Carles Puigdemont está perdiendo el control de las candidaturas municipales de Junts más allá de Barcelona. Las tensiones en Tarragona y Girona reflejan un partido que no logra cerrar sus listas sin primarias forzadas, mientras la autoridad del secretario general Jordi Turull se diluye.
El descontrol que desembocó en las primarias por la alcaldía de Barcelona se ha extendido a plazas que históricamente eran feudo del partido. En Barcelona, Puigdemont tardó más de doce horas en felicitar al ganador, Jordi Martí Galbis, un gesto que evidenció la brecha entre Waterloo y el aparato territorial. Ninguno de los vicepresidentes de Junts secundó la victoria de Martí, volcados en la candidata oficialista Pilar Calvo.
El resultado fue una purga inmediata: la exvicepresidenta Joana Ortega y la regidora Francina Vila se quedarán fuera de la lista, como confirman fuentes de la formación. Martí se aseguró el primer puesto, pero las encuestas vaticinan un descalabro: solo cinco regidores para Junts en el consistorio.
La repetición del patrón de Barcelona
Lo sucedido en la capital no es un episodio aislado. En Tarragona, el próximo campo de batalla, el aparato ha tratado de evitar unas primarias que parecen inevitables. El candidato que se ha ofrecido, Jordi Miquel Sendra, hijo del exdiputado Josep Sendra, no cuenta con la bendición de Waterloo. La dirección tanteó al catedrático Fede Adán, pero este, al igual que Tatxo Benet en Barcelona, no se comprometió a dar el paso sin primarias. El aparato del partido estuvo sondeando a Fede Adán, presidente de la Associació contra el Càncer, sin éxito.
La alternativa crítica la encabeza el abogado Roger Baiges, que exige un proceso de primarias abierto. “Pedir primarias ya no es una opción, es un síntoma de fractura”, analizan fuentes del partido. El tour de force para Jordi Turull está servido: si se impone a Sendra, la militancia puede rebelarse; si no, pierde otro bastión.
Mientras tanto, en Girona, el conflicto no es por el cabeza de lista —la exdiputada Gemma Geis fue la solución de compromiso que Puigdemont aceptó a regañadientes— sino por el número dos. El expresident quiere colocar en ese puesto al abogado Carles Ribas, antiguo regidor de sus tiempos de alcalde. Geis se niega en redondo, y el pulso está abierto. La división en la ciudad que fue el granero de votos de Junts, antes de la irrupción de Aliança Catalana, amenaza con fracturar aún más la candidatura.
La desunión en Junts ya no es un rumor de pasillo: se ha materializado en primarias que el aparato no quiso, en felicitaciones que llegan tarde y en una dirección que pierde el control de sus plazas históricas.
Tarragona, el próximo ‘tour de force’ para Turull
En Tarragona el calendario aprieta. El sondeo a Fede Adán, según fuentes del partido, buscaba un perfil técnico y alejado de las luchas internas, pero su negativa deja vía libre al pulso entre Sendra y Baiges. Las primarias que se avecinan replicarán el esquema barcelonés, con un aparato que apoya a un candidato afín y una militancia que exige decidir.
La figura de Turull queda tocada: si no logra imponer un candidato de consenso, su autoridad, ya cuestionada desde Waterloo, se debilitará aún más. De hecho, desde la sombra, Albert Batet y Antoni Castellà interfieren con frecuencia en las designaciones, a veces al margen del secretario general.
Un problema de autoridad que no estallará hasta 2027
La paradoja es que, pese a la imagen de desunión, ninguna de las facciones forzará un ajuste de cuentas antes de las municipales de mayo de 2027. Todos saben que un cisma abierto ahora sería letal. Sin embargo las fuentes coinciden en que, tras las urnas, Puigdemont podría intentar el relevo de Turull, repitiendo el patrón que ya vivió Jordi Sànchez, a quien se culpó del fracaso de la coalición con ERC.
Se prevé que nada aflore hasta los resultados, en en mayo de 2027. Pero el desgaste es evidente: Junts no ha logrado cuajar como partido tradicional y sigue dependiendo de liderazgos personalistas. La imagen de un Puigdemont que felicita tarde y de un secretario general desautorizado en sus propias plazas complica el relato que la formación quiere vender de cara a unas elecciones que serán cruciales.
