EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El vicepresidente JD Vance ha aterrizado este domingo en Suiza para iniciar conversaciones directas con Irán, la primera ronda de alto nivel desde el memorando de Islamabad.
- ¿Quién está detrás? La delegación estadounidense incluye a Jared Kushner y al enviado especial Steve Witkoff; la iraní la lidera el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, con mediación de Pakistán y Catar.
- ¿Qué impacto tiene? Las conversaciones buscan un acuerdo nuclear en 60 días, consolidar el alto el fuego en Líbano y reabrir el Estrecho de Ormuz, vital para la seguridad energética de España y la UE.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, aterrizó en Suiza la mañana del domingo para la primera ronda de negociaciones técnicas con Irán. Con un reloj de 60 días corriendo, las conversaciones cubren el programa nuclear iraní, el frágil alto el fuego en Líbano y la reapertura del Estrecho de Ormuz, según ha confirmado Vance antes de partir. “Creo que vamos a avanzar en el tema nuclear y en el del alto el fuego en Líbano. Esos son los dos grandes asuntos en los que nos centraremos”, declaró a los periodistas.
Junto a él viajan el asesor presidencial y yerno de Trump, Jared Kushner, y el enviado especial Steve Witkoff, quienes ya habían llegado a territorio suizo para preparar el terreno. Vance aseguró haber hablado con ambos y que “las cosas están yendo bien”. La delegación iraní, encabezada por el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf e integrada por los ministros de Exteriores y altos mandos de seguridad y petróleo, aterrizó el sábado. Pakistán y Catar, mediadores del memorando de entendimiento firmado en Islamabad la semana pasada, también participan en las discusiones.
El pulso por el Estrecho de Ormuz y la amenaza iraní
Irán anunció el sábado el cierre del Estrecho de Ormuz como respuesta a las operaciones militares israelíes en Líbano, acusando a Washington de incumplir los compromisos del memorando. La Guardia Revolucionaria calificó el bloqueo como un “primer paso” y advirtió a los buques que no se acerquen a la estratégica vía marítima. Estados Unidos, sin embargo, rechazó de inmediato la afirmación: “Irán no controla el Estrecho de Ormuz. El tráfico sigue fluyendo”, afirmó el portavoz del Mando Central, Tim Hawkins. En la jornada del sábado, 55 mercantes con más de 17 millones de barriles de crudo transitaron sin incidentes.
Mientras, el portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, advirtió que “el memorando en su conjunto se verá comprometido” si no se cumplen los compromisos clave. Un funcionario de Hezbolá citado por Associated Press condicionó la reapertura del estrecho a un compromiso público israelí de alto el fuego total en Líbano. El embajador israelí en Washington, Yechiel Leiter, replicó que su país “sigue firmemente comprometido con un alto el fuego inmediato” y que si Hezbolá cesa las hostilidades “se encontrarán con silencio”.
El cierre del estrecho, aun siendo un farol, dispara la prima de riesgo energético para Europa y coloca a España ante un nuevo escenario de dependencia del crudo de Oriente Medio.
Donald Trump terció en la disputa con un mensaje en Truth Social: “NO HABRÁ PEAJES en el Estrecho de Ormuz durante 60 días de alto el fuego”, y añadió que después tampoco los habrá, “salvo que sean impuestos por y para Estados Unidos, por los servicios prestados como ángel guardián de los países de Oriente Medio”. Una bravata que, en el contexto de las conversaciones, sirve para recordar a Teherán que la opción militar no ha desaparecido de la mesa.
La lógica de Washington
Para entender la apuesta de la Casa Blanca hay que mirar el manual de Reagan: negociar desde una posición de fuerza abrumadora. Vance lo verbalizó sin rodeos en Fox & Friends: “Estados Unidos gana de cualquier manera. Si los iraníes quieren comportarse mejor, estupendo. Si no, el presidente aún tiene muchas opciones”. La administración Trump no busca un acuerdo por el acuerdo; busca un pacto que le permita desmantelar el programa nuclear iraní, consolidar la tregua en Líbano y normalizar el tránsito energético sin ceder un ápice en capacidad de disuasión. La presencia de Kushner —arquitecto de los Acuerdos de Abraham— subraya la ambición regional del diseño.
Para España, la estabilidad del Estrecho de Ormuz no es un asunto lejano. Cerca del 20 % del crudo que llega a las refinerías españolas —Repsol, Cepsa, BP en Castellón— transita por este cuello de botella. Un bloqueo efectivo, o simplemente la percepción de riesgo, encarece los fletes, sube la cotización del Brent y golpea los márgenes de la industria y los bolsillos de los ciudadanos. Además, Madrid sigue con atención el posible despliegue de activos de la OTAN en el flanco sur, una discusión que podría reabrirse si la crisis escala.
Las próximas 48 horas dictarán el tono de la negociación. Vance espera permanecer en Suiza “un día o dos”, mientras los equipos técnicos pueden prolongar su trabajo. Si en ese plazo se logra un marco creíble para las inspecciones nucleares y un cese de hostilidades en Líbano, los mercados respirarán. Si Irán mantiene la presión militar y retórica sobre el estrecho, el reloj de los 60 días —que expira a finales de agosto de 2026— se convertirá en una cuenta atrás de consecuencias impredecibles para la seguridad energética de Europa.
Ficha del Caso
- El caso: Negociaciones directas EE.UU.–Irán en Suiza, con mediación de Pakistán y Catar, tras el memorando de Islamabad. Se abordan el programa nuclear iraní, el alto el fuego en Líbano y la crisis del Estrecho de Ormuz.
- Datos clave: Plazo de 60 días para un acuerdo, 55 mercantes con más de 17 millones de barriles de crudo cruzaron el estrecho el sábado pese a la amenaza iraní. Irán condiciona la reapertura a un alto el fuego israelí en Líbano.
- Para España: La estabilidad del Estrecho de Ormuz es crítica para el suministro energético español. Un fracaso de las conversaciones dispararía los precios del crudo y podría reactivar debates sobre la presencia de la OTAN en el Mediterráneo.
