a llegar los Veintisiete en el gasto común en defensa.
