Adiós a las terrazas sin personalidad: el truco de Natalia Zubizarreta para decorar con piezas recuperadas y sin invertir de más

La interiorista explica que una terraza con alma no necesita un presupuesto alto: basta una pieza rescatada del olvido y tres decisiones acertadas de diseño. Aquí sus consejos para transformar cualquier exterior sin caer en el catálogo uniforme.

Todos hemos visto terrazas que parecen un trastero disfrazado: la silla desparejada, la maceta de plástico, la mesa que ya no cabe en la cocina. Colocar cuatro trastos y llamarlo ‘decoración de exteriores’ es el error más repetido del verano. Pero hay una salida sencilla. La interiorista Natalia Zubizarreta lleva años defendiendo que un balcón o un patio puede ser más acogedor que el salón, y que el secreto no está en gastar más, sino en elegir mejor —y en rescatar alguna pieza con historia. El resultado: un rincón que invita a descalzarse y quedarse.

El secreto del éxito

  • Define el uso antes de comprar. Saber si la terraza será para cenas largas, para leer o para tomar el aperitivo determina todo lo demás: desde el tipo de silla hasta la altura de la mesa.
  • Elige una pieza recuperada como protagonista. Una mesa antigua, una butaca heredada o una silla de enea rescatada de un mercadillo concentrará toda la personalidad del espacio.
  • Reduce la paleta cromática. Bases neutras (arena, blanco roto, lino) y pequeños toques de color en cojines o macetas generan calma y evitan la sensación de caos visual.

Ingredientes

  • Una pieza recuperada (mesa, butaca o silla antigua)
  • Cojines de exterior resistentes a la intemperie (2-4 unidades)
  • Una alfombra de exterior que delimite la zona de estar
  • Macetas de cerámica o barro con plantas aromáticas o trepadoras
  • Una guirnalda solar o luces LED recargables (menos de 10 €)
  • Mantas ligeras para las noches frescas

El coste total no tiene por qué superar los 50 euros si aprovechas piezas heredadas y compras textiles de segunda mano. El verdadero ingrediente secreto es el criterio, no el presupuesto. Y si te sobra un rincón, un pequeño espejo de exterior duplica visualmente el espacio.

Paso a paso

Antes de colocar nada, vacía por completo la terraza. Solo así verás los metros reales y podrás imaginar las zonas. Esta fase de ‘lienzo en blanco’ es la que marca la diferencia entre un espacio pensado y uno improvisado.

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Coloca la pieza recuperada en el punto focal: bajo una ventana, junto a la pared o, si el espacio lo permite, en el centro. Una mesa de enea patinada por el sol o una butaca de mimbre con cojín descolorido dictarán el tono del conjunto.

Añade mobiliario auxiliar alrededor — sillas cómodas, un taburete. Invierte en asientos que inviten a quedarse, mejor que en adornos. Como apunta la interiorista, cuando el mobiliario anima a permanecer, el ambiente resulta mucho más auténtico.

Viste con textiles: extiende la alfombra, reparte cojines y, si la noche refresca, deja una manta a mano. Los textiles no solo dan calidez ; también ayudan a acotar visualmente cada zona y son la forma más barata de actualizar la terraza cada temporada.

Una terraza sin alma se convierte en un almacén. La diferencia la marca una sola pieza con historia, rodeada de comodidad y luces suaves.

Integra plantas y luz. Coloca macetas a distintas alturas y enciende las guirnaldas al atardecer. El verde suave de un poto o el aroma del jazmín enredan la atmósfera de calma, y la luz cálida disimula los defectos y realza las texturas.

Variaciones y maridaje

Para balcones minúsculos, apuesta por muebles plegables y plantas de pared. Una mesa abatible fijada a la barandilla y dos sillas ligeras bastan; el truco está en usar macetas colgantes para no robar un centímetro de suelo. Las plantas aromáticas como la albahaca o la menta suman olor y sirven para la cocina.

Si dispones de un patio mediano, separa visualmente dos zonas: una de comedor con mesa baja y otra de relax con hamacas o pufs. La alfombra de exterior actúa como frontera blanda y evita que todo parezca un revoltijo. Los pufs de exterior se lavan fácil y se guardan en invierno.

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El maridaje más acertado: piezas recuperadas con textiles de lino crudo y cerámica artesanal. El contraste entre la pátina del tiempo y las líneas contemporáneas de una lámpara led de filamento crea una atmósfera que ningún catálogo puede replicar. Ese aire vivido que tanto gusta en los interiores del sur de Europa se traslada al exterior sin esfuerzo.

Si el presupuesto aprieta, recorre rastros y mercadillos. Una butaca de mimbre por 15 euros, una capa de esmalte y un cojín nuevo cuestan menos que cualquier mueble de kit y duran el doble. Restaurar en vez de comprar es la inversión más lista del verano. Busca ‘piezas con solera’ y dedícales una tarde de bricolaje.