Feijóo reconoce la alianza con Junts para presionar a Sánchez y forzar elecciones

Feijóo confirma los contactos públicos con Míriam Nogueras para tumbar la legislatura, mientras el Congreso debate una moción que exige a Sánchez la disolución de las Cortes. Génova vincula su oferta de moción de censura instrumental al calendario judicial que ahoga al Ejecutivo.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Alberto Núñez Feijóo ha reconocido públicamente las conversaciones con la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, y ha ofrecido una moción de censura instrumental para forzar elecciones anticipadas.
  • ¿Quién está detrás? Alberto Núñez Feijóo (presidente del PP), con el respaldo del Grupo Parlamentario Popular y la dirección de Génova.
  • ¿Qué impacto tiene? Acelera la presión sobre Pedro Sánchez, que ya tantea un adelanto electoral, y refuerza la estrategia popular de tumbar la legislatura mediante alianzas tácticas.

El líder del Partido Popular ha dado por fin el paso que muchos anticipaban: verbalizar que existe un canal abierto con Junts per a hacer inviable el Gobierno de Pedro Sánchez. No es un acercamiento ideológico, sino una maniobra parlamentaria para acelerar el final de una legislatura que Génova juzga agotada.

El reconocimiento llegó el pasado miércoles en El Hormiguero, cuando Feijóo admitió sin rodeos que «hablamos con la portavoz en el Congreso [Míriam Nogueras] hemos pactado bastantes cosas con ellos». Mencionó acuerdos en política energética, impuestos y autónomos. Hasta ahora, el PP había mantenido ese diálogo en la penumbra de los pasillos, pero la coyuntura —con una cascada diaria de imputaciones judiciales acechando al Ejecutivo— ha empujado a Génova a blanquear la relación.

Lo que subyace tras esta revelación es un cálculo estratégico que Feijóo desgranó con nitidez en Bruselas: «Es la hora de la verdad, no sigamos tomando el pelo a la gente». El presidente popular se dirigía a unos socios del Gobierno —Junts y el PNV— a los que ve cada vez más incómodos con la permanencia de Sánchez. De hecho, ambas formaciones ya han maniobrado en el Congreso para que la Cámara inste al presidente a disolver las Cortes y convocar elecciones. La diputada de Junts Míriam Nogueras lideró una moción en ese sentido la semana pasada, y el PNV se abstuvo en otra iniciativa complementaria que, finalmente, solo exigía al Ejecutivo asumir «responsabilidades políticas» por la corrupción.

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En Génova niegan un acercamiento formal, pero la imagen de los diputados populares y de Junts cruzándose saludos cómplices en los pasillos del Hemiciclo resulta elocuente. La secretaria general del PP, Cuca Gamarra, y el portavoz parlamentario, Miguel Tellado, han coordinado con discreción un acercamiento que, según fuentes conocedoras de la estrategia popular, persigue un único fin: demostrar que una mayoría absoluta de la Cámara no quiere seguir bajo el actual Gobierno.

«Lo que observamos es un movimiento sin precedentes en la política reciente», analizan en Moncloa.com. El PP, que ha defendido iniciativas para ilegalizar a partidos independentistas como Junts, se ve ahora sentado en la misma trinchera táctica con ellos. Feijóo ya ha dejado claro que no habrá relación con Carles Puigdemont —Jordi Turull le exigió pasar por Waterloo para hablar de la moción de censura, y el líder popular respondió con un portazo—, pero el mero hecho de pactar con Nogueras en la Cámara baja supone un giro que incomooda a una parte del electorado conservador.

Ni Junts ni el PNV quieren llegar a las municipales de 2027 atados al mástil de un Gobierno salpicado por los juzgados.

