Irán ataca bases de EE.UU. en Kuwait y advierte a los países del Golfo que no sirvan de escenario de guerra

Teherán responde a los bombardeos estadounidenses con misiles y drones contra bases en Kuwait, Catar, Baréin, Omán y Jordania. La amenaza directa a los aliados árabes de Washington eleva la tensión en el Golfo Pérsico y pone en riesgo la frágil tregua de junio.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Irán lanzó ayer misiles y drones contra bases militares de Estados Unidos en Kuwait, Catar, Baréin, Omán y Jordania, en represalia por la campaña de bombardeos estadounidense.
  • ¿Quién está detrás? Las Fuerzas Armadas iraníes, con respaldo del régimen de Teherán, que justifica los ataques como legítima defensa.
  • ¿Qué impacto tiene? Irán advierte que cualquier país del Golfo que preste territorio a EE.UU. será considerado objetivo militar. Sube la tensión en el estrecho de Ormuz, cerrado por Irán, y amenaza directamente la seguridad de los aliados árabes.

Irán ha respondido este domingo a la cuarta noche consecutiva de bombardeos estadounidenses sobre su territorio con un ataque coordinado de misiles y drones contra bases militares de Estados Unidos en Kuwait, Catar, Baréin, Omán y Jordania. Es la mayor ampliación regional del conflicto desde la ruptura del alto el fuego del pasado 17 de junio, y llega acompañada de una amenaza explícita a las monarquías del Golfo: Teherán considera objetivo legítimo cualquier país que ceda su territorio para lanzar ataques contra Irán.

Los ataques del domingo: misiles, drones y un mensaje a las monarquías del Golfo

El Ministerio de Defensa iraní confirmó anoche el lanzamiento de ‘decenas de misiles balísticos y drones de ataque’ contra posiciones estadounidenses en al menos cinco países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Fuentes de inteligencia regionales consultadas por Moncloa.com confirman impactos en la base aérea de Ali Al Salem, en Kuwait, y en el puerto de Duqm, en Omán, ambos utilizados por el Pentágono como nodos logísticos para las operaciones contra Irán. También se registraron explosiones cerca de la base aérea Rey Faisal, en Jordania, y en las instalaciones navales de Manama, Baréin, donde la Quinta Flota tiene su cuartel general. Catar, sede del Comando Central Avanzado de EE.UU., pudo recibir impactos en zonas periféricas.

El ataque constituye una represalia directa por la campaña de bombardeos que Estados Unidos mantiene desde el pasado jueves, y que en la madrugada de este lunes ha sumado una cuarta oleada sobre objetivos en el interior de Irán. Teherán, que había contenido sus respuestas durante semanas, ha decidido cambiar de escala y extender las hostilidades al territorio de los aliados árabes de Washington.

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En un comunicado difundido por la agencia ISNA, el Ministerio de Exteriores iraní condenó los ‘bárbaros ataques’ estadounidenses y acusó a las monarquías del Golfo de haber convertido sus países ‘en un escenario para su guerra ilegal y criminal contra la nación iraní’. El portavoz Esmaeil Baghaei, en un mensaje en X, afirmó que ‘Irán no ataca; los golpes de Irán contra bases y activos militares estadounidenses estacionados en el sur del golfo Pérsico constituyen un ejercicio legítimo y legal de su derecho inherente a la legítima defensa bajo el derecho internacional.

La amenaza explícita a los países del Golfo y el cierre del estrecho de Ormuz

Golfo Pérsico

La nota de Teherán incluye una advertencia que cambia los parámetros del conflicto. ‘Los países vecinos están obligados, en virtud del derecho internacional, a impedir que el agresor utilice su territorio e instalaciones para llevar a cabo una agresión militar contra Irán’, señala el comunicado. La lectura es inequívoca: si un Estado del Golfo permite operaciones contra Irán desde su suelo, Teherán lo considerará parte beligerante y atacará sus infraestructuras militares, y potencialmente energéticas.

La amenaza se produce apenas dos semanas después de que Irán decretase el cierre del estrecho de Ormuz —por el que transita un tercio del crudo mundial— en represalia por los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero. Aquella acción militar, bautizada como Operación Guardián del Estrecho, desencadenó la guerra y forzó la mediación de Omán para alcanzar una tregua en abril y un memorando de entendimiento el 17 de junio. Sin embargo, las discrepancias sobre la interpretación del acuerdo y la reapertura del paso marítimo han reavivado los combates.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido ‘máxima moderación’ y ha instado a todas las partes a ‘evitar nuevas acciones de escalada y tomar medidas inmediatas para desescalar’. Washington no ha comentado oficialmente los impactos del domingo, pero fuentes del Pentágono reconocen que la situación en la región es ‘extremadamente volátil’.

El eje de la guerra se ha desplazado de un intercambio bilateral a una crisis de seguridad colectiva en el Golfo, con Irán dispuesto a atacar a los aliados de Washington si mantienen su respaldo logístico.

Equilibrio de Poder

El ataque iraní contra países del Golfo —y no solo contra la presencia militar estadounidense— reconfigura el tablero regional en un momento especialmente delicado. La administración Trump enfrenta ahora un dilema: mantener una campaña de bombardeos mientras sus aliados árabes empiezan a ser objetivos directos, o buscar una vía diplomática que restablezca el frágil memorando de junio.

Moscú, que ha mantenido un perfil bajo durante las primeras semanas del conflicto, observa con creciente inquietud una escalada que podría arrastrar a sus socios comerciales del Golfo y desestabilizar aún más los mercados energéticos. Fuentes del Kremlin consultadas por Moncloa.com señalan que la prioridad rusa es evitar que la guerra interrumpa sus exportaciones de crudo a través de puertos como Fujairah, lo que la convierte en un actor potencialmente mediador.

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Para la Unión Europea, el conflicto supone un quebradero de cabeza energético de primer orden. Con el estrecho de Ormuz bloqueado de facto, el precio del barril Brent ha superado los 130 dólares, y las economías del sur de Europa, incluida España, sufren una presión inflacionista adicional. España mantiene desplegada la fragata Blas de Lezo en la operación Aspides de la UE, con instrucciones de proteger la libertad de navegación, aunque la misión se encuentra ahora bajo amenaza directa.

La frontera sur española también es sensible: una guerra abierta entre Irán y los países del Golfo podría reavivar el malestar en el Magreb y el Sahel, donde actores como Marruecos y Argelia observan con atención el alineamiento de sus suministradores de armas y el flujo de inversiones. El riesgo de que el conflicto contamine las relaciones bilaterales es real, sobre todo si alguno de los intereses energéticos españoles en la región se ve afectado.

A corto plazo, la prioridad inmediata es evitar que los ataques se extiendan a infraestructuras civiles o a campos de petróleo saudíes, lo que dispararía una crisis humanitaria y económica global. La OTAN está siguiendo la situación minuto a minuto, aunque por ahora no se ha activado el artículo 5. No obstante, la posibilidad de que un misil iraní alcance por error territorio de un aliado, como ya ha ocurrido con Polonia en el conflicto ucraniano, añade una capa de impredecibilidad. Se espera que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas convoque una sesión de emergencia en las próximas horas.