EE.UU. emplea por primera vez drones navales Corsair contra puerto iraní

Es la primera vez que la Armada de Estados Unidos utiliza drones de superficie en combate, según confirmó el Mando Central. El ataque contra una instalación de mantenimiento de submarinos en Bandar Abbas se enmarca en la ofensiva para proteger el tráfico marítimo en Ormuz.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Tres drones navales Corsair atacaron una instalación de mantenimiento de submarinos en la base naval de Bandar Abbas, Irán. Es el primer uso en combate de drones de superficie por parte de la Armada de Estados Unidos.
  • ¿Quién está detrás? El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ejecutó la operación para degradar la capacidad iraní de atacar el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz.
  • ¿Qué impacto tiene? La acción eleva el perfil de los sistemas no tripulados en la guerra naval y tensa aún más la cuerda con Teherán tras la ruptura del alto el fuego. Para España, cualquier perturbación en Ormuz amenaza directamente el suministro energético y la estabilidad de los precios del crudo.

Estados Unidos utilizó por primera vez drones navales de superficie en combate el domingo, golpeando una instalación iraní en Bandar Abbas, según confirmó el Mando Central. El ataque con tres USV Corsair degradó la capacidad de reparación de submarinos de la Armada iraní y se enmarca en la ofensiva para proteger el tráfico marítimo.

Despliegue y armamento: tres Corsair contra la base de Bandar Abbas

La operación, ejecutada desde la Quinta Flota, puso en el punto de mira al Corsair, un vehículo de superficie no tripulado (USV) de la compañía Saronic. Con 7,3 metros de eslora, alcanza los 35 nudos (65 km/h), tiene una autonomía superior a 1.000 millas náuticas (unos 1.850 kilómetros) y transporta una carga útil de aproximadamente 450 kilogramos. Su arquitectura abierta y su pila de inteligencia artificial permiten integrar rápidamente sensores y software de autonomía, haciéndolo apto tanto para vigilancia como para ataques de precisión.

Los tres drones fueron operados por la Unmanned Task Group 59.1 “The Pioneers”, bajo el paraguas de la Task Force 59 del Mando Central. Esta unidad lleva probando los Corsair desde finales de marzo en el teatro de operaciones y ya habían participado en una misión de rescate el mes pasado, cuando recogieron a dos pilotos de un helicóptero Apache accidentado cerca de Ormuz. Ahora, sin embargo, la misión ha dado un salto cualitativo: del reconocimiento y la logística al ataque directo.

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El Corsair, fabricado por Saronic, es un USV de 7,3 metros que la Armada estadounidense incorporó oficialmente a principios de 2024, cuando el teniente Luis Echeverría asumió el mando de los Pioneers con la misión de “estresar” los sistemas no tripulados. Fuentes del CENTCOM describen la plataforma como “flexible”, capaz de operar en entornos disputados y de misiones que van desde la vigilancia ISR hasta el ataque de superficie, algo que hasta ayer solo se había ensayado en ejercicios.

Una escalada que responde a la ruptura del alto el fuego

El ataque del domingo no fue un hecho aislado. Ese mismo día, Estados Unidos golpeó decenas de blancos militares iraníes. La ofensiva se produce apenas una semana después de que Washington revocara, el 7 de julio, la licencia que permitía a Irán vender crudo. El presidente Trump declaró terminado el alto el fuego que había entrado en vigor el 8 de abril, aunque admitió que Teherán ha accedido a seguir negociando. Sin embargo, sobre el terreno la realidad es otra: los misiles y los drones han vuelto a hablar.

Corsair USV

El estrecho de Ormuz, por el que transita una cuarta parte del petróleo mundial, se convierte así en el escenario de una nueva fase de la guerra de desgaste. La capacidad iraní de hostigar el tráfico comercial —con lanchas rápidas, minas y misiles— había sido parcialmente neutralizada durante la tregua, pero ahora, con los Corsair en liza, Washington busca un doble efecto: desarticular la logística naval iraní y mandar un mensaje a las navieras de que la ruta está protegida.

El mensaje es claro: la era de los grandes buques tripulados como única opción de combate naval ha terminado.

Equilibrio de Poder

La maniobra norteamericana tiene lecturas geopolíticas que van más allá del golpe puntual. Por un lado, sitúa a Irán ante una disyuntiva: responder y arriesgarse a una escalada mayor, o digerir el ataque y continuar en la mesa de negociaciones. Pero sobre todo, exhibe el abismo tecnológico entre ambas armadas. Mientras la Fuerza Naval de la Guardia Revolucionaria iraní sigue apostando por enjambres de lanchas rápidas y drones aéreos baratos, Estados Unidos introduce plataformas autónomas de ataque con capacidad de stand-off.

Los tres drones Corsair que operó el CENTCOM supuso el primer uso de esta plataforma en combate, pero la doctrina de la Marina ya apunta a una integración mucho más profunda. La Task Force 59, con base en Baréin, está desplegando progresivamente un ecosistema de sistemas no tripulados —aéreos, de superficie y submarinos— que cambiará la fisonomía del Golfo Pérsico. Para los estados del Golfo, aliados de Washington, esto supone un paraguas de seguridad más disuasorio; para China y Rusia, que observan con atención el teatro, una validación acelerada de sus propios programas de USV.

Para España, el ataque tiene un impacto directo. Más del 80% del crudo que importa el país atraviesa el estrecho de Ormuz. Cualquier interrupción prolongada, por mínima que sea, dispararía los precios de los carburantes y pondría en jaque a la economía nacional, aún renqueante por la inflación energética. La base de Rota y el despliegue de la Armada española en la operación Atalanta o en las misiones de la OTAN en el Mediterráneo son, a día de hoy, los únicos resortes directos de Madrid, pero la realidad es que España depende casi por completo de la capacidad de disuasión estadounidense en la zona.

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El precedente más inmediato se remonta a 2019, cuando una serie de ataques a petroleros en el Golfo y el derribo de un dron norteamericano estuvieron a punto de provocar una respuesta militar de gran escala. Entonces, la diplomacia contuvo la crisis. Ahora, con una Casa Blanca menos paciente y un Teherán acorralado por las sanciones, el margen de error es menor. La clave estará en la próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU y en si las negociaciones indirectas en Omán logran reconducir la tregua antes de que la espiral de violencia afecte irremediablemente al tránsito de buques.