Vox se alineó desde el primer momento con la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán, criticando con dureza el ‘no a la guerra’ de Pedro Sánchez. Tres meses después, el PP, que secundó aquel alineamiento, celebra ahora la paz con un giro que evidencia su desorientación estratégica frente a la coherencia de la formación de Santiago Abascal.
La posición de Vox: firmeza con Trump y rechazo al apaciguamiento
Cuando en febrero los bombardeos de la coalición liderada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu golpearon Irán, Vox no dudó en respaldar la acción militar. La dirección del partido consideró legítima la operación contra el régimen de los ayatolás y acusó al Gobierno de Pedro Sánchez de alinearse con «los enemigos de la libertad» al negar el uso de las bases conjuntas y recuperar el lema del ‘no a la guerra. Para Santiago Abascal, la postura del Ejecutivo demostraba «cobardía y condescendencia con los tiranos», un argumentario que la formación mantuvo en el Parlamento Europeo a través de su delegación en Patriotas por Europa.
La tesis de Vox, repetida en intervenciones parlamentarias y redes sociales, era que la presión militar constituía la única vía para doblegar al régimen iraní. «El apaciguamiento no pacifica, envalentona», señalaron fuentes del partido consultadas por Moncloa.com, en línea con el discurso del propio Trump. La coherencia de esa posición se ha mantenido intacta incluso tras el giro posterior del PP.
Desde la cúpula nacional de Vox subrayan que su alineamiento con Estados Unidos respondía a una convicción estratégica: la defensa de las democracias liberales frente al terrorismo y la proliferación nuclear. Así, el apoyo a Trump no fue un gesto oportunista sino una decisión meditada que ahora, con el acuerdo de paz sobre la mesa, refuerza la credibilidad del partido frente a quienes han rectificado en apenas tres meses.
El giro del PP: tres meses que cambian de ‘tiranos’ a ‘diálogo y diplomacia’
El pasado mes de marzo, Alberto Núñez Feijóo escribía en sus redes: «Con la libertad o con los tiranos». En aquellos días, el líder del PP calificó la muerte del máximo mandatario iraní como una mejora para el mundo y exigió a España que estuviera «sin matices junto a las democracias liberales». La vicesecretaria Carmen Fúnez ironizó incluso sobre la guerra, asegurando que al Gobierno «se le está vaciando el grupo de WhatsApp» porque caían Maduro y los ayatolás. El entonces portavoz del PP, Borja Sémper, respaldó la ofensiva sin fisuras.
Solo unas semanas después, tras la presión de sus socios europeos y la resistencia del régimen iraní, Feijóo empezó a matizar: calificó los bombardeos de «unilaterales» y habló de «temeridad». El pasado lunes, Borja Sémper completó el viraje al afirmar: «Siempre hemos defendido el ‘no a la guerra’ y siempre hemos defendido que esta guerra nunca debería de haberse producido». Una rectificación que contrasta con la vehemencia de aquellas jornadas en el Congreso donde la diputada Cayetana Álvarez de Toledo y la activista Masih Alinejad jalearon los ataques y acusaron a Sánchez de «usar los cuerpos heridos de los iraníes como munición política».
El giro de Feijóo ha sido tan abrupto que ahora celebra el principio de acuerdo entre EE.UU. e Irán con un mensaje que parece sacado del argumentario que antes denostaba: «Como siempre he defendido, el diálogo y la diplomacia han llevado a la paz». La contradicción es palmaria, y deja al PP en una posición embarazosa ante quienes le recordarán que hace dos meses consideraba la guerra como la única respuesta legítima.
Lectura estratégica: Vox capitaliza la firmeza frente al oportunismo del PP
El contraste entre la constancia de Vox y el viraje táctico del PP refuerza una de las líneas maestras del partido de Abascal: la diferenciación como única derecha fiable en política exterior. Mientras el PP se debatía entre el seguidismo inicial a Trump y la corrección posterior para no desentonar con sus socios europeos, Vox mantuvo una postura clara y sin fisuras, anclada en el principio de que la presión militar era necesaria para alcanzar un acuerdo.
Esa coherencia —léase también firmeza— permite a Vox presentarse como un socio previsible para Estados Unidos y como la única fuerza capaz de asumir los costes políticos de una posición impopular en ciertos sectores del electorado. Además, el espectáculo de las piruetas de Feijóo proporciona a los de Abascal un argumento para sus futuras campañas: ellos no venden la piel del oso antes de cazarlo, mientras que el PP cambia de discurso según sople el viento.
En la sede de Bambú se interpreta este episodio como una oportunidad para profundizar el perfil propio frente al PP de cara al ciclo electoral que se aproxima. La dirección de Vox confía en que el electorado conservador aprecie a quien se alineó con Trump sin necesidad de rectificaciones aparatosas. Y, de paso, deja una enseñanza para el pulso permanente entre ambas formaciones: en la guerra de relatos, la claridad estratégica acaba pesando más que la táctica a corto plazo.
La firmeza de Vox en su alineamiento con Trump contrasta con el viraje del PP, que primero jaléo los bombardeos y ahora celebra la paz.