La explicación de los plazos es sencilla: cada semana que pasa sin elecciones generales es una semana menos para que ambas formaciones limpien su imagen de cara a los comicios locales. «Si lo que dicen es lo que están dispuestos a hacerlo, hagámoslo», apremió Feijóo a los socios del Ejecutivo, dejando caer su oferta de una moción de censura instrumental: un «Gobierno de transición» que se limitaría a convocar comicios de inmediato.

La moción que tensa al Gobierno y la jugada en el Senado

Tras el paso adelante de Feijóo, el calendario parlamentario ha entrado en ebullición. La presidenta del Congreso, Francina Armengol, bloqueó este jueves la votación de la moción que reclamaba la disolución de las Cortes, siguiendo órdenes directas de Moncloa. Sin embargo, la presión no cede: la próxima semana el Senado debatirá la enmienda que el Congreso prohibió incorporar —la conocida como «enmienda proscrita»— y en esa votación la postura de Junts será determinante.

El PP dispone de mayoría absoluta en la Cámara Alta, pero necesita el aval de otros grupos para mantener viva la presión simbólica. Si Junts repite el apoyo que brindó en el Congreso, el Senado replicará con fuerza el mensaje de que el Ejecutivo ha perdido toda legitimidad. Génova confía en que la suma de Junts, el PNV y algún otro grupo reproduzca la mayoría que habría recibido en el Congreso de no haber mediado el veto de Armengol.

El presidente Sánchez, por su parte, ha lanzado una advertencia a sus socios: si no saca los Presupuestos Generales del Estado, está dispuesto a adelantar las elecciones. Es un mensaje que contradice su mantra habitual («los comicios serán cuando tocan», en 2027) y que busca aplacar la fuga de apoyos. Pero el órdago popular con Junts ha dinamitado la calma que Moncloa pretendía imponer.

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El Eje del Poder Popular

El movimiento de Feijóo trasciende la aritmética parlamentaria. Por primera vez desde que el PP recuperó la mayoría territorial —gobierna en once autonomías, incluidos feudos como Andalucía, la Comunidad de Madrid y Galicia—, Génova utiliza a Junts no como adversario, sino como palanca para acelerar la caída del Gobierno. La maniobra genera una lectura ambivalente dentro del partido: algunos barones, temerosos de que cualquier foto con los independentistas erosione el suelo conservador, han pedido discreción, mientras que otras voces —con Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno en cabeza— avalan la estrategia siempre que el objetivo final sea devolver la palabra a las urnas.

En el trasfondo pesa el precedente del apoyo externo de ERC y Bildu a la moción de censura que llevó a Sánchez a La Moncloa en 2018. Entonces, el PP alertó de los riesgos de pactar con quienes buscan la ruptura de España. Ahora, Feijóo sortea esa contradicción subrayando que él no pide «favores» ni «regalos», y que su proyecto es «limpio». La diferencia, argumentan en Génova, es que el PP no cede competencias ni acepta ninguna contrapartida territorial: simplemente ofrece un instrumento jurídico para que quienes reniegan de Sánchez puedan desalojarlo.

La oferta de la moción de censura es, por tanto, vidrio soplado. Feijóo sabe que Junts difícilmente la apoyará, porque implicaría un pacto formal con el PP. Sin embargo, ha logrado que el mero debate público sobre esa posibilidad erosione a un Gobierno que ya no controla los tiempos. La lectura estratégica de Moncloa.com apunta a que el líder popular ha trasladado la presión a donde más duele: la agenda judicial, implacable, y la necesidad de los partidos nacionalistas de despegarse de un presidente que arrastra una mochila de imputaciones cada vez más pesada.

🏛️ El Apunte de Génova

  • Mensaje fuerza: El PP presenta su alianza táctica con Junts no como una cesión ideológica, sino como la herramienta que necesita la mayoría parlamentaria para forzar elecciones y devolver la decencia a las instituciones.
  • Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del Partido Popular).
  • Próximo hito: Votación en el Senado de la enmienda proscrita la semana que viene; la postura de Junts decidirá si se mantiene la presión simbólica sobre el Congreso.