La Eurocámara da luz verde a la negociación del euro digital, respuesta a Visa y Mastercard

El mandato negociador, acordado por populares, socialistas y liberales, no necesitará votación y vence el plazo de objeciones hoy a medianoche. La futura moneda del BCE se lanzará con una prueba piloto en 2027 y permitirá pagos offline sin coste para los consumidores.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Eurocámara ha aprobado sin votación el mandato negociador para el euro digital, al vencerse hoy el plazo de objeciones sin que ningún grupo lo haya forzado. El ponente Fernando Navarrete (PPE) confirmó el acuerdo entre populares, socialistas y liberales.
  • ¿Quién está detrás? El Parlamento Europeo impulsa la legislación que permitirá al BCE emitir una moneda digital alternativa a Visa y Mastercard. La Comisión y los Estados miembros tendrán ahora que negociar el diseño final en un trílogo.
  • ¿Qué impacto tiene? Se abre la vía a una prueba piloto en 2027. Los consumidores podrán abrir un monedero digital sin coste y pagar incluso sin conexión a internet, reduciendo la dependencia tecnológica de Estados Unidos en los pagos.

El Parlamento Europeo ha dado este lunes el pistoletazo de salida a la negociación del euro digital, la futura moneda electrónica del Banco Central Europeo (BCE) que aspira a competir con los gigantes estadounidenses Visa y Mastercard. La Eurocámara ha aprobado su posición negociadora sin necesidad de votación, al no haberse presentado objeciones antes de que hoy, 7 de julio de 2026, expire el plazo para forzar una votación nominal.

El ponente del informe, el eurodiputado del PPE Fernando Navarrete, defendió que el mandato ofrece “una alternativa europea y segura” a los sistemas de pago dominantes. El acuerdo entre los grupos mayoritarios —populares, socialdemócratas y liberales— permitió que el texto avanzara sin el trámite de una votación plenaria, un procedimiento habitual en la Eurocámara cuando el consenso es suficiente. El plazo para presentar objeciones vencía hoy a medianoche y ninguna formación lo ha forzado.

Un mandato que desbloquea el trílogo tras años de parálisis

La aprobación del mandato negociador es el primer paso real para que Bruselas legisle el euro digital. La Comisión Europea ya había presentado su propuesta, pero faltaba la posición del Parlamento. Ahora arranca el trílogo —la negociación a tres bandas entre Comisión, Parlamento y Consejo de la UE— que definirá los detalles técnicos. Si todo avanza según lo previsto, el BCE espera cerrar las negociaciones a finales de 2026 y lanzar una prueba piloto en 2027. El objetivo es ofrecer una opción de pago paneuropea que reduzca la dependencia de las infraestructuras financieras estadounidenses, en plena ofensiva comunitaria por una mayor autonomía estratégica.

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¿Qué cambiará para consumidores y comercios?

Parlamento Europeo

El euro digital funcionará como un monedero electrónico vinculado a una cuenta bancaria, pero gestionado directamente por el BCE. Los usuarios podrán abrirlo desde la aplicación de su banco, en oficinas de correos o a través de cualquier proveedor de servicios de pago autorizado. Una de las claves del acuerdo es que permitirá pagos sin conexión a internet y en línea de forma simultánea desde el primer día, un punto que había atascado las negociaciones en la Eurocámara.

Para los consumidores, el servicio no tendrá coste alguno. Los comercios, en cambio, deberán asumir comisiones, pero los eurodiputados han fijado en su informe que estos costes no superen los que ya pagan en la actualidad por el uso de tarjetas. “Queremos que quien quiera seguir utilizando efectivo pueda hacerlo y que quien prefiera medios digitales disponga también de una alternativa europea y segura”, explicó Navarrete.

El monedero digital se convierte así en un instrumento complementario al efectivo, no en su sustituto. En países como Alemania o Austria, donde el uso de billetes sigue muy arraigado, la privacidad es la principal preocupación. Navarrete insistió en que los europeos “mantendrán el control tanto de su dinero como de sus datos personales”.

La alternativa europea de pagos nace con ambición estratégica: dejar de depender de los raíles estadounidenses para cada transacción digital que ocurre en el continente.

El Eje del Poder Europeo

El euro digital es, ante todo, una respuesta geoeconómica. Bruselas está lanzando una batería de iniciativas para reducir la dependencia tecnológica de Estados Unidos —desde la ley de inteligencia artificial hasta las gigafactorías de chips—, pero en los pagos digitales la brecha seguía abierta. Visa y Mastercard controlan más del 90% de las transacciones electrónicas en la UE. Con este movimiento, la Comisión y el BCE aspiran a replicar el esquema que ya funciona con el euro físico: una infraestructura soberana, bajo control público, que garantice estabilidad y privacidad.

Sin embargo, el consenso no es total. En el Consejo, donde los Veintisiete deben fijar su propia posición, afloran resistencias. Los Estados con una fuerte cultura del efectivo —Alemania, Austria, Países Bajos— temen que la moneda digital acelere la desaparición de los billetes y erosione la privacidad. Los Estados del sur liderados por España e Italia ven en el euro digital una oportunidad para modernizar los sistemas de pago y reducir costes para comercios y consumidores. Madrid ha sido un aliado activo de Bruselas en este expediente: el ministro de Economía español ha defendido repetidamente que la moneda digital refuerza la soberanía monetaria europea y encaja en la estrategia de digitalización financiera del país.

La geometría variable es clara: los “frugales” y germanófonos piden más salvaguardas de privacidad; los mediterráneos apuestan por un lanzamiento rápido. El resultado del trílogo determinará cuánto poder tendrá el BCE sobre los datos de los usuarios y si se fija un límite a los saldos digitales para evitar la fuga de depósitos bancarios. El BCE da por hecho que la negociación avanzará en otoño y que la prueba piloto de 2027 será el primer test real. De su éxito dependerá, en gran medida, que la UE pueda dejar de depender de los raíles financieros estadounidenses.

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