El IRGC de Irán ataca un buque comercial en el Estrecho de Ormuz y la ONU detiene la evacuación

El ataque del IRGC a un buque en el Estrecho de Ormuz obliga a la ONU a pausar su plan de evacuación de 11.000 marineros. Washington insiste en la libre navegación y rechaza los peajes iraníes.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) atacó con un dron el buque ‘Ever Lovely’ en el estrecho de Ormuz, dañando el puente de mando.
  • ¿Quién está detrás? El IRGC iraní, que horas antes había advertido que los barcos solo pueden transitar por rutas autorizadas por Teherán.
  • ¿Qué impacto tiene? La Organización Marítima Internacional pausó el plan de evacuación de 11.000 marineros; aumentan las dudas sobre la seguridad del suministro energético global.

El IRGC atacó este jueves con un dron kamikaze un buque comercial singapurense en pleno estrecho de Ormuz. El incidente forzó a Naciones Unidas a detener el plan de evacuación para miles de marineros varados en el golfo Pérsico y avivó los temores por el tráfico de petróleo.

El mercante Ever Lovely fue alcanzado por un proyectil no identificado —un dron de ataque unidireccional de fabricación iraní— a unas 7,5 millas náuticas al sureste de Dahit, en Omán. No hubo víctimas ni vertido ambiental, pero el puente quedó dañado. La precisión del impacto sugiere un ataque deliberado, según varios funcionarios estadounidenses.

La advertencia de Teherán y el bloqueo burocrático

El ataque ocurrió apenas unas horas después de que la recién creada Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA, en sus siglas en inglés) —un organismo iraní— advirtiera que todo tránsito por rutas no aprobadas por Teherán carecerá de garantías de paso seguro, cobertura de seguro y protección legal. “Cualquier paso a través de rutas fuera del marco designado será responsabilidad del armador y operador”, sentenció la PGSA.

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La Organización Marítima Internacional (OMI) reaccionó pausando un plan que había arrancado días antes para sacar de la zona a más de 11.000 marineros abandonados por el conflicto. Arsenio Domínguez, secretario general de la OMI, justificó la decisión “para reconfirmar que existen las garantías de seguridad necesarias”. El Ever Lovely no participaba en la evacuación.

Washington pone líneas rojas

El ataque tensionó inmediatamente el memorando de entendimiento firmado la semana pasada entre Estados Unidos e Irán. Ese documento pide a Teherán que haga “sus mejores esfuerzos” para mantener abierto el estrecho, sin peajes, durante sesenta días mientras se negocia un acuerdo más amplio sobre armas nucleares y sanciones.

Marco Rubio, secretario de Estado, se reunía en Baréin con los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo y fue tajante: “Si los barcos no se mueven por verse amenazados, eso sería una violación del acuerdo”. También rechazó cualquier intento de imponer tasas: “Las vías navegables internacionales no pertenecen a ningún Estado-nación”.

Donald Trump subió el tono en su red Truth Social: si la información de que Irán busca peajes o costes de seguro es falsa, las negociaciones terminarían “de inmediato”. El mensaje citaba textualmente un compromiso iraní que negaba tales cobros.

Si Irán logra imponer peajes o reglas unilaterales en el estrecho de Ormuz, el modelo se replicará en otras rutas marítimas vitales.

La Lógica de Washington

Para Washington, el estrecho de Ormuz no es solo un punto geopolítico: es la arteria por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. En 1987, durante la guerra entre Irán e Irak, la administración Reagan lanzó la Operación Earnest Will para reabanderar petroleros kuwaitíes y escoltarlos con la Marina estadounidense. La doctrina no ha cambiado: el libre tránsito es una cuestión de seguridad nacional americana.

Esta lógica explica la mezcla de ultimátum y diplomacia que despliega ahora Donald Trump. Por un lado, el Departamento de Estado insiste en que Irán mantenga el estrecho abierto sin peajes; por otro, el Mando Central muestra cazas F-16 sobrevolando la región. La Administración teme que un precedente de peajes iraníes contamine rutas como el canal de Panamá o los estrechos de Malaca. No es alarmismo: es cálculo de poder.

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Para España, el impacto puede ser tangible. Aunque el suministro directo de crudo iraní es mínimo, el encarecimiento del seguro marítimo y el desvío de rutas alteran el precio del barril Brent, referencia para los combustibles en la Península. Iberdrola, Repsol y la cadena logística de importación de gas natural licuado —clave para la planta de Mugardos— vigilan de cerca la situación. El Gobierno español, en coordinación con Bruselas, presiona para que la OMI restablezca cuanto antes el pasillo de evacuación.

La próxima ventana crítica se abre este mismo mes: si las negociaciones bilaterales no despejan las reglas de navegación, el tráfico de crudo por Ormuz podría seguir sin recuperar los niveles previos al conflicto. Y eso, en un año con la recuperación europea aún frágil, se paga en euros.

Ficha del Caso

  • El caso: El IRGC ataca un buque en el estrecho de Ormuz tras advertir que solo acepta rutas autorizadas por Teherán.
  • Datos clave: 11.000 marineros varados, memorando EE.UU.-Irán de 60 días, amenaza de peajes iraníes, rechazo de Washington y los países del Golfo.
  • Para España: La inestabilidad encarece el crudo de referencia y los seguros marítimos, con posible efecto sobre los precios de los carburantes y la seguridad energética europea.