Estados Unidos e Irán inician negociaciones en Suiza para desactivar el estrecho de Ormuz

Trump asegura que no habrá peajes en el estrecho salvo que los imponga EEUU. La cita en Ginebra busca un acuerdo definitivo sobre seguridad regional y el programa nuclear iraní.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Delegaciones de Estados Unidos e Irán se reúnen este domingo en Ginebra para convertir el alto el fuego de 60 días en el estrecho de Ormuz en un acuerdo definitivo sobre seguridad regional y el programa nuclear iraní.
  • ¿Quién está detrás? Washington, con el vicepresidente JD Vance y los enviados Witkoff y Kushner; Teherán, con el ministro de Exteriores Araghchi y el presidente del Parlamento Ghalibaf. Omán actúa como mediador.
  • ¿Qué impacto tiene? El acuerdo evitaría nuevos bloqueos en la principal vía del petróleo mundial; para España supone estabilidad en el suministro energético y la oportunidad de evitar una crisis de precios similar a la de 2025.

Las delegaciones de Estados Unidos e Irán se han reunido este domingo en Ginebra para transformar el alto el fuego temporal que reabrió el estrecho de Ormuz en un acuerdo permanente. Sobre la mesa, no solo el futuro de la ruta marítima por la que transita una quinta parte del petróleo mundial: también el programa nuclear iraní, el papel de Teherán en la administración de la vía y la posible imposición de peajes al tráfico comercial.

La cita se produce apenas 48 horas después de que Donald Trump lanzara un mensaje contundente desde su red Truth Social: solo Estados Unidos podrá cobrar tasas en el estrecho si el pacto no se cierra. ‘No habrá peajes durante los 60 días ni después, salvo que los impongamos nosotros’, escribió el presidente, que justificaría el cobro como compensación por el papel estadounidense en la protección del tráfico marítimo regional.

La amenaza de los peajes en Ormuz: de dónde viene y por qué importa

La idea de que Irán pudiera cobrar por el tránsito de petroleros y metaneros había aparecido en varios informes durante la crisis de 2025. Teherán, con el control de hecho sobre la orilla norte del estrecho, habría empezado a exigir pagos por servicios de navegación y seguro a los buques que atravesaban la zona. Aunque nunca hubo confirmación oficial, la simple posibilidad disparó las primas de riesgo del transporte marítimo y encareció el barril de Brent por encima de los 90 dólares.

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El alto el fuego pactado hace dos meses desactivó esa escalada de forma provisional. El memorando de entendimiento, filtrado por la agencia iraní Fars, otorga a Teherán un papel consultivo junto a Omán para definir la ‘futura administración y servicios marítimos’ del paso. Esa cláusula es, precisamente, la que Trump quiere neutralizar.

Desde el Pentágono recuerdan que Estados Unidos mantiene en la zona la Quinta Flota y que cualquier intento de gravar el comercio chocaría con la doctrina de libertad de navegación. Sin embargo, el pulso ahora se juega en la mesa de negociación, no en el mar.

La negociación en Suiza: actores y puntos clave

estrecho de Ormuz

El equipo negociador estadounidense está encabezado por el vicepresidente JD Vance, que llegó a Ginebra el domingo, acompañado por el enviado especial Steve Witkoff y el exasesor Jared Kushner. Por parte iraní, el ministro de Exteriores Abbas Araghchi y el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf lideran la delegación.

La declaración de Trump elimina, por ahora, la idea de que Irán cobre por el tránsito. Pero el texto filtrado por Fars sugiere que Teherán no renuncia a influir en la administración futura del estrecho.

Junto al régimen del estrecho, el programa nuclear iraní ocupa un capítulo central. Washington quiere desmantelar las centrifugadoras avanzadas que Teherán instaló durante la suspensión del JCPOA; Irán exige el levantamiento completo de las sanciones secundarias que lastran su economía. Un equilibrio complejo que Omán intenta facilitar desde la neutralidad.

Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com señalan que las conversaciones podrían prolongarse varias semanas, con rondas técnicas paralelas. El primer test de fuego llegará si se logra un borrador antes del 15 de julio, fecha en la que vence el actual alto el fuego.

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Equilibrio de Poder

El eje Estados Unidos-Rusia-UE observa la negociación con intereses divergentes. Moscú, aliado táctico de Irán, prefiere un acuerdo que mantenga las restricciones a Occidente pero sin cerrar la puerta a su propia cooperación nuclear con Teherán. Bruselas, más discreta, ha presionado para que el pacto incluya garantías para la seguridad energética europea. El comisario de Energía recordó ayer que el 30% del gas natural licuado que llega a la UE atraviesa el estrecho.

Para España el impacto es directo. Cualquier disrupción en Ormuz dispara el precio del crudo y del gas, y el recuerdo de la crisis de 2025 —cuando la factura energética se duplicó en dos meses— sigue fresco en Moncloa. La estabilidad en la región es también vital para las refinerías de Cepsa y Repsol, que dependen del suministro del Golfo. Una paz duradera en el estrecho aliviaría además la presión sobre el despliegue permanente de la fragata Blas de Lezo en la operación Agenor, que vigila la zona desde 2020.

El precedente de 2019, cuando el ataque a los petroleros en el golfo de Omán elevó la tensión sin llegar a un bloqueo formal, muestra que estos pulsos pueden resolverse con diplomacia de alto nivel si hay voluntad. Pero la peculiaridad de esta crisis es que la voluntad la expresa Trump en tiempo real, a golpe de mensaje en redes sociales. La lectura estratégica que hacemos es clara: un acuerdo permanente sería un éxito de la diplomacia transaccional que Washington pregona, pero mantendría a Irán bajo una presión constante si no se resuelve el capítulo nuclear.

Seguiremos de cerca el desarrollo de las rondas en Ginebra. La próxima ventana crítica se abre el 15 de julio, cuando expire el alto el fuego. Para entonces, el mercado del petróleo y la estabilidad presupuestaria de España estarán pendientes de un SMS de Donald Trump.