EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Drones ucranianos de largo alcance alcanzaron zonas residenciales en la región de Tula, a 193 km al sur de Moscú, dejando tres muertos y tres heridos, según el gobernador Dmitry Milyaev.
- ¿Quién está detrás? Ucrania no ha reivindicado el ataque de forma directa, pero este se enmarca en la campaña de Kiev de ataques profundos contra territorio ruso.
- ¿Qué impacto tiene? El ataque subraya la capacidad de Kiev para golpear el interior de Rusia a pesar de las defensas aéreas, elevando la presión sobre Moscú antes de una posible ofensiva ucraniana de verano.
Un ataque masivo con drones ucranianos ha alcanzado localidades residenciales en la región de Tula, situada a apenas 193 kilómetros al sur de Moscú, durante la madrugada del 15 de junio de 2026. El gobernador Dmitry Milyaev ha confirmado la muerte de tres civiles y tres heridos, entre ellos un niño de un año.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran viviendas unifamiliares con techos colapsados y vehículos calcinados en los asentamientos de Yamny, Maslovo, Mikhalkovo e Inshinsky, en el extrarradio de la ciudad de Tula. Las autoridades rusas han calificado el ataque como un acto terrorista dirigido contra la población civil.
Plataformas implicadas y alcance del ataque
El Ministerio de Defensa ruso no ha especificado el modelo de los drones empleados, pero fuentes de la inteligencia ucraniana han sugerido en ocasiones anteriores el uso de UAVs de fabricación propia como el UJ-22, capaces de alcanzar objetivos a más de 800 kilómetros. También se sospecha de drones comerciales modificados con explosivos, una táctica que Kiev ha perfeccionado para superar las defensas.
Un portavoz del alcalde de Moscú, Sergey Sobyanin, informó de que cuatro de los drones que se dirigían hacia la capital fueron derribados por los sistema de defensa aérea, aunque los restos cayeron en zonas despejadas sin causar víctimas. En total, según el comunicado castrense ruso, 249 drones ucranianos fueron interceptados o destruidos durante el domingo sobre catorce regiones, desde Bélgorod hasta Crimea.
La respuesta de Moscú y la cadena de daños en las demás regiones
Además de Tula, otros ataques con drones causaron víctimas en Oryol, donde un proyectil impactó contra un edificio de apartamentos y mató a una persona e hirió a ocho. En Smolensk, una mujer de 71 años fue hospitalizada. En Kursk y Bélgorod se registraron varios heridos, incluido un niño, y en la ciudad crimea de Saki falleció un residente.
La cadena de ataques con drones a más de 1.000 km de la línea del frente demuestra que Moscú no puede sellar su espacio aéreo frente a enjambres de UAVs baratos.
El Kremlin ha respondido con su retórica habitual: amenazas de represalias “sistemáticas y consistentes” contra infraestructuras de doble uso en Ucrania, incluidas centrales eléctricas y fábricas de drones. Sin embargo, los analistas dudan de que Rusia pueda intensificar su campaña de bombardeos sin comprometer sus propias reservas de misiles de crucero, ya mermadas tras más de tres años de guerra.
Equilibrio de Poder
El hecho de que drones ucranianos golpeen a las puertas de Moscú sin ser neutralizados por el escalonado sistema antiaéreo ruso refleja una vulnerabilidad estratégica que el alto mando ruso se resiste a admitir. Los radares y los misiles S-400, diseñados para detectar cazas y misiles balísticos, tienen dificultades para rastrear enjambres de drones lentos y de baja firma radar. Esta brecha táctica se ha convertido en una ventaja asimétrica para Kiev.
Para la OTAN, el episodio tiene una lectura clara: la disuasión aérea sobre el flanco oriental requiere invertir en sistemas antidron de corto alcance y en guerra electrónica, no solo en costosos cazas de quinta generación. España, que mantiene una batería de misiles NASAMS en Letonia dentro del dispositivo de la Alianza, deberá acelerar la integración de contramedidas anti-drones en sus propias fuerzas si quiere proteger la Península Ibérica de amenazas que ya se ensayan sobre Rubizhne y Tula.
En el eje Washington-Moscú-Bruselas, la escalada de los ataques ucranianos en profundidad pone a prueba la doctrina de la Casa Blanca sobre la guerra. La administración Trump ha insistido en que no autorizará ataques que lleven a una guerra directa con Rusia, pero la realidad del campo de batalla demuestra que la línea roja ya se ha difuminado. Mientras tanto, la economía energética de España, que sigue dependiendo del gas natural licuado que llega por los puertos rusos de Yamal y Ust-Luga, podría verse sacudida si Putin decide cortar el suministro como represalia oblicua.
El precedente histórico de los bombardeos sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial o de la guerra Irán-Irak en los años 80 nos recuerda que golpear las ciudades del adversario rara vez doblega la voluntad política. Pero también demuestra que sin un sistema defensivo creíble, la opinión pública puede virar del respaldo a la guerra al cuestionamiento del liderazgo. La próxima ventana crítica se abre en julio, cuando la OTAN evalúe en la cumbre de Vilna si el nuevo plan de defensa aérea común puede hacer frente a enjambres de drones como los que esta semana han llegado hasta Tula.

