En abril de 2023, Yolanda Díaz presentó en el polideportivo Magariños su candidatura a la Presidencia del Gobierno arropada por quince partidos y una promesa: «Sumar no va de partidos». Tres años después, aquella ilusión fundacional se ha transformado en una guerra fratricida que deja al proyecto al borde de la liquidación. Dimisiones, escándalos internos y una dirección bicéfala fallida han convertido a Sumar en el caso más dramático de autodestrucción política reciente. La coalición que nació para superar los errores de Unidas Podemos repite ahora, con precisión milimétrica, sus mismos vicios.
De Magariños a la asamblea de 2024: la primera grieta
El lanzamiento de Sumar en junio de 2022, en las Naves del Matadero de Madrid, fue un baño de masas con más de 5.000 asistentes bajo 35 grados. Un año después, Magariños reunió a 3.000 personas y dejó fuera a otras 2.000. Aquel 2 de abril, Díaz proclamó su voluntad de ser la primera presidenta de España y reunió a la plana mayor de la izquierda: Ada Colau, Íñigo Errejón, Alberto Garzón, pero con la silla vacía de Podemos. La fractura con los morados ya era visible.
La primera asamblea estatal de abril de 2024 evidenció el déficit de legitimidad interna: solo 8.179 de los 70.000 inscritos votaron (un 11,7% de participación), y un 20% se opuso a que Díaz liderase en solitario. El modelo de reparto de poder —70% para Sumar, 30% para los partidos— fue rechazado por Izquierda Unida y jamás llegó a implementarse. La dirección de de Sumar nacía coja y con una contestación interna que no ha dejado de crecer.
Del ‘caso Errejón’ a la dirección bicéfala: el desgobierno permanente
El 24 de octubre de 2024, Íñigo Errejón dimitió entre acusaciones de acoso y agresión sexual. Sumar carecía entonces de Comisión Antiacoso y afirmó no haber conocido las denuncias hasta esa semana. «He llegado al límite de la contradicción entre el personaje y la persona», declaró Errejón. La crisis dejó en evidencia la fragilidad organizativa del partido y obligó a posponer la segunda asamblea, prevista inicialmente para diciembre.
En marzo de 2025, por fin, Sumar celebró su congreso refundacional. Yolanda Díaz, ausente el primer día, quedó como número tres de la ejecutiva, por detrás de una Coordinadora General bicéfala formada por Lara Hernández y Carlos Martín Urriza. Este último dimitió a los cuatro meses, en agosto, pero retuvo su escaño para evitar que Podemos recuperara un quinto diputado, pues la siguiente en la lista era Isa Serra. La portavocía del partido recayó en el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, que milita en los Comuns: un equilibrio precario entre confluentes y leales a Díaz.
Sumar no logró superar su propio diseño: la ‘matrioska’ de partidos que sumó en 2023 hoy es una suma de fracturas difíciles de soldar.
La Dinámica de Coalición
La crisis de Sumar trasciende a su partido matriz y afecta al equilibrio del espacio de izquierdas. La salida de Podemos al Grupo Mixto en diciembre de 2023 y las tensiones con IU por las cuotas de poder han fracturado la coalición. Hoy, Movimiento Sumar apenas controla un grupo parlamentario de 26 escaños —frente a los 31 que obtuvo en las generales—, y los confluentes regionales (Más Madrid, Compromís, Comuns) operan con una autonomía casi total. La mesa de partidos que debía coordinar la coalición apenas funciona, con IU y Comuns como únicos participantes activos junto a Movimiento Sumar.
En el seno del Gobierno de coalición con el PSOE, la debilidad interna de Sumar se traduce en una merma de su influencia; su medida estrella, la reducción de la jornada laboral, fue tumbada en el Congreso por PP, Vox y Junts. Cada nuevo escándalo de corrupción que salpica al Gobierno, cada discrepancia sobre gasto militar o relaciones con Israel, deja al socio minoritario sin capacidad de reacción cohesionada. La proyección hacia las elecciones generales de 2027 pinta un escenario de fragmentación: Podemos aspira a reconstruir su espacio, IU coquetea con candidaturas propias, y el nombre de Pablo Bustinduy suena como posible figura de consenso si Díaz abandona definitivamente la primera línea. Sumar necesita, al menos, redefinir su modelo de coalición antes de que el ciclo electoral cierre todas las salidas.
La refundación prometida en la segunda asamblea ha quedado en agua de borrajas, y la dirección bicéfala nació herida de muerte. Mientras, los antiguos aliados observan cómo el proyecto de Díaz repite el guion de Podemos: un liderazgo unipersonal que no supo convertirse en organización sólida y que ahora se desangra en luchas intestinas.
Ficha del Caso
- El caso: Sumar, la plataforma lanzada por Yolanda Díaz en 2022 para unir a la izquierda del PSOE, atraviesa una crisis orgánica profunda con dimisiones, luchas de poder y fragmentación de la coalición.
- Datos importantes: El grupo parlamentario pasó de 31 a 26 escaños (por la marcha de Podemos); participación en la asamblea de 2024 del 11,7%; dirección bicéfala instalada en marzo de 2025 que ya ha sufrido bajas.
- Resumen: La crisis interna amenaza la viabilidad de Sumar como proyecto unitario de cara a las generales de 2027, debilita su posición en el Gobierno de coalición y abre la puerta a una recomposición del espacio a la izquierda del PSOE con otros actores.

