Los incendios forestales en Ourense provocan riadas: la gestión del monte gallego, en entredicho

Expertos vinculan las riadas en Viana do Bolo a la erosión causada por los incendios de 2025 y alertan de que el suelo tardará décadas en recuperarse. La oposición exige a la Xunta un plan de restauración urgente.

Las intensas lluvias de la pasada primavera en Viana do Bolo, en la provincia de Ourense, desencadenaron riadas y corrimientos de tierra que han dejado daños cuantiosos en varias aldeas. Los expertos señalan una causa directa: la erosión extrema del suelo provocada por los devastadores incendios forestales del verano de 2025, que arrasaron miles de hectáreas en la zona oriental de Galicia.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Las riadas torrenciales en Viana do Bolo (Ourense) han provocado corrimientos de tierra y graves daños materiales, con el terreno arrasado por los incendios de 2025 como factor determinante.
  • ¿Quién está detrás? Especialistas como el catedrático Juan Carlos Novoa y el portavoz de Amigas das Árbores, Xosé Santos, responsabilizan a la falta de restauración postincendio de la Xunta de Galicia.
  • ¿Qué impacto tiene? El suelo perdido tardará décadas en recuperarse, y la situación evidencia la necesidad de un cambio en la política de gestión del monte gallego.

El verano pasado, la comarca de Viana do Bolo sufrió la mayor oleada de incendios que se recuerda, con una pérdida masiva de cubierta vegetal. Aquel desastre dejó el terreno absolutamente desprotegido, y ahora la mecánica de la catástrofe se ha cumplido con precisión: sin árboles ni matorrales que frenen el agua, las precipitaciones se convirtieron en auténticas bolas de lodo y piedra ladera abajo.

Los incendios de 2025 y la erosión del suelo: el detonante de las riadas en Ourense

Juan Carlos Novoa, catedrático de la Universidad de Vigo y experto en edafología, explica que el fuego elimina el “colchón” natural que amortigua el impacto de la lluvia. Además, tras someterse a altas temperaturas, la capa superficial del suelo se vuelve hidrófoba y las cenizas taponan los poros. “Al caer más agua de la que la tierra es capaz de retener, baja por las laderas como una bola de nieve, ganando una energía brutal capaz de arrastrar tierra, grava y rocas”, detalla.

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La consecuencia es un proceso de erosión acelerada que, según Novoa, no se revertirá en décadas. “El suelo es un recurso natural no renovable a escala humana”, advierte, subrayando que la restauración natural tardará, como mínimo, varias generaciones en recuperar lo perdido en aquellos incendios.

Los cambios de uso del terreno y los incendios forestales como parece ser la causa más clara en este caso por los precedentes. No obstante, el catedrático pide cautela hasta analizar la zona con más detalle, aunque los indicios apuntan de manera inequívoca a la pérdida de vegetación como principal factor.

Gestión del monte: una “crónica anunciada” y la urgencia de la restauración

Para Xosé Santos, portavoz de la asociación ecologista Amigas das Árbores, lo sucedido era previsible. “Se trata de una crónica anunciada”, afirma, señalando que tras los incendios urgía aplicar medidas de restauración para proteger los ecosistemas y minimizar la erosión. La ausencia de esos trabajos ha dejado parajes como la aldea de A Bouza totalmente desprotegidos, donde los residentes confirman que desde los incendios “non creceu nin unha herba”.

La ausencia de restauración tras el fuego convierte cada lluvia en una amenaza de riada, y el suelo perdido tardará décadas en recuperarse.

Un ingeniero forestal de la zona consultado por este medio coincide en que la vulnerabilidad del terreno era conocida y que se desaprovechó la ventana crítica para estabilizar laderas y repoblar. La inacción de la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico) tras el verano de 2025 se convierte ahora en el centro de las críticas de la oposición.

Desde el BNG y el PSdeG se ha reclamado en repetidas ocasiones un plan integral de restauración forestal, con partidas específicas en los presupuestos autonómicos. La Consellería de Medio Rural, sin embargo, ha defendido su estrategia basada en la limpieza de montes y la prevención, aunque sin priorizar la regeneración del suelo en zonas quemadas.

El Laboratorio Gallego

Galicia concentra el 40% de los incendios forestales de España, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, y la gestión del monte ha sido un campo de batalla político recurrente. El PPdeG, con mayoría absoluta desde 2009, ha basado su política forestal en la implicación de los propietarios privados y en el refuerzo de los medios de extinción, pero ha evitado una intervención pública masiva de restauración postincendio. La oposición vincula esta estrategia con el abandono rural y la falta de una política activa de recuperación del suelo.

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La conexión nacional es inevitable. Alberto Núñez Feijóo, expresidente de la Xunta y hoy líder del PP, ha presentado a Galicia como un modelo de gestión forestal que podría aplicarse al resto de España. Sin embargo, episodios como el de Viana do Bolo muestran las grietas de ese modelo: un suelo quemado que se convierte en desierto y que, con la primera lluvia intensa, amenaza vidas y bienes. El PP nacional ha propuesto un plan estatal de prevención de incendios, pero los problemas de erosión en Galicia sugieren que la restauración postfuego es, al menos, igual de urgente.

Con el inicio del verano de 2026 a las puertas, el Parlamento de Galicia (la cámara autonómica) prevé debatir una proposición no de ley del BNG para exigir un plan de restauración de suelos en las zonas afectadas por los incendios de 2025. El resultado de esa votación medirá la capacidad de la oposición para forzar un cambio en la política forestal de la Xunta y podría marcar un precedente para otras comunidades autónomas con problemas similares.

Ficha del Caso

  • El caso: Las riadas en Viana do Bolo (Ourense) revelan que la erosión causada por los incendios forestales de 2025 fue el factor determinante de la catástrofe.
  • Datos importantes: La superficie quemada en la zona oriental de Ourense en 2025 superó las 15.000 hectáreas. Los expertos calculan que la recuperación natural del suelo tardará varias décadas.
  • Resumen: La falta de restauración postincendio de la Xunta agravó el impacto de las lluvias, y el caso se suma al debate nacional sobre la necesidad de políticas integrales de gestión del monte.