EE.UU. activa un nuevo mando multidominio en el Indo-Pacífico con ciber, drones y espacio

La 7ª División de Infantería combina sistemas no tripulados, ciberataque y sensores de largo alcance. La apuesta del Ejército de EE.UU. busca desbordar las defensas A2/AD de China en el teatro del Pacífico.

Estados Unidos ha activado un nuevo mando multidominio en el Indo-Pacífico que funde la 7ª División de Infantería con las capacidades del 1er Cuartel General de Fuerzas de Tareas Multidominio. La nueva estructura, bautizada como 7th Infantry Division (Multi-Domain Command-Pacific), integrará sistemas no tripulados, ciberoperaciones, guerra electrónica y fuegos de largo alcance en una sola formación. El anuncio, realizado el jueves 18 de junio en la base conjunta Lewis-McChord, supone un hito en la transformación del Ejército de Tierra estadounidense para enfrentar a adversarios con sofisticadas redes de anti-acceso y denegación de área (A2/AD).

La ceremonia de repliegue de estandartes del antiguo 1er Cuartel General de Fuerzas de Tareas Multidominio y del Pelotón de Apoyo del Cuartel General de la 7ª División dio paso al despliegue de las nuevas insignias. “Estamos fusionando la resistencia operativa, la flexibilidad y la protección de nuestras probadas formaciones Stryker con los sensores de largo alcance y los fuegos de precisión de nuestra fuerza de tareas multidominio”, explicó el mayor general Bernard J. Harrington, comandante general de la 7th ID (MDC-PAC).

Infantería, drones y ciber: la nueva división del Pacífico

El núcleo de la nueva división es lo que el Ejército denomina Capa de Contacto Multidominio (Cross Domain Contact Layer), un entramado diseñado para tejer inteligencia, guerra electrónica e inteligencia artificial en una red continua. El concepto apunta a fundir sensores, drones, armas de precisión y redes digitales en una arquitectura única que abarque tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio. “A través de nuestro emergente concepto de Capa de Contacto Multidominio, nuestra división empleará capacidades como buques de superficie no tripulados, drones de ataque unidireccionales de largo alcance y efectos lanzados para penetrar la red de negación de área del adversario”, detalló Harrington.

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El mando contará con una combinación inédita de plataformas: los veteranos vehículos blindados Stryker convivirán con sistemas de guerra electrónica, terminales satelitales tácticos y capacidades de ciberataque. La 7th ID (MDC-PAC) operará de forma continua, apuntando “cada radar que emita, cada nodo que transmita, cada puesto de mando que dirija”, en palabras de Harrington.

La transformación es el resultado de años de experimentos en el Indo-Pacífico, incluidas las rotaciones del 1er Grupo de Tareas Multidominio y la colaboración con las Fuerzas Armadas de Filipinas. El coronel Charles W. Kean, jefe adjunto de efectos del nuevo mando y antiguo comandante de la fuerza de tareas, describió a los soldados implicados como pioneros que “han invertido de lleno en experimentar, desplegar y emplear capacidades que funcionan desde los cielos hasta la tierra, desde el aire hasta el mar, y fluyen con todos los dígitos que hay en medio”.

La fusión de infantería Stryker con ciberataque y drones marca un antes y un después en la capacidad de proyección de fuerza del Ejército de Tierra estadounidense.

La ‘capa de contacto’ que lo conecta todo

El concepto de Capa de Contacto Multidominio es la respuesta del Pentágono a los sistemas A2/AD que China ha desplegado en el mar de la China Meridional. Se trata de una malla digital y cinética que permite ver, interrumpir y destruir sistemas enemigos en tiempo real a través de múltiples dominios. El elemento clave es la integración de inteligencia artificial con sensores distribuidos que, montados en plataformas tripuladas y no tripuladas, generan una conciencia situacional persistente.

En la práctica, la nueva división podrá lanzar drones de ataque unidireccionales para golpear buques o baterías costeras mientras simultáneamente ejecuta campañas de guerra electrónica para cegar los radares adversarios y protege sus propias comunicaciones mediante constelaciones de satélites tácticos. Todo ello mientras batallones Stryker maniobran físicamente en islas o estrechos disputados.

Este modelo rompe con la clásica separación entre ramas. El Ejército de Tierra asume competencias que hasta hace poco eran exclusivas de la Fuerza Aérea o la Armada, una evolución que refleja la convicción del Pentágono de que el próximo conflicto en el Indo-Pacífico será una pelea simultánea en todos los dominios. La capa de contacto multidominio, en definitiva, desdibuja las líneas tradicionales y obliga a Pekín a dispersar sus defensas en un frente mucho más amplio.

Equilibrio de Poder

La activación del 7th ID (MDC-PAC) tiene una lectura estratégica nítida: el Ejército estadounidense deja de ser un actor puramente terrestre en el tablero asiático. Al integrar fuegos de largo alcance, drones y ciberataque en una unidad terrestre, el Pentágono diversifica sus opciones para una eventual crisis en el estrecho de Taiwán o el mar de la China Meridional sin depender exclusivamente de grupos navales o bases aéreas fijas, vulnerables a los misiles chinos. El Ejército se convierte en parte de una red de negación de área propia.

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Para la Alianza Atlántica, el movimiento tiene un eco directo, aunque tenso. La OTAN carece de una unidad equivalente en su flanco este, y los conceptos multidominio apenas están en fase de diseño en el Mando Conjunto de Norfolk o en la Fuerza de Respuesta. La guerra en Ucrania ha demostrado la utilidad de los drones de ataque unidireccionales y la guerra electrónica, pero los europeos aún debaten cómo integrarlos en sus ejércitos nacionales. La iniciativa estadounidense en el Pacífico deja a la vista el gap de capacidades que Bruselas se resiste a cerrar con inversión propia.

España observa desde la distancia física del teatro, pero con implicaciones indirectas. Las bases de Rota y Morón albergan destructores AEGIS y aviones de patrulla marítima que respaldan la proyección de fuerza global de Estados Unidos. La nueva división multidominio aumentará la demanda de inteligencia, ciberdefensa y posiblemente de apoyo logístico desde territorio español. Al mismo tiempo, la apuesta estadounidense por el Indo-Pacífico reduce la atención militar y diplomática hacia el flanco sur europeo, lo que deja a España y a sus vecinos del Magreb y el Sahel con un socio transatlántico cada vez más volcado hacia Asia. La controversia sobre los aranceles y la presión para que los aliados europeos gasten el 5% del PIB en defensa no hace más que ahondar esta tensión.

El precedente histórico más cercano es la doctrina AirLand Battle de los años 80, que integró por primera vez a las fuerzas terrestres con la aviación táctica para contrarrestar la superioridad numérica soviética. Aquella revolución doctrinal transformó la OTAN en Europa. La nueva capa de contacto multidominio abre un camino análogo en el Pacífico, pero con un alcance mucho mayor porque incorpora espacio y ciberespacio.

La próxima ventana crítica será el despliegue de medios no tripulados navales y de ataque unidireccional en ejercicios conjuntos con Japón y Australia durante 2027. Si Pekín responde con ejercicios navales en la zona, el nivel de riesgo subirá. De momento, lo que queda claro es que el Ejército de Tierra estadounidense ha dejado de ser un actor de retaguardia en el Pacífico y se ha situado en la vanguardia de un nuevo modelo de disuasión.