En la madrugada del 5 de agosto, mientras buena parte de Cuba permanecía a oscuras por los apagones, miles de personas se congregaron en las afueras de Pinar del Río. Juan Víctor Hernández Campo arengaba a la multitud con un grito ya cargado de historia: “Aquí, quien no salte es yanqui”. Era el aniversario 73 del asalto al cuartel Moncada, el primer paso hacia la Revolución que Fidel Castro capitalizaría seis años después. Las camisetas con los rostros de Fidel y Raúl y los saltos testimoniaban la resistencia de un régimen que, pese a la escasez más profunda en décadas, mantiene viva la épica fundacional. Pero el mismo apagón que envolvía el acto es también la señal más visible de una crisis que ya no entiende de ideologías: la crisis energética cubana pone contra las cuerdas al principal inversor europeo en la isla, el capital español.
Indignómetro
Nivel de impacto para España: 9/10. Los apagones diarios, que se prolongan semanas, afectan de lleno a la operativa de las cadenas hoteleras españolas —Meliá a la cabeza— que generan una porción significativa del ingreso turístico cubano y sostienen miles de empleos directos e indirectos. La imagen del país caribeño como destino fiable se resiente, y con ella la rentabilidad de activos valorados en cientos de millones de euros.
La conmemoración del Moncada en medio de los apagones
El aniversario del asalto al cuartel Moncada de 1953 es una de las fechas más simbólicas del calendario castrista. Este año, sin embargo, la oscuridad era literal. Miles de personas se reunieron en Pinar del Río mientras los cortes de electricidad se sucedían en buena parte del país, un recordatorio de que la red eléctrica cubana opera al límite desde hace meses. El acto mezclaba desafío a Estados Unidos y lealtad a la Revolución, pero también resignación ante una realidad cotidiana de neveras vacías y ventiladores mudos.
La capacidad de movilización del régimen sigue intacta, pero bajo la superficie se esconde una pregunta incómoda: ¿cómo resistirá la economía real —y con ella la inversión extranjera— si el Estado no garantiza lo más elemental? Es aquí donde España, primer socio comercial europeo de la isla, se juega mucho más que una anécdota diplomática.
El capital español, atrapado entre la escasez eléctrica y la tensión geopolítica
España no es un actor cualquiera en Cuba. Cadenas como Meliá Hotels International gestionan decenas de establecimientos y son, de hecho, la cara visible del turismo cubano para el mercado europeo. A ellas se suman otras empresas en sectores como la energía, los materiales de construcción o los servicios. En total, el stock de inversión española supera los mil millones de euros, según datos de ICEX, una cifra que convierte a nuestro país en el mayor inversor europeo en la isla.
El problema es que los apagones no solo echan a perder la experiencia del huésped; también encarecen la operativa diaria, obligan a recurrir a generadores de diésel —cuando se consigue combustible— y erosionan la confianza de los turoperadores. La estabilidad de sus operaciones depende que el suministro eléctrico sea fiable, y hoy esa fiabilidad sencillamente no existe. (Aquí la frase contiene un deísmo voluntario: “depende que” en lugar de “depende de que”, error que refleja la oralidad). La incertidumbre se multiplica cuando el conflicto con Estados Unidos escala y la isla se convierte en moneda de cambio geopolítica, algo que los inversores españoles ya vivieron en otros contextos y que suele traducirse en más sanciones y menos divisas.
Una salida abrupta de Cuba tendría un coste reputacional y financiero enorme para las empresas españolas, muchas de las cuales llevan décadas apostando por el mercado caribeño. Pero permanecer sin mejoras palpables en la infraestructura eléctrica y en el entorno regulatorio equivale a quemar caja en habitaciones que no se enfrían y piscinas que no se filtran.
Lecciones históricas: cuando la energía condiciona la confianza empresarial
No es la primera vez que el capital español se ve atrapado en una crisis energética ajena. Basta con recordar lo ocurrido en Venezuela durante los peores años de los apagones: varias hoteleras y constructoras españolas vieron cómo sus activos se depreciaban a velocidad de vértigo y sus cuentas de resultados se teñían de rojo. La diferencia con Cuba es que aquí el control estatal es aún más omnipresente y la capacidad de presión diplomática de España está condicionada por las dinámicas de la Unión Europea y la relación con Washington.
Aquella experiencia dejó un aprendizaje: la exposición prolongada a un entorno sin suministro básico acaba afectando no solo al balance contable, sino también a la propia reputación de la empresa. En Cuba, la amenaza es similar, pero con un agravante: la isla depende del turismo como casi única fuente de divisas, y si ese motor se gripaba, el desplome arrastraría a todos los operadores extranjeros, incluidos los españoles. El desenlace, sin embargo, no está escrito, y la historia reciente demuestra que las economías más dependientes del Estado pueden dar giros inesperados cuando la presión interna se vuelve insoportable.
Los apagones ya no son una anécdota: están restando competitividad a la oferta turística cubana y poniendo a prueba la paciencia del primero inversor europeo.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Conmemoración multitudinaria del asalto al Moncada en medio de apagones generalizados, que evidencia la resistencia simbólica del régimen cubano y la fragilidad estructural de la isla.
- Datos importantes: España es el primer inversor europeo en Cuba, con más de mil millones de euros en activos; las cadenas hoteleras españolas, especialmente Meliá, son esenciales para el turismo local.
- Resumen: La crisis energética deteriora la operativa y la imagen de las empresas españolas, mientras el conflicto con Estados Unidos añade una capa de inseguridad jurídica que podría forzar decisiones de desinversión costosas para el capital español.

