El BCE selecciona a dos firmas españolas para el piloto del euro digital

La alianza liderada por CecaBank junto a Unicaja, Abanca, Ibercaja y Bizum, y la fintech Uinku, figuran entre los 36 elegidos. El piloto arrancará en el segundo semestre de 2027 y España gana peso en el diseño de la moneda digital europea.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Banco Central Europeo ha seleccionado a 36 proveedores de pagos para el programa piloto del euro digital, entre ellos dos consorcios españoles: CecaBank (con Unicaja, Abanca, Ibercaja, Bizum y Deloitte) y Uinku Payments.
  • ¿Quién está detrás? La decisión la firma el Comité Ejecutivo del BCE, con el respaldo de 19 bancos centrales nacionales, incluido el Banco de España.
  • ¿Qué impacto tiene? España accede a la fase de pruebas técnicas de la moneda digital que podría emitirse en 2029, reforzando su posición en el nuevo sistema de pagos europeo y dando ventaja a sus entidades para el futuro despliegue.

El BCE ha elegido a las españolas CecaBank y Uinku Payments para el programa piloto del euro digital, que arrancará en el segundo semestre de 2027 con 36 participantes seleccionados entre más de 50 candidaturas.

Dos consorcios españoles entre 36 candidaturas

La candidatura de CecaBank agrupa a Unicaja, Abanca, Ibercaja, Bizum y la consultora Deloitte. El otro elegido es Uinku Payments, que opera bajo la marca comercial Sipay. Ambas participarán en las pruebas durante doce meses junto a entidades de toda la eurozona, como Deutsche Bank, Banca Monte dei Paschi, Revolut, Worldline o Stripe.

El BCE buscaba diversidad por modelo de negocio y tamaño. Italia aporta seis participantes, Alemania cinco y Portugal tres. La heterogeneidad, según el supervisor, garantiza un entorno de prueba representativo para la versión beta de la divisa, que no tendrá curso legal pero replicará las funcionalidades previstas en el proyecto legislativo.

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Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, destacó que “el gran interés del mercado demuestra la disposición del sector privado a avanzar con rapidez”. Las pruebas se realizarán con empleados de los bancos centrales, comercios en línea, cafeterías y restaurantes, simulando pagos persona a persona y en puntos de venta.

Lo que está en juego para el ecosistema de pagos español

La entrada de dos consorcios españoles en el laboratorio del euro digital coloca a España en una posición favorable. CecaBank, el proveedor tecnológico de buena parte de las cajas y bancos medianos, suma ahora la experiencia de Bizum, la plataforma de pagos instantáneos más extendida en el país. Esa combinación de infraestructura bancaria tradicional y agilidad fintech es una baza que pocos países pueden replicar.

Uinku, por su parte, es una entidad de pagos que ya trabaja con más de 60.000 comercios. Su presencia en el piloto refuerza la capilaridad española en pagos digitales minoristas. No obstante, persisten dudas en el sector: varios banqueros han expresado que el euro digital minorista solapa servicios ya existentes, como el propio Bizum, y que el verdadero potencial está en el ámbito mayorista.

BCE piloto

El Eje del Poder Europeo

El programa piloto del euro digital es mucho más que un test técnico: es el primer pulso real por la arquitectura de la soberanía monetaria europea en la era digital. El BCE, los bancos centrales nacionales y los proveedores de pago compiten ahora por definir el estándar que regirá los pagos del futuro, en un contexto en el que gigantes estadounidenses como Visa o Mastercard y sistemas chinos como Alipay dominan las transacciones transfronterizas.

La selección de participantes es, en sí misma, un mapa de poder. Italia ha conseguido colocar seis entidades, Alemania cinco, Portugal tres y España dos. La diversidad geográfica y de perfiles —bancos, fintechs, procesadores— busca evitar que la futura moneda quede atrapada en las manos de los grandes conglomerados financieros del norte. Sin embargo, el tejido bancario del sur todavía debe demostrar que puede escalar sus soluciones más allá de sus fronteras, y ahí es donde el piloto puede ser una palanca decisiva.

Históricamente, la puesta en circulación del euro físico en 2002 fue el hito que consolidó la unión monetaria. El euro digital aspira a repetir ese efecto en el entorno virtual, pero con un adversario añadido: la desconfianza de una parte de la banca y el temor a que el BCE compita con los depósitos tradicionales. Por eso, este piloto es también un mensaje político: la Eurozona está dispuesta a construir su propia infraestructura de pagos, incluso si eso incomoda a los gigantes privados. La próxima cita relevante será la publicación del informe intermedio del BCE a mediados de 2028, donde se calibrará el verdadero apetito del mercado y, sobre todo, la velocidad de adopción en países como España.

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El euro digital no es solo una cuestión técnica: es la apuesta por un sistema de pagos europeo que compita con las redes estadounidenses y chinas en un momento crítico.

El camino no está exento de riesgos. Si los bancos no ven un modelo de negocio claro, la moneda digital podría quedarse en un proyecto de laboratorio, útil para pagos públicos pero sin tracción en el comercio diario. España, con la experiencia de Bizum y la penetración de los pagos móviles, parte con ventaja, pero necesitará que el BCE resuelva las dudas sobre compensación y privacidad que han frenado a otros actores.